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Juan 21,20-25 – ¿qué te importa? Tú, sígueme

¿Qué te importa? Tú, sígueme

Viéndole Pedro, dice a Jesús: «Señor, y éste, ¿qué?» Jesús le respondió: «Si quiero que se quede hasta que yo venga, ¿qué te importa? Tú, sígueme.»

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Juan 21,20-25 – ¿qué te importa? Tú, sígueme

Reflexión: Juan 21,20-25

El Señor nos enseña en este texto a ser discretos, a no andar con chismes ni especulaciones respecto a los demás. Ocupémonos del seguimiento del Señor, especialmente en lo que concierne a nosotros, puesto que el Señor se ocupa de aquellos que están bien encaminados. Confiemos en Él y en nuestros hermanos.

Muchas veces somos víctimas de envidia y nos dejamos llevar por bajas pasiones, que, sobre todo en el caso de quienes tenemos cierto recorrido, no deben darse. Nuestro deber es evangelizar, es decir, llevar la Palabra de Dios a quienes no la conocen, a fin que se conviertan y se bauticen. Esta es una tarea común.

Todos cuantos hemos sido tocados por el Señor, hemos de seguirlo. Cada quien desde el carisma que le toque. No debemos perder tiempo en un excesivo celo en lo que hacen los demás hermanos, que para eso también ellos cuentan con el Espíritu Santo. Confiemos en Dios y en nuestros hermanos.

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Juan – Capítulo 21

Juan – Capítulo 21

1.Después de esto, se manifestó Jesús otra vez a los discípulos a orillas del mar de Tiberíades. Se manifestó de esta manera.
2.Estaban juntos Simón Pedro, Tomás, llamado el Mellizo, Natanael, el de Caná de Galilea, los de Zebedeo y otros dos de sus discípulos.
3.Simón Pedro les dice: «Voy a pescar.» Le contestan ellos: «También nosotros vamos contigo.» Fueron y subieron a la barca, pero aquella noche no pescaron nada. 4.Cuando ya amaneció, estaba Jesús en la orilla; pero los discípulos no sabían que era Jesús.
5.Díceles Jesús: «Muchachos, ¿no tenéis pescado?» Le contestaron: «No.»
6.El les dijo: «Echad la red a la derecha de la barca y encontraréis.» La echaron, pues, y ya no podían arrastrarla por la abundancia de peces.
7.El discípulo a quien Jesús amaba dice entonces a Pedro: «Es el Señor», se puso el vestido – pues estaba desnudo – y se lanzó al mar.
8.Los demás discípulos vinieron en la barca, arrastrando la red con los peces; pues no distaban mucho de tierra, sino unos doscientos codos.
9.Nada más saltar a tierra, ven preparadas unas brasas y un pez sobre ellas y pan.
10.Díceles Jesús: «Traed algunos de los peces que acabáis de pescar.»
11.Subió Simón Pedro y sacó la red a tierra, llena de peces grandes: ciento cincuenta y tres. Y, aun siendo tantos, no se rompió la red.
12.Jesús les dice: «Venid y comed.» Ninguno de los discípulos se atrevía a preguntarle: «¿Quién eres tú?», sabiendo que era el Señor.
13.Viene entonces Jesús, toma el pan y se lo da; y de igual modo el pez.
14.Esta fue ya la tercera vez que Jesús se manifestó a los discípulos después de resucitar de entre los muertos.
15.Después de haber comido, dice Jesús a Simón Pedro: «Simón de Juan, ¿me amas más que éstos?» Le dice él: «Sí, Señor, tú sabes que te quiero.» Le dice Jesús: «Apacienta mis corderos.»
16.Vuelve a decirle por segunda vez: «Simón de Juan, ¿me amas?» Le dice él: «Sí, Señor, tú sabes que te quiero.» Le dice Jesús: «Apacienta mis ovejas.»
17.Le dice por tercera vez: «Simón de Juan, ¿me quieres?» Se entristeció Pedro de que le preguntase por tercera vez: «¿Me quieres?» y le dijo: «Señor, tú lo sabes todo; tú sabes que te quiero.» Le dice Jesús: «Apacienta mis ovejas.
18.«En verdad, en verdad te digo: cuando eras joven, tú mismo te ceñías, e ibas adonde querías; pero cuando llegues a viejo, extenderás tus manos y otro te ceñirá y te llevará adonde tú no quieras.»
19.Con esto indicaba la clase de muerte con que iba a glorificar a Dios. Dicho esto, añadió: «Sígueme.»
20.Pedro se vuelve y ve siguiéndoles detrás, al discípulo a quién Jesús amaba, que además durante la cena se había recostado en su pecho y le había dicho: «Señor, ¿quién es el que te va a entregar?»
21.Viéndole Pedro, dice a Jesús: «Señor, y éste, ¿qué?»
22.Jesús le respondió: «Si quiero que se quede hasta que yo venga, ¿qué te importa? Tú, sígueme.»
23.Corrió, pues, entre los hermanos la voz de que este discípulo no moriría. Pero Jesús no había dicho a Pedro: « No morirá», sino: «Si quiero que se quede hasta que yo venga.»
24.Este es el discípulo que da testimonio de estas cosas y que las ha escrito, y nosotros sabemos que su testimonio es verdadero.
25.Hay además otras muchas cosas que hizo Jesús. Si se escribieran una por una, pienso que ni todo el mundo bastaría para contener los libros que se escribieran.

