Archivo de la categoría: Mateo

Mateo 9,9-13 – los pecadores

los pecadores

«No tienen necesidad de médico los sanos, sino los enfermos. Vayan, aprendan lo que significa «misericordia quiero y no sacrificios»: que no he venido a llamar a los justos, sino a los pecadores.»

Viernes de la 13ra semana del T. Ordinario| 02 Julio del 2021 | Por Miguel Damiani

Lecturas de la Fecha:

Reflexión sobre las lecturas

los pecadores

¿Cómo ilumina el día de hoy la Palabra del Señor? Hay momentos en que lo vemos de modo evidente. Esperamos poderlo comunicar. Hoy somos testigos del encuentro con Leví, a quien Jesucristo llama Mateo, quien era un recaudador de impuestos.

Estamos frente a un individuo como muchos de nosotros, muy bien instalado y gozando seguramente de los privilegios de estar sirviendo al poder de turno. No solo recaudaba impuesto, sino que estos eran para la potencia enemiga que ocupaba su territorio.

Situación más antipática difícilmente podemos imaginar. Sin embargo, Jesucristo se fijó en él y lo llamo. Tampoco oculta Jesús su reunión con él, sino que en compañía de todos come con él. Entre tanto, qué estaría pasando por la cabeza de Mateo.

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Mateo 8,1-4 – queda limpio

queda limpio

««Señor, si quieres, puedes limpiarme.» Extendió la mano y lo tocó, diciendo: «Quiero, queda limpio.» Y en seguida quedó limpio de la lepra.»

Viernes de la 12da semana del T. Ordinario| 25 de junio del 2021 | Por Miguel Damiani

Lecturas de la Fecha:

  • Génesis 17,1.9-10.15-22
  • Salmo 127,1-2.3.4-5
  • Mateo 8,1-4

Reflexión sobre las lecturas

queda limpio

El Señor es Todo Poderoso. Solo Él es capaz de decir “queda limpio” y con estas palabras curar cualquier enfermedad, enderezar o restaurar lo que sea. Nada es imposible para Dios. Aquí lo vemos. De aquí la convicción pregonada por todos los santos.

Estas palabras pronunciadas atendiendo el pedido de un leproso, están destinadas a hacer eco en la mente y corazón de todos los que nos acerquemos a Él con la misma fe y determinación. Para Dios no hay imposibles. Lo que hace con el cuerpo lo puede hacer con el alma.

Cristo es pues la respuesta a todas nuestras aflicciones. Él lo transformará todo para darnos lo más grande, lo más preciado a lo que podemos aspirar: a reconciliarnos con nuestro Padre Creador y por lo tanto, a la vida eterna.

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Mateo 5,13-18 – que vean sus buenas obras

que vean sus buenas obras

“Alumbre así su luz a los hombres, para que vean sus buenas obras y den gloria a su Padre que está en el cielo.”

Martes de la 10ma semana del T. Ordinario| 08 de Junio del 2021 | Por Miguel Damiani

Lecturas de la Fecha:

  • 2 Corintios 1,18-22
  • Salmo 118,129.130.131.132.133.135
  • Mateo 5,13-18

Reflexión sobre las lecturas

que vean sus buenas obras

Si, es verdad, debemos ser luz y sal. Luz para iluminar y sal para dar sabor. No podemos ser sosos. Se tiene que notar nuestra presencia en el mundo. No podemos pasar desapercibidos. El perfil bajo no es lo que caracteriza a los cristianos.

¿Cómo reconocer a un cristiano? Pues no hay otra manera que por sus buenas obras. Estas deben ser visibles, no porque andemos pregonándolas, sino porque por su propia naturaleza sea imposible ocultarlas.

Para decirlo de otro modo, son las buenas obras las que dan cuenta de la fe de los cristianos. No es lo que digamos, ni lo mucho que sepamos. Incluso, fíjense lo que decimos: ni si quiera importa que oremos mucho, si nuestra fe no se manifiesta en nuestras buenas obras.

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Mateo 5,1-12 – Alégrense y regocíjense

Alégrense y regocíjense

“Alégrense y regocíjense, porque su recompensa será grande en los cielos; pues de la misma manera persiguieron a los profetas anteriores a ustedes.”

