Archivo de la etiqueta: amar a Dios y amar al prójimo

Lucas 16,19-31 – abismo inmenso

abismo inmenso

“…entre nosotros y ustedes se abre un abismo inmenso, para que los que quieran cruzar desde aquí hacia ustedes no puedan hacerlo, ni tampoco pasar de ahí hasta nosotros.”

Jueves de la 2da Semana de Cuaresma | 17 marzo del 2022 | Por Miguel Damiani

Lecturas de la Fecha:

Reflexión sobre las lecturas

abismo inmenso

E cuando menos dramática la constatación que las diferencias que vamos notando, poco a poco se am convirtiendo en un abismo inmenso. Provoca tristeza pensar que podemos llegar a tal extremo. Y en verdad ocurre, casi de modo imperceptible.

Nos vamos distanciando unos de otros. No siempre de modo consciente. Nos esforzamos por contactar con aquellos que nos interesa, con aquellos que coincidimos, que nos son agradables. Los otros van quedando rezagados.

Del mismo modo va ocurriendo con Dios. Sin embargo, en tanto podemos olvidarnos de ciertas personas, no ocurre lo mismo con Dios. Abrir un abismo inmenso entre Dios y nosotros no trae como resultado un olvido intrascendente, del nivel que pudiera ser el olvido de alguna persona.

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No amen al mundo

No amen al mundo

“No amen al mundo ni lo que hay en el mundo. Si alguien ama al mundo, el amor del Padre no está en él.”
I Juan 2, 15

Este versículo es muy claro y directo. San Juan al decirnos “No amen al mundo ni lo que hay en el mundo”, está haciendo para nosotros una interpretación de la sentencia del Señor referida al dinero. No se puede servir a dos señores. No se puede servir a Dios y al dinero.

Y es que el amor del Padre es tan grande, que quien lo descubre no puede amar a nadie más por encima de Él. Si ese no es nuestro caso será porque el amor del Padre no está en nosotros. Obviamente ello se debe a nuestra ceguera, a nuestra estrechez mental que nos impide ver lo que es evidente.

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Lucas 10,25-37 – haz tú lo mismo

haz tú lo mismo

¿Cuál de estos tres te parece que se portó como prójimo del que cayó en manos de los bandidos?» Él contestó: «El que practicó la misericordia con él.» Díjole Jesús: «Anda, haz tú lo mismo.»

Lunes 127mo del T. Ordinario – Ciclo B| 04 de Octubre del 2021 | Por Miguel Damiani

Lecturas de la Fecha:

Reflexión sobre las lecturas

haz tú lo mismo

Si comprendiéramos realmente el mensaje que nos trae el Señor, viviríamos obsesionados con alcanzar la Vida Eterna. Las cosas de este mundo tienen la propiedad de deslumbrarnos y hacernos perder el norte, como cuando en plena oscuridad alguien te alumbra de cerca en los ojos.

A pesar que cuanto mayor te haces la vida te parece más corta, hay largos momentos en ella en los que andamos tan imbuidos en nuestras cosas, que nada más parece importar. Nos desenfocamos y hacemos de aquello que es suntuario, lo más importante.

No podemos olvidar que no existe nada más importante que salvar nuestras almas. Para eso estamos aquí. De allí la sabia pregunta que este maestro de la ley le hace a Jesús. ¡Qué decir de su respuesta! Anda, haz tu lo mismo.

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el que quiera salvar su vida la perderá – Marcos 8,34–9,1

el que quiera salvar su vida la perderá

«El que quiera venirse conmigo, que se niegue a sí mismo, que cargue con su cruz y me siga. Miren, el que quiera salvar su vida la perderá; pero el que pierda su vida por mí y por el Evangelio la salvará.