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Juan – Capítulo 20 – ¿A quién buscas?

Juan – Capítulo 20 – ¿A quién buscas?

1. El primer día de la semana va María Magdalena de madrugada al sepulcro cuando todavía estaba oscuro, y ve la piedra quitada del sepulcro.
2. Echa a correr y llega donde Simón Pedro y donde el otro discípulo a quien Jesús quería y les dice: «Se han llevado del sepulcro al Señor, y no sabemos dónde le han puesto.»
3. Salieron Pedro y el otro discípulo, y se encaminaron al sepulcro.
4. Corrían los dos juntos, pero el otro discípulo corrió por delante más rápido que Pedro, y llegó primero al sepulcro.
5. Se inclinó y vio las vendas en el suelo; pero no entró.
6. Llega también Simón Pedro siguiéndole, entra en el sepulcro y ve las vendas en el suelo,
7. y el sudario que cubrió su cabeza, no junto a las vendas, sino plegado en un lugar aparte.
8. Entonces entró también el otro discípulo, el que había llegado el primero al sepulcro; vio y creyó,
9. pues hasta entonces no habían comprendido que según la Escritura Jesús debía resucitar de entre los muertos.
10. Los discípulos, entonces, volvieron a casa.
11. Estaba María junto al sepulcro fuera llorando. Y mientras lloraba se inclinó hacia el sepulcro,
12. y ve dos ángeles de blanco, sentados donde había estado el cuerpo de Jesús, uno a la cabecera y otro a los pies.
13. Dícenle ellos: «Mujer, ¿por qué lloras?» Ella les respondió: «Porque se han llevado a mi Señor, y no sé dónde le han puesto.»
14. Dicho esto, se volvió y vio a Jesús, de pie, pero no sabía que era Jesús.
15. Le dice Jesús: «Mujer, ¿por qué lloras? ¿A quién buscas?» Ella, pensando que era el encargado del huerto, le dice: «Señor, si tú lo has llevado, dime dónde lo has puesto, y yo me lo llevaré.»
16. Jesús le dice: «María.» Ella se vuelve y le dice en hebreo: «Rabbuní» – que quiere decir: «Maestro» -.
17. Dícele Jesús: «No me toques, que todavía no he subido al Padre. Pero vete donde mis hermanos y diles: Subo a mi Padre y vuestro Padre, a mi Dios y vuestro Dios.» 18. Fue María Magdalena y dijo a los discípulos que había visto al Señor y que había dicho estas palabras.
19. Al atardecer de aquel día, el primero de la semana, estando cerradas, por miedo a los judíos, las puertas del lugar donde se encontraban los discípulos, se presentó Jesús en medio de ellos y les dijo: «La paz con ustedes.»
20. Dicho esto, les mostró las manos y el costado. Los discípulos se alegraron de ver al Señor.
21. Jesús les dijo otra vez: «La paz con ustedes. Como el Padre me envió, también yo los envío.»
22. Dicho esto, sopló sobre ellos y les dijo: «Reciban el Espíritu Santo.
23. A quienes perdonen los pecados, les quedan perdonados; a quienes se los retengan, les quedan retenidos.»
24. Tomás, uno de los Doce, llamado el Mellizo, no estaba con ellos cuando vino Jesús. Los otros discípulos le decían: «Hemos visto al Señor.»
25. Pero él les contestó: «Si no veo en sus manos la señal de los clavos y no meto mi dedo en el agujero de los clavos y no meto mi mano en su costado, no creeré.» 26. Ocho días después, estaban otra vez sus discípulos dentro y Tomás con ellos. Se presentó Jesús en medio estando las puertas cerradas, y dijo: «La paz con ustedes.»
27. Luego dice a Tomás: «Acerca aquí tu dedo y mira mis manos; trae tu mano y métela en mi costado, y no seas incrédulo sino creyente.»
28. Tomás le contestó: «Señor mío y Dios mío.»
29. Dícele Jesús: «Porque me has visto has creído. Dichosos los que no han visto y han creído.»
30. Jesús realizó en presencia de los discípulos otras muchas señales que no están escritas en este libro.
31. Estas han sido escritas para que crean que Jesús es el Cristo, el Hijo de Dios, y para que creyendo tengan vida en su nombre.