Lunes de la 10ma semana del T. Ordinario | 07 de Junio del 2021 | Por Miguel Damiani

Lecturas de la Fecha:

Reflexión sobre las lecturas

Alégrense y regocíjense

Así habla el Señor con los que sufren. Ve al frente una gran multitud de gente que lo sigue, atentos, expectantes, ansiosos. Esperando consuelo de sus labios. El Señor se conmueve y lanza posiblemente el sermón más hermoso que hombre alguno podría pronunciar.

Consuela a todos, con palabras precisas, capaces de llegar a cada uno de los corazones, sacando a la luz las causas de su sufrimiento y haciéndole saber que este sufrimiento no sería en vano, sino que recibiría su compensación allá en el cielo.

El Señor ofrece Su simpatía a cada quien en su angustia, su dolencia y su necesidad. Es propio del hombre el sufrir. El que no lo hace por un motivo, lo hace por otro. Todos tienen seguramente algo que contar, algo por lo cual quejarse o sentirse dolidos o tristes.

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Mateo 28,8-15 – Alégrense

Alégrense

“De pronto, Jesús salió al encuentro y les dijo:
«Alégrense».
Ellas se acercaron, le abrazaron los pies y se postraron ante él.
Jesús les dijo:
«No teman: vayan a comunicar a mis hermanos que vayan a Galilea; allí me verán»”

Lunes de la Octava de Pascua| 05 de Abril del 2021 | Por Miguel Damiani

Lecturas de la Fecha:

  • Hechos de los apóstoles 2,14.22-33
  • Salmo 15,1b-2a y 5.7-8 9-10.11
  • Mateo 28,8-15

Reflexión sobre las lecturas

Alégrense

Lo primero que nos llama la atención es aquel: Alégrense. Y es que no debía ser de otro modo. Jesucristo ha resucitado, tal como lo prometió desde siempre en las Escrituras. Nos sorprende, sí, pero no hay que temerle, sino más bien sentirse alegres y agradecidos.

¡Hemos sido salvados! ¡Sí! Conmueve el alto precio que ha debido pagar. Sin embargo ello ya ha pasado. Él así lo quiso. Y es que en su infinita sabiduría, no había otro modo. Si lo hubiera habido, seguro que hubiera tomado ese camino. Pero no lo había.

No había forma de salvarse de este trago. Ya se lo había comentado a nuestro Padre, confirmando la Misión para la que había venido. Esta es la única forma en la que podía salvarnos y Él seguiría hasta el final. ¿Por qué? ¡Por amor! No hay otra respuesta.

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Alégrense y regocíjense – Mateo 5,1-12

Alégrense y regocíjense

“Bienaventurados serán cuando los injurien, y los persigan y digan con mentira toda clase de mal contra ustedes por mi causa. Alégrense y regocíjense, porque su recompensa será grande en los cielos; pues de la misma manera persiguieron a los profetas anteriores a ustedes.”

Domingo, Todos los Santos | 01 de Noviembre del 2020 | Por Miguel Damiani

Lecturas de la Fecha:

  • Apocalipsis 7,2-4.9-14
  • Salmo 23,1-2.3-4ab.5-6
  • I Juan 3,1-3
  • Mateo 5,1-12

Reflexión sobre las lecturas

Alégrense y regocíjense

La santidad, es decir, cumplir con la Voluntad de Dios, siempre tendrá oposición. El Señor de algún modo así nos lo advierte. Si nos persiguen, insultan e injurian. Aún si nos apresan y nos matan, ha de ser motivo de alegría. ¿Es esto masoquismo o sadismo?

No faltará quien así lo crea, por eso es preciso aclararlo. A lo largo de todo los Evangelios resalta una dicotomía: el Bien y el Mal. Que a su vez podemos distinguirla según la ocasión en Cielo o Infierno; amor u odio; paz y violencia; Verdad y mentira; vida y muerte; Dios o el Dinero.

Los hijos de la luz, que se contraponen a los de las tinieblas, hemos de escoger siempre la primera parte de estas dicotomías. Estas reflejan la obra y la presencia de Dios. Ese es el Camino que el Señor nos enseña a transitar con su vida, muerte y resurrección.