Viernes de la 6ta Semana del T. Ordinario | 21 de Febrero de 2020 | Por Miguel Damiani

Lecturas de la Fecha:

• Santiago 2,14-24.26
• Salmo 111,1-2.3-4.5-6
Marcos 8,34–9,1

Reflexión sobre las lecturas

el que quiera salvar su vida la perderá

Tanto la primera lectura como el Evangelio, nos presentan lo que a nuestros ojos y las de cualquier profano constituye algo ilógico. Nuestro razonamiento e incluso, me atrevería a decir que, nuestro sentido común nos hacen esperar algo distinto.

¿Cómo puede ser que quien quiera salvar su vida la pierda? Esta perspectiva es muy distinta a la mundana, que nos exige luchar por nosotros, como única garantía de que tal vez y repito, solo tal vez, si ponemos el empeño requerido, lograremos nuestra meta.

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Lucas 17,7-10 – Siervo inútil

Siervo inútil

El Señor nos recuerda en el Evangelio de hoy Lucas 17,7-10 que nuestra actitud en la vida ha de ser la del siervo inútil que hace lo que tiene que hacer. Amar a Dios por sobre todas las cosas y al prójimo como a nosotros mismos, no es algo que debemos hacer para recibir un reconocimiento, sino nuestro deber. Ese es el Camino a la Vida Eterna, tal como nos lo enseña Jesús. Por lo tanto,lo sensato es que hagamos lo que Dios nos manda. Sería de necios pretender tomar otro camino.

 

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Mateo 22,34-40 – Amar a Dios por sobre todas las cosas

Amar a Dios por sobre todas las cosas

En el Evangelio de Mateo 22,34-40 el Señor nos da a conocer aquel Mandamiento central del cristianismo en el que, tal como Él mismo nos dice, podemos resumir la ley y los profetas: amar a Dios por sobre todas las cosas y al prójimo como a nosotros mismos. Esto es todo lo que debemos aprender, memorizar, interiorizar y hacer para alcanzar la Vida Eterna.

 

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Marcos 12,28b-34 – No existe otro mandamiento mayor

No existe otro mandamiento mayor

…amarás al Señor, tu Dios, con todo tu corazón, con toda tu alma, con toda tu mente y con todas tus fuerzas. El segundo es: Amarás a tu prójimo como a ti mismo. No existe otro mandamiento mayor que éstos.

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Marcos 12,28b-34 No existe otro mandamiento mayor

Marcos – Capítulo 12

Reflexión: Marcos 12,28b-34

Después de todo, la doctrina de Jesús es muy simple. Mucho más de lo que se imaginan muchos. Basta menos de un minuto para formularla. O como hemos dicho varias veces, entra en un solo Tweet de 140 caracteres y todavía le sobra espacio. ¿Por qué no podemos aprenderla y seguirla? Desde luego no por falta de memoria.

Lo que ocurre es que la exigencia es tan alta, que flaqueamos, nos excusamos y preferimos mirar a otro lado. Vivimos en una sociedad en la que se exalta el placer, la comodidad, la permanente autocomplacencia, el hedonismo, el erotismo y el egoísmo. Y todo ello está sujeto a la capacidad económica, es decir a la cantidad de recursos que podemos destinar para conseguirlos.

Vivimos en una sociedad de consumo que nos ha hecho creer que todo se puede conseguir a condición de contar con la capacidad para adquirirlo. Por lo tanto, es preciso acumular el capital necesario que nos permita cubrir nuestra demanda. Cada quien lo consigue del modo que puede y está a su alcance. Vivimos en permanente tensión por atender ambas vertientes de nuestra existencia: tener, para gozar. Tener, para “vivir”, entendiendo que solo se vive cuando se goza. No es casual que digamos “esto es vida” cuando alcanzamos el placer y confort que anhelamos, aun cuando sea efímero.

Precisamente la lucha denodada en la que algunos nos obstinamos es en prolongar lo más que podemos este momento placentero. Dependiendo de la riqueza que vamos acumulando, algunos nos obsesionamos por darles todo a nuestros hijos, por complacerlos y mantenerlos alejados de cualquier sacrificio y contacto con el sufrimiento.

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