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Juan – Capítulo 19

Juan – Capítulo 19

1.Pilato entonces tomó a Jesús y mandó azotarle.
2.Los soldados trenzaron una corona de espinas, se la pusieron en la cabeza y le vistieron un manto de púrpura;
3.y, acercándose a él, le decían: «Salve, Rey de los judíos.» Y le daban bofetadas.
4.Volvió a salir Pilato y les dijo: «Mirad, os lo traigo fuera para que sepáis que no encuentro ningún delito en él.»
5.Salió entonces Jesús fuera llevando la corona de espinas y el manto de púrpura. Díceles Pilato: «Aquí tenéis al hombre.»
6.Cuando lo vieron los sumos sacerdotes y los guardias, gritaron: «¡Crucifícalo, crucifícalo!» Les dice Pilato: «Tomadlo vosotros y crucificadle, porque yo ningún delito encuentro en él.»
7.Los judíos le replicaron: «Nosotros tenemos una Ley y según esa Ley debe morir, porque se tiene por Hijo de Dios.»
8.Cuando oyó Pilato estas palabras, se atemorizó aún más.
9.Volvió a entrar en el pretorio y dijo a Jesús: «¿De dónde eres tú?» Pero Jesús no le dio respuesta.
10.Dícele Pilato: «¿A mí no me hablas? ¿No sabes que tengo poder para soltarte y poder para crucificarte?»
11.Respondió Jesús: «No tendrías contra mí ningún poder, si no se te hubiera dado de arriba; por eso, el que me ha entregado a ti tiene mayor pecado.»
12.Desde entonces Pilato trataba de librarle. Pero los judíos gritaron: «Si sueltas a ése, no eres amigo del César; todo el que se hace rey se enfrenta al César.» 13.Al oír Pilato estas palabras, hizo salir a Jesús y se sentó en el tribunal, en el lugar llamado Enlosado, en hebreo Gabbatá.
14.Era el día de la Preparación de la Pascua, hacia la hora sexta. Dice Pilato a los judíos: «Aquí tenéis a vuestro Rey.»
15.Ellos gritaron: «¡Fuera, fuera! ¡Crucifícale!» Les dice Pilato: «¿A vuestro Rey voy a crucificar?» Replicaron los sumos sacerdotes: «No tenemos más rey que el César.»
16.Entonces se lo entregó para que fuera crucificado. Tomaron, pues, a Jesús,
17.y él cargando con su cruz, salió hacia el lugar llamado Calvario, que en hebreo se llama Gólgota,
18.y allí le crucificaron y con él a otros dos, uno a cada lado, y Jesús en medio.
19.Pilato redactó también una inscripción y la puso sobre la cruz. Lo escrito era: «Jesús el Nazareno, el Rey de los judíos.»
20.Esta inscripción la leyeron muchos judíos, porque el lugar donde había sido crucificado Jesús estaba cerca de la ciudad; y estaba escrita en hebreo, latín y griego. 21.Los sumos sacerdotes de los judíos dijeron a Pilato: «No escribas: «El Rey de los judíos», sino: «Este ha dicho: Yo soy Rey de los judíos».»
22.Pilato respondió: «Lo que he escrito, lo he escrito.»
