Juan 6,44-51 – Yo soy el pan vivo

abril 14, 2016

Texto del evangelio Jn 6,44-51 – Yo soy el pan vivo

44. «Nadie puede venir a mí, si el Padre que me ha enviado no lo atrae; y yo le resucitaré el último día.
45. Está escrito en los profetas: Serán todos enseñados por Dios. Todo el que escucha al Padre y aprende, viene a mí.
46. No es que alguien haya visto al Padre; sino aquel que ha venido de Dios, ése ha visto al Padre.
47. En verdad, en verdad les digo: el que cree, tiene vida eterna.
48. Yo soy el pan de la vida.
49. Sus padres comieron el maná en el desierto y murieron;
50. este es el pan que baja del cielo, para que quien lo coma no muera.
51. Yo soy el pan vivo, bajado del cielo. Si uno come de este pan, vivirá para siempre; y el pan que yo le voy a dar, es mi carne por la vida del mundo.»

Reflexión: Jn 6,44-51

El Señor nos revela aquí misterios centrales de nuestra fe, que no tendríamos como conocerlos si no es por Él. Es vital y central para todo cristiano entender quién es Jesucristo, conocerle y creer en Él, porque allí radica la Vida Eterna. Muchas veces confundimos este conocimiento con la mera recepción o repetición superficial de cierta información básica. Es como decir que conocemos a alguien por ver su Documento de Identidad. Incluso para tomar a un empleado en una gran empresa, los funcionarios encargados, luego de una selección inicial basada en la Hoja de Vida, recurrirán a la entrevista personal, dependiendo de la importancia de la plaza que se desea cubrir. No basta con el mero listado de datos que constituyen tan solo una referencia lejana, por más amplia que esta sea, de la persona que se presenta. Es preciso verle, intercambiar algunas palabras, desarrollar un diálogo, para lo que existen incluso expertos en gestos no verbales e investigadores que van mucho más allá de los papeles, para confirmar cierta información clave que permita una mayor aproximación a quién es en realidad la persona a la que se le ofrece el puesto. Es muy frecuente, casi obligatorio, que se recurra a test psicológicos que permitan asegurar al empleador que la persona en cuestión cumple con todos los requisitos de personalidad que requiere el cargo. Todo esto y mucho más se hace imprescindible para poder anticipar cual será el comportamiento de una persona frente a determinadas situaciones y sin embargo, ni aun así acertamos, porque existe un conocimiento más íntimo y profundo en el que recién las personas revelan su espíritu, su alma, y este se da a través de la frecuencia y la amistad, que va mucho más allá de todos los datos de referencia que podamos acumular. Es preciso llegar a este punto para conocer a una persona al grado de abrirnos completamente a la amistad, en la que se revelan valores y actitudes que nos trascienden, como la generosidad, la comprensión, la incondicionalidad, la lealtad, el cariño y el amor, que nos llevan no solamente a desear lo mejor para el otro, sino el no querer separarnos de la persona que amamos, el estar pendiente de sus alegrías y penas, haciendo de su felicidad la nuestra. Es aquí que se da el verdadero conocimiento de las personas, cuando no solamente se conocen de oídas, sino cuando se llegan a amar. ¿Hemos dado en nuestra vida la oportunidad de conocer a tal grado a Jesucristo que podemos decir que le amamos? ¿Quién es para nosotros Jesús? Yo soy el pan vivo, bajado del cielo. Si uno come de este pan, vivirá para siempre; y el pan que yo le voy a dar, es mi carne por la vida del mundo.