Alégrense y regocíjense

No somos de este mundo

Somos lo opuesto al mundo, que es la segunda parte de la dicotomía. Porque, como nos dirá el mismo Señor Jesucristo, no somos de este mundo. Es así como debemos vivir. Vivimos en el mundo, pero sin encasillarnos ni acomodarnos a Él. ¿Por qué?

Porque sabemos que la vida en este mundo es un paso. El mundo mismo, con todo lo bueno que tiene, ha sido creado por Dios para facilitar este paso. No estamos hechos para quedarnos aquí. Por eso somos nosotros los que regresamos de la gran tribulación de la que habla Apocalipsis.

Estamos aquí como peregrinos. Estamos de paso. Como cuando vamos de paseo a un bosque o a un gran parque ecológico. A nadie se le permite edificar allí su morada, mucho menos prender fuego o cazar. Hay unas reglas, unas leyes que respetar para preservar este lugar para los que pudieran venir después.

No aferrarnos a nada

Hemos de vivir en este mundo de este modo. Como visitantes temporales. Siendo del mundo, pero sin ser del mundo. Esto es, no aferrándonos a nada. Teniendo siempre la mirada y el corazón puestos en nuestra meta final.

Es esto lo que nos cuesta creer y sostener a lo largo de nuestras vidas. Y es que nuestras vidas, aun siendo cortas, muchas veces se nos antojan interminables. Sea que disfrutemos o suframos al extremo, como suele ocurrir.

El buen cristiano, el santo, no acumula, ni atesora bienes o riqueza alguna, que no sea en el Cielo. No se aferra a nada. Por el contrario es desprendido en todo, sabiendo que todo proviene de Dios y le ha sido dado con el propósito de ayudarle a alcanzar la Vida Eterna.

El maligno es el enemigo

Solo procura lo indispensable para vivir hoy, él y los suyos. Se cuida de no caer en aquella previsión que pronto se torna en avaricia e indolencia. El santo, comparte con generosidad y se esfuerza por el Bien Común.

Todos estos propósitos irritan a quienes quieren guardar todo para sí mismo. Sus temores, su falta de fe en Dios, los llevan a aferrarse a todo aquello que les permita asegurarse toda una vida de bienestar. Tienen temor a exponerse y revelar su vulnerabilidad. No quieren sufrir.

El Maligno, el malo, para ganarlo entre los descarriados, le ataca precisamente allí, donde es más débil. Le siembra dudas y temores induciéndolo a la soberbia, a la avaricia, a la pereza, a la mentira, al robo, a la acumulación desenfrenada e inescrupulosa.

El origen de la explotación del hombre

Crece tanto su temor a la muerte que se vuelve indolente. Por ello empieza a aferrarse a todo cuanto se le presenta. Desconfía de todos como competidores. Y termina actuando con los demás como si fueran enemigos por cuanto le pueden quitar lo que tiene.

El prójimo se constituye en amenaza a su riqueza. Constata que lo que acumula lo vuelve poderoso a los ojos de los miserables. Consigue que lo adulen y sirvan a cambio de migajas. Lo protegen y terminan haciendo lo que él debía, a cambio de una dádiva.

El dominio y poder económico muy pronto se convierte en poder político y social. Amenaza, agrede e incluso se siente con el derecho a matar al que compite, contradice o reclama. Todo le tiene que ser sometido. Muy pronto reclama poder absoluto sobre un territorio y sus gentes.

Contra Dios y contra la ley natural

Así llegará el momento, en estamos en él, que reclame el poder de Dios. Amparado en su riqueza y poder pretenderá dictaminar sobre lo que es “verdad” y “mentira”. Dictaminará sobre toda actividad según su criterio y conveniencia, eliminando a sus adversarios. Dirá quiénes pueden vivir y quiénes no.

Impondrá sus leyes pretendiendo que estas rijan por sobre la ley natural o al margen de ella. Como esto es imposible, acarreará graves desórdenes biológicos, genéticos, económicos y sociales. Cuando el hombre prescinde de Dios, solo encuentra destrucción y muerte.

Tendrá que obligar por violencia a sus congéneres a que le obedezcan. La humanidad entera se resistirá. Su ira desatará exterminios masivos. A esto asistimos hoy, con el virus, manipulado en un laboratorio, para manejarnos por el terror.