23.Los soldados, después que crucificaron a Jesús, tomaron sus vestidos, con los que hicieron cuatro lotes, un lote para cada soldado, y la túnica. La túnica era sin costura, tejida de una pieza de arriba abajo.
24.Por eso se dijeron: «No la rompamos; sino echemos a suertes a ver a quién le toca.» Para que se cumpliera la Escritura: Se han repartido mis vestidos, han echado a suertes mi túnica. Y esto es lo que hicieron los soldados.
25.Junto a la cruz de Jesús estaban su madre y la hermana de su madre, María, mujer de Clopás, y María Magdalena.
26.Jesús, viendo a su madre y junto a ella al discípulo a quien amaba, dice a su madre: «Mujer, ahí tienes a tu hijo.»
27.Luego dice al discípulo: «Ahí tienes a tu madre.» Y desde aquella hora el discípulo la acogió en su casa.
28.Después de esto, sabiendo Jesús que ya todo estaba cumplido, para que se cumpliera la Escritura, dice: «Tengo sed.»
29.Había allí una vasija llena de vinagre. Sujetaron a una rama de hisopo una esponja empapada en vinagre y se la acercaron a la boca.
30.Cuando tomó Jesús el vinagre, dijo: «Todo está cumplido.» E inclinando la cabeza entregó el espíritu.
31. Los judíos, como era el día de la Preparación, para que no quedasen los cuerpos en la cruz el sábado – porque aquel sábado era muy solemne – rogaron a Pilato que les quebraran las piernas y los retiraran.
32. Fueron, pues, los soldados y quebraron las piernas del primero y del otro crucificado con él.
33. Pero al llegar a Jesús, como lo vieron ya muerto, no le quebraron las piernas,
34. sino que uno de los soldados le atravesó el costado con una lanza y al instante salió sangre y agua.
35. El que lo vio lo atestigua y su testimonio es válido, y él sabe que dice la verdad, para que también ustedes crean.
36. Y todo esto sucedió para que se cumpliera la Escritura: No se le quebrará hueso alguno.
37. Y también otra Escritura dice: Mirarán al que traspasaron.
38.Después de esto, José de Arimatea, que era discípulo de Jesús, aunque en secreto por miedo a los judíos, pidió a Pilato autorización para retirar el cuerpo de Jesús. Pilato se lo concedió. Fueron, pues, y retiraron su cuerpo.
39.Fue también Nicodemo – aquel que anteriormente había ido a verle de noche – con una mezcla de mirra y áloe de unas cien libras.
40.Tomaron el cuerpo de Jesús y lo envolvieron en vendas con los aromas, conforme a la costumbre judía de sepultar.
41.En el lugar donde había sido crucificado había un huerto, y en el huerto un sepulcro nuevo, en el que nadie todavía había sido depositado.
42.Allí, pues, porque era el día de la Preparación de los judíos y el sepulcro estaba cerca, pusieron a Jesús.