Jesús se nos presenta hoy de un modo íntimo y concreto, nos revela quién es. ¿Podemos reconocer y entender sus palabras? Él está buscando una comunicación y una unión muy íntima con nosotros. Eso es lo que Él quiere de nosotros y para nosotros. No se trata de algo trivial y pasajero, sino de algo profundo y determinante, algo que debe centrar y orientar nuestras vidas. Jesús nos está diciendo que Él es el alimento bajado del cielo para nosotros. ¿Puede haber algo más íntimo, algo que se integre más a nuestras personas que aquello que ingerimos y que en forma de oxígeno, proteínas o simplemente agua se esparce por todo nuestro organismo, hasta llegar a la última célula? Esto es lo que busca ser Jesucristo para nosotros. Hoy que sabemos tanto sobre las propiedades de los alimentos, de aquello que debemos comer y de aquello que debemos evitar, hoy que hablamos tanto de la alcalinidad y la acidez, reconociendo que hay sustancias y compuestos cuya ingesta sistemática tienen efectos notables en nuestra salud o la falta de ella a largo plazo, podemos aproximarnos al alcance de las palabras de Jesús. No estamos hablando de algo superficial, como podría ser el potaje o la bebida que comemos o bebemos ocasionalmente, que aun estando con una enfermedad crónica, serían incapaces de causarnos la muerte o la repentina curación, sino de algo que es cotidiano, de todos los días, de siempre y sin excepciones. Porque si no bebemos, a lo sumo podríamos durar una semana y si no comemos, tal vez quince días. ¿Cuánto podemos pretender vivir sin Dios? ¡Nada! Así como se oye: Nada. Él nos mantiene, como mantiene todo el Universo, pero, además, quiere ser nuestro alimento, es decir, aquello que nos servirá para alcanzar la vida eterna. Yo soy el pan vivo, bajado del cielo. Si uno come de este pan, vivirá para siempre; y el pan que yo le voy a dar, es mi carne por la vida del mundo.

Lo que el Señor nos ofrece es vivir en Comunión, es decir, esa unión vital y profunda en la que cada una de nuestras moléculas y cada una de las partículas que conforman nuestro organismo, por más diminutas que estas sean, se hagan Una con Él, se fundan de tal modo con nosotros, que seamos uno con Jesucristo, unidos por un mismo Espíritu, gravitando en torno a Dios. Este es un conocimiento muy profundo que solo lo da la fe, a la que estamos llamados. El Señor y Su Voluntad, han de ser nuestro alimento cotidiano. No ha de haber otra razón, otro móvil en nuestras vidas que no sea amarle, oírle y seguirle. Este es el pan, Su carne, que además podemos recibir cada día en el Sacramento de la Eucaristía. Esta unión vital, no deja ningún resquicio que no sea ocupado por el Espíritu Santo, el Espíritu de Dios, que nos guía, alimenta y fortalece para la vida eterna. No se trata de la invitación a lanzarnos a un salvavidas de un barco que se hunde, sino de manifestar el amor a nuestro prójimo al extremo de ofrecer nuestra vida para que cuantos nos sean posibles conozcan a Jesucristo, el Hijo de Dios enviado para Salvarnos, porque en eso radica la salvación, en que conozcamos a quien Dios ha enviado y creamos en Él. Esto es lo que hace Jesucristo y es lo que nosotros -en comunión con Él-, debemos hacer, porque hemos de estar unidos a Él en forma inseparable e indisoluble. Su Misión es nuestra Misión, la Misión de la Iglesia. Llevar a Cristo y los Evangelios a todas las personas en el mundo, a los lugares más apartados, para que todos lo conozcan y conociéndolo crean en Él, porque allí está la Salvación y la vida eterna. Yo soy el pan vivo, bajado del cielo. Si uno come de este pan, vivirá para siempre; y el pan que yo le voy a dar, es mi carne por la vida del mundo.

Oremos:

Padre Santo, danos de comer y beber el cuerpo y la sangre de Cristo, porque es solo en Comunión con Él que alcanzaremos la Vida Eterna…Te lo pedimos por nuestro Señor Jesucristo, que vive y reina contigo en unidad del Espíritu Santo y es Dios, por los siglos de los siglos…Amén.

Roguemos al Señor…

Te lo pedimos Señor.

(Añade tus oraciones por las intenciones que desees, para que todos los que pasemos por aquí tengamos oportunidad de unirnos a tus plegarias)

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