Alégrense y regocíjense

Esta es la hora de los santos. Porque los buenos cristianos tendremos la obligación de enfrentar al engaño y la mentira. Es el momento de la oración intensa, porque sin la ayuda de Dios nos será imposible doblegar al odiador.

Es entonces que habremos de alegrarnos y regocijarnos. Mala señal si no nos maltratan y persiguen. Evidentemente habremos pactado con el Diablo. El agua y el aceite no se pueden mezclar. No podemos servir a dos señores nos recuerda Jesucristo.

El martirio, la persecución y la muerte llegarán a los cristianos que se mantienen firmes en la fe.

Oración:

Padre Santo, danos el valor de resistir la persecución, las ofensas, la burla y el descrédito. No permitas que caigamos en la lisonja y zalamería claudicando a nuestra fe, tan solo por mantener nuestros privilegios o nuestra situación económica. Te lo pedimos por Jesucristo nuestro Señor, que contigo vive y reina, en unidad del Espíritu Santo, por los siglos de los siglos…Amén.

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la Ley entera – Mateo 20,20-28

la Ley entera

«»Amarás al Señor, tu Dios, con todo tu corazón, con toda tu alma, con todo tu ser.» Este mandamiento es el principal y primero. El segundo es semejante a él: «Amarás a tu prójimo como a ti mismo.» Estos dos mandamientos sostienen la Ley entera y los profetas.»

Domingo 30ro del Tiempo Ordinario – Ciclo A | 25 de Octubre del 2019 | Por Miguel Damiani

Lecturas de la Fecha:

  • Éxodo 22,20-26
  • Salmo 17,2-3a.3bc-4.47.51ab
  • I Tesalonicenses 1,5c-10
  • Mateo 22,34-40

Reflexión sobre las lecturas

la Ley entera

Estamos en el centro de la Palabra del Señor. Si tuviéramos que escoger cuál es el núcleo de las Escrituras tendríamos que decir que son estos versículos de Mateo. Quien logra captar en su debida dimensión este mensaje, ha comprendido la Misión de Jesucristo y con ella la suya propia. Estamos ante los mandamientos que sostienen la ley entera.

Diríamos que esta es la “semilla del Reino”. O si se quiere, la clave. Tal como nos da a entender Pablo en su carta, el amor se transmite con el ejemplo. Y como lo muestra el Éxodo, el amor se traduce en obras. El amor que se queda en palabras y buenas intenciones, no es amor.

No se trata entonces de entender con el intelecto. Este ejercicio solo es inútil si no va acompañado por una forma de afrontar y vivir la vida. El Evangelio es, precisamente eso antes que nada: vida. El Señor nos dice ha venido para que tengamos vida plena. Esta es imposible sin el amor.

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lo que es de Dios – Mateo 22,15-21

lo que es de Dios

“«¿De quién son esta cara y esta inscripción?» Le respondieron: «Del César.» Entonces les replicó: «Pues páguenle al César lo que es del César y a Dios lo que es de Dios.»”

Domingo 29 del T. Ordinario | 18 de Octubre del 2020 | Por Miguel Damiani

Lecturas de la Fecha:

  • Isaías 45,1.4-6
  • Salmo 95,1.3.4-5.7-8.9-10a.10e
  • 1ra Tesalonicenses 1,1-5b
  • Mateo 22,15-21

Reflexión sobre las lecturas

lo que es de Dios

Con mucho alarde tendemos a interpretar este pasaje del Evangelio como la separación de las cosas que corresponden a Dios de las que no. Y sin embargo puedo poner en tela de juicio que eso no fue lo que quiso decirnos el Señor.

Y es que no siempre lo más evidente es aquello a lo que el Señor se refiere. Creo que esta es la razón por la que debemos volver una y otra vez a Su Palabra. Casa da vez encontraremos que nos dice algo nuevo y muchas veces distinto a lo que entendimos la primera vez.

Tendemos a quedarnos con aquello que por alguna u otra razón nos conviene. Aquello que nos parece lógico. Sin embargo ¿quién ha dicho que nuestra lógica es la de Dios? No es necesariamente así. Por eso es preciso pedir la Gracia de escudriñar Su Palabra, dejando al Espíritu que se manifieste.

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