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Juan – Capítulo 18

Juan – Capítulo 18

1.Dicho esto, pasó Jesús con sus discípulos al otro lado del torrente Cedrón, donde había un huerto, en el que entraron él y sus discípulos.
2.Pero también Judas, el que le entregaba, conocía el sitio, porque Jesús se había reunido allí muchas veces con sus discípulos.
3.Judas, pues, llega allí con la cohorte y los guardias enviados por los sumos sacerdotes y fariseos, con linternas, antorchas y armas.
4.Jesús, que sabía todo lo que le iba a suceder, se adelanta y les pregunta: «¿A quién buscáis?»
5.Le contestaron: «A Jesús el Nazareno.» Díceles: «Yo soy.» Judas, el que le entregaba, estaba también con ellos.
6.Cuando les dijo: «Yo soy», retrocedieron y cayeron en tierra.
7.Les preguntó de nuevo: «¿A quién buscáis?» Le contestaron: «A Jesús el Nazareno».
8.Respondió Jesús: «Ya os he dicho que yo soy; así que si me buscáis a mí, dejad marchar a éstos.»
9.Así se cumpliría lo que había dicho: «De los que me has dado, no he perdido a ninguno.»
10.Entonces Simón Pedro, que llevaba una espada, la sacó e hirió al siervo del Sumo Sacerdote, y le cortó la oreja derecha. El siervo se llamaba Malco.
11.Jesús dijo a Pedro: «Vuelve la espada a la vaina. La copa que me ha dado el Padre, ¿no la voy a beber?»
12.Entonces la cohorte, el tribuno y los guardias de los judíos prendieron a Jesús, le ataron
13.y le llevaron primero a casa de Anás, pues era suero de Caifás, el Sumo Sacerdote de aquel año.
14.Caifás era el que aconsejó a los judíos que convenía que muriera un solo hombre por el pueblo.
15.Seguían a Jesús Simón Pedro y otro discípulo. Este discípulo era conocido del Sumo Sacerdote y entró con Jesús en el atrio del Sumo Sacerdote,
16.mientras Pedro se quedaba fuera, junto a la puerta. Entonces salió el otro discípulo, el conocido del Sumo Sacerdote, habló a la portera e hizo pasar a Pedro.
17.La muchacha portera dice a Pedro: «¿No eres tú también de los discípulos de ese hombre?» Dice él: «No lo soy.»
18.Los siervos y los guardias tenían unas brasas encendidas porque hacía frío, y se calentaban. También Pedro estaba con ellos calentándose.
19.El Sumo Sacerdote interrogó a Jesús sobre sus discípulos y su doctrina.
20.Jesús le respondió: «He hablado abiertamente ante todo el mundo; he enseñado siempre en la sinagoga y en el Templo, donde se reúnen todos los judíos, y no he hablado nada a ocultas.
21.¿Por qué me preguntas? Pregunta a los que me han oído lo que les he hablado; ellos saben lo que he dicho.»
22.Apenas dijo esto, uno de los guardias que allí estaba, dio una bofetada a Jesús, diciendo: «¿Así contestas al Sumo Sacerdote?»
23.Jesús le respondió: «Si he hablado mal, declara lo que está mal; pero si he hablado bien, ¿por qué me pegas?»
24.Anás entonces le envió atado al Sumo Sacerdote Caifás.
25.Estaba allí Simón Pedro calentándose y le dijeron: «¿No eres tú también de sus discípulos?» El lo negó diciendo: «No lo soy.»
26.Uno de los siervos del Sumo Sacerdote, pariente de aquel a quien Pedro había cortado la oreja, le dice: «¿No te vi yo en el huerto con él?»
27.Pedró volvió a negar, y al instante cantó un gallo.
28.De la casa de Caifás llevan a Jesús al pretorio. Era de madrugada. Ellos no entraron en el pretorio para no contaminarse y poder así comer la Pascua.
29.Salió entonces Pilato fuera donde ellos y dijo: «¿Qué acusación traéis contra este hombre?»
30.Ellos le respondieron: «Si éste no fuera un malhechor, no te lo habríamos entregado.»
31.Pilato replicó: «Tomadle vosotros y juzgadle según vuestra Ley.» Los judíos replicaron: «Nosotros no podemos dar muerte a nadie.»
32.Así se cumpliría lo que había dicho Jesús cuando indicó de qué muerte iba a morir.
33.Entonces Pilato entró de nuevo al pretorio y llamó a Jesús y le dijo: «¿Eres tú el Rey de los judíos?»
34.Respondió Jesús: «¿Dices eso por tu cuenta, o es que otros te lo han dicho de mí?»
35.Pilato respondió: «¿Es que yo soy judío? Tu pueblo y los sumos sacerdotes te han entregado a mí. ¿Qué has hecho?»
36.Respondió Jesús: «Mi Reino no es de este mundo. Si mi Reino fuese de este mundo, mi gente habría combatido para que no fuese entregado a los judíos: pero mi Reino no es de aquí.»
37.Entonces Pilato le dijo: «¿Luego tú eres Rey?» Respondió Jesús: «Sí, como dices, soy Rey. Yo para esto he nacido y para est he venido al mundo: para dar testimonio de la verdad. Todo el que es de la verdad, escucha mi voz.»
38.Le dice Pilato: «¿Qué es la verdad?» Y, dicho esto, volvió a salir donde los judíos y les dijo: «Yo no encuentro ningún delito en él.
39.Pero es costumbre entre vosotros que os ponga en libertad a uno por la Pascua. ¿Queréis, pues, que os ponga en libertad al Rey de los judíos?»
40.Ellos volvieron a gritar diciendo: «¡A ése, no; a Barrabás!» Barrabás era un salteador.

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Juan – Capítulo 17

Juan – Capítulo 17

1.Así habló Jesús, y alzando los ojos al cielo, dijo: «Padre, ha llegado la hora; glorifica a tu Hijo, para que tu Hijo te glorifique a ti.
2.Y que según el poder que le has dado sobre toda carne, dé también vida eterna a todos los que tú le has dado.
3.Esta es la vida eterna: que te conozcan a ti, el único Dios verdadero, y al que tú has enviado, Jesucristo.
4.Yo te he glorificado en la tierra, llevando a cabo la obra que me encomendaste realizar.
5.Ahora, Padre, glorifícame tú, junto a ti, con la gloria que tenía a tu lado antes que el mundo fuese.
6.He manifestado tu Nombre a los hombres que tú me has dado tomándolos del mundo. Tuyos eran y tú me los has dado; y han guardado tu Palabra.
7.Ahora ya saben que todo lo que me has dado viene de ti;
8.porque las palabras que tú me diste se las he dado a ellos, y ellos las han aceptado y han reconocido verdaderamente que vengo de ti, y han creído que tú me has enviado.
9.Por ellos ruego; no ruego por el mundo, sino por los que tú me has dado, porque son tuyos;
10.y todo lo mío es tuyo y todo lo tuyo es mío; y yo he sido glorificado en ellos.
11.Yo ya no estoy en el mundo, pero ellos sí están en el mundo, y yo voy a ti. Padre santo, cuida en tu nombre a los que me has dado, para que sean uno como nosotros. 12.Cuando estaba yo con ellos, yo cuidaba en tu nombre a los que me habías dado. He velado por ellos y ninguno se ha perdido, salvo el hijo de perdición, para que se cumpliera la Escritura.
13.Pero ahora voy a ti, y digo estas cosas en el mundo para que tengan en sí mismos mi alegría colmada.
14.Yo les he dado tu Palabra, y el mundo los ha odiado, porque no son del mundo, como yo no soy del mundo.
15.No te pido que los retires del mundo, sino que los guardes del Maligno.
16.Ellos no son del mundo, como yo no soy del mundo.
17.Santifícalos en la verdad: tu Palabra es verdad.
18.Como tú me has enviado al mundo, yo también los he enviado al mundo.
19.Y por ellos me santifico a mí mismo, para que ellos también sean santificados en la verdad.
20.No ruego sólo por éstos, sino también por aquellos que, por medio de su palabra, creerán en mí,
21.para que todos sean uno. Como tú, Padre, en mí y yo en ti, que ellos también sean uno en nosotros, para que el mundo crea que tú me has enviado.
22.Yo les he dado la gloria que tú me diste, para que sean uno como nosotros somos uno:
23.yo en ellos y tú en mí, para que sean perfectamente uno, y el mundo conozca que tú me has enviado y que los has amado a ellos como me has amado a mí.
24.Padre, los que tú me has dado, quiero que donde yo esté estén también conmigo, para que contemplan mi gloria, la que ma has dado, porque me has amado antes de la creación del mundo.
25.Padre justo, el mundo no te ha conocido, pero yo te he conocido y éstos han conocido que tú me has enviado.
26.Yo les he dado a conocer tu Nombre y se lo seguiré dando a conocer, para que el amor con que tú me has amado esté en ellos y yo en ellos.»

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Juan – Capítulo 16

Juan – Capítulo 16

1.Os he dicho esto para que no os escandalicéis.
2.Os expulsarán de las sinagogas. E incluso llegará la hora en que todo el que os mate piense que da culto a Dios.
3.Y esto lo harán porque no han conocido ni al Padre ni a mí.
4.Os he dicho esto para que, cuando llegue la hora, os acordéis de que ya os lo había dicho. «No os dije esto desde el principio porque estaba yo con vosotros.
5.Pero ahora me voy a Aquel que me ha enviado, y ninguno de vosotros me pregunta: «¿Dónde vas?»
6.Sino que por haberos dicho esto vuestros corazones se han llenado de tristeza.
7.Pero yo os digo la verdad: Os conviene que yo me vaya; porque si no me voy, no vendrá a vosotros el Paráclito; pero si me voy, os lo enviaré:
8.y cuando él venga, convencerá al mundo en lo referente al pecado, en lo referente a la justicia y en lo referente al juicio;
9.en lo referente al pecado, porque no creen en mí;
10.en lo referente a la justicia porque me voy al Padre, y ya no me veréis;
11.en lo referente al juicio, porque el Príncipe de este mundo está juzgado.
12.Mucho tengo todavía que deciros, pero ahora no podéis con ello.
13.Cuando venga él, el Espíritu de la verdad, os guiará hasta la verdad completa; pues no hablará por su cuenta, sino que hablará lo que oiga, y os anunciará lo que ha de venir.
14.El me dará gloria, porque recibirá de lo mío y os lo anunciará a vosotros.
15.Todo lo que tiene el Padre es mío. Por eso he dicho: Recibirá de lo mío y os lo anunciará a vosotros.
16.«Dentro de poco ya no me veréis, y dentro de otro poco me volveréis a ver.»
17.Entonces algunos de sus discípulos comentaron entre sí: «¿Qué es eso que nos dice: «Dentro de poco ya no me veréis y dentro de otro poco me volveréis a ver» y «Me voy al Padre»?»
18.Y decían: «¿Qué es ese «poco»? No sabemos lo que quiere decir.»
19.Se dio cuenta Jesús de que querían preguntarle y les dijo: «¿Andáis preguntándoos acerca de lo que he dicho: «Dentro de poco no me veréis y dentro de otro poco me volveréis a ver?»
20.«En verdad, en verdad os digo que lloraréis y os lamentaréis, y el mundo se alegrará. Estaréis tristes, pero vuestra tristeza se convertirá en gozo.
21.La mujer, cuando va a dar a luz, está triste, porque le ha llegado su hora; pero cuando ha dado a luz al niño, ya no se acuerda del aprieto por el gozo de que ha nacido un hombre en el mundo.
22.También vosotros estáis tristes ahora, pero volveré a veros y se alegrará vuestro corazón y vuestra alegría nadie os la podrá quitar.
23.Aquel día no me preguntaréis nada. En verdad, en verdad os digo: lo que pidáis al Padre os lo dará en mi nombre.
24.Hasta ahora nada le habéis pedido en mi nombre. Pedid y recibiréis, para que vuestro gozo sea colmado.
25.Os he dicho todo esto en parábolas. Se acerca la hora en que ya no os hablaré en parábolas, sino que con toda claridad os hablaré acerca del Padre.
26.Aquel día pediréis en mi nombre y no os digo que yo rogaré al Padre por vosotros,
27.pues el Padre mismo os quiere, porque me queréis a mí y creéis que salí de Dios.
28.Salí del Padre y he venido al mundo. Ahora dejo otra vez el mundo y voy al Padre.»
29.Le dicen sus discípulos: «Ahora sí que hablas claro, y no dices ninguna parábola.
30.Sabemos ahora que lo sabes todo y no necesitas que nadie te pregunte. Por esto creemos que has salido de Dios.»
31.Jesús les respondió: «¿Ahora creéis?
32.Mirad que llega la hora (y ha llegado ya) en que os dispersaréis cada uno por vuestro lado y me dejaréis solo. Pero no estoy solo, porque el Padre está conmigo. 33.Os he dicho estas cosas para que tengáis paz en mí. En el mundo tendréis tribulación. Pero ¡ánimo!: yo he vencido al mundo.»

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Juan – Capítulo 15

Juan – Capítulo 15

1.«Yo soy la vid verdadera, y mi Padre es el viñador.
2.Todo sarmiento que en mí no da fruto, lo corta, y todo el que da fruto, lo limpia, para que dé más fruto.
3.Vosotros estáis ya limpios gracias a la Palabra que os he anunciado.
4.Permaneced en mí, como yo en vosotros. Lo mismo que el sarmiento no puede dar fruto por sí mismo, si no permanece en la vid; así tampoco vosotros si no permanecéis en mí.
5.Yo soy la vid; vosotros los sarmientos. El que permanece en mí y yo en él, ése da mucho fruto; porque separados de mí no podéis hacer nada.
6.Si alguno no permanece en mí, es arrojado fuera, como el sarmiento, y se seca; luego los recogen, los echan al fuego y arden.
7.Si permanecéis en mí, y mis palabras permanecen en vosotros, pedid lo que queráis y lo conseguiréis.
8.La gloria de mi Padre está en que deis mucho fruto, y seáis mis discípulos.
9.Como el Padre me amó, yo también os he amado a vosotros; permaneced en mi amor.
10.Si guardáis mis mandamientos, permaneceréis en mi amor, como yo he guardado los mandamientos de mi Padre, y permanezco en su amor.
11.Os he dicho esto, para que mi gozo esté en vosotros, y vuestro gozo sea colmado.
12.Este es el mandamiento mío: que os améis los unos a los otros como yo os he amado.
13.Nadie tiene mayor amor que el que da su vida por sus amigos.
14.Vosotros sois mis amigos, si hacéis lo que yo os mando.
15.No os llamo ya siervos, porque el siervo no sabe lo que hace su amo; a vosotros os he llamado amigos, porque todo lo que he oído a mi Padre os lo he dado a conocer. 16.No me habéis elegido vosotros a mí, sino que yo os he elegido a vosotros, y os he destinado para que vayáis y deis fruto, y que vuestro fruto permanezca; de modo que todo lo que pidáis al Padre en mi nombre os lo conceda.
17.Lo que os mando es que os améis los unos a los otros.»
18.«Si el mundo os odia, sabed que a mí me ha odiado antes que a vosotros.
19.Su fuerais del mundo, el mundo amaría lo suyo; pero, como no sois del mundo, porque yo al elegiros os he sacado del mundo, por eso os odia el mundo.
20.Acordaos de la palabra que os he dicho: El siervo no es más que su señor. Si a mí me han perseguido, también os perseguirán a vosotros; si han guardado mi Palabra, también la vuestra guardarán.
21.Pero todo esto os lo harán por causa de mi nombre, porque no conocen al que me ha enviado.
22.Si yo no hubiera venido y no les hubiera hablado, no tendrían pecado; pero ahora no tienen excusa de su pecado.
23.El que me odia, odia también a mi Padre.
24.Si no hubiera hecho entre ellos obras que no ha hecho ningún otro, no tendrían pecado; pero ahora las han visto, y nos odian a mí y a mi Padre.
25.Pero es para que se cumpla lo que está escrito en su Ley: Me han odiado sin motivo.
26.Cuando venga el Paráclito, que yo os enviaré de junto al Padre, el Espíritu de la verdad, que procede del Padre, él dará testimonio de mí.
27.Pero también vosotros daréis testimonio, porque estáis conmigo desde el principio.

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