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estoy de pie a la puerta y llamo – Lucas 19,1-10

Mira, estoy de pie a la puerta y llamo. Si alguien escucha mi voz y abre la puerta, entraré en su casa y cenaré con él y él conmigo.

Apocalipsis 3,20

estoy de pie a la puerta y llamo

Martes 33ra Semana del T. Ordinario | 20 de Noviembre de 2018 | Por Miguel Damiani

Lecturas de la Fecha:

  • Apocalipsis 3,1-6.14-22
  • Salmo 14,2-3ab.3cd-4ab.5
  • Lucas 19,1-10

Reflexión de las lecturas

Todos tenemos una oportunidad. A todos nos espera el Señor. Es más, Él sale al encuentro de cada uno de nosotros. Él toma la iniciativa, va hasta nuestra puerta, llama y espera en pie que le abramos. Él ha hecho lo suyo. La respuesta está en nuestras manos. ¿Qué haremos?

¿Haremos los que no oímos sus golpes?¿Le dejaremos esperando? ¿Nos esconderemos? ¿Bajaremos la voz para que no nos escuche, crea que no estamos y se vaya? ¿Nos negaremos? ¿Enviaremos a alguien a decir que no estamos, que hemos salido? ¿Saldremos por la ventana? ¿O le gritaremos desde adentro que no moleste?

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Marcos 16,15-20 – Proclamen el Evangelio

Proclamen el Evangelio

“Vayan por todo el mundo y proclamen el Evangelio a toda la creación. El que crea y sea bautizado, se salvará; el que no crea, se condenará.”

Domingo de la 7ma Semana de Pascua | 13 Mayo del 2018 | Por Miguel Damiani

Lecturas de la Fecha:

Reflexión sobre las lecturas

Proclamen el Evangelio

El Señor, antes de ascender al Cielo, nos envía al mundo entero con una Misión: Proclamar el Evangelio. Esto es lo que debe hacer todo bautizado, todo cristiano. No se trata de una actividad especial reservada para algunos. Es Misión de todos.

No es tampoco algo opcional, ni algo de lo que podemos prescindir con cualquier excusa. Todos tenemos el deber de proclamar el Evangelio. ¿Cómo se proclama el Evangelio? Sin duda, una forma es desde el púlpito o desde la cátedra.

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Marcos 9,2-10 – Se transfiguró delante de ellos

Se transfiguró delante de ellos

“En aquel tiempo, Jesús se llevó a Pedro, a Santiago y a Juan, subió únicamente con ellos a una montaña alta, y se transfiguró delante de ellos. Sus vestidos se volvieron de una blancura deslumbrante, como nadie en el mundo podría blanquearlos.”

Domingo de la 2da Semana de Cuaresma | 25 Febrero 2018 | Por Miguel Damiani

Lecturas de la Fecha:

  • Génesis 22,1-2.9-13.15-18
  • Salmo 115
  • Romanos 8,31-34
  • Marcos 9,2-10

Reflexión sobre las lecturas

Se transfiguró delante de ellos

Hace tan solo algunos días en el Evangelio de Lucas 11,29-32 el Señor nos dice que esta generación perversa no recibiría más signos que el de Jonás, sin embargo aquí selecciona a tres de sus principales discípulos para hacerles vivir un episodio único, en el que serán testigos de Su Divinidad.

Jesucristo se transfigura y tal como podemos leer, en este proceso sus vestimentas cambian a un color blanquísimo, como nada ni nadie podrían lograr en el mundo. Todo el suceso al que asisten está plagado de señales que solo podrían provenir de Dios.

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Mateo 8,5-11 – Una palabra tuya

Una palabra tuya

Para cambiar radicalmente nuestras vidas tan solo es necesario que Jesucristo lo consienta. Una palabra tuya bastará para salvarnos. ¿Quién tiene semejante poder? Solo Dios. Eso es lo que hoy nos recuerda el evangelio de San Mateo 8,5-11 y es nada menos que un soldado romano, es decir un gentil, un pagano, un ignorante de la doctrina de la Iglesia y de los Evangelios el que nos viene a mostrar en qué consiste la verdadera fe.

Una palabra tuya
Una palabra tuya

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Lucas 16,9-15 – Dios o el dinero

Dios o el dinero

El Señor nos pone frente a la disyuntiva de elegir entre Dios o el dinero, lo que nos negamos a reconocer, esforzándonos por demostrar, que no existe tal decisión, que puede ser matizada, siempre, por supuesto, de acuerdo a nuestra conveniencia. O tal vez debiéramos decir según el volumen de nuestra billetera. Revisemos el Evangelio de Lucas 16,9-15 y dejemos de engañarnos y engañar a los demás con falacias. Hay que elegir: Dios o el dinero.

 

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Marcos 12,13-17 – al Cesar lo que es del Cesar

Al Cesar lo que es del Cesar

Jesús les dijo: «Lo del César, devuélvanselo al César, y lo de Dios, a Dios.» Y se maravillaban de él.

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Marcos 12,13-17 al Cesar lo que es del Cesar

Marcos – Capítulo 12

Reflexión: Marcos 12,13-17

Siempre he creído ver en esta lectura la separación de lo que es de Dios de aquello que no lo es y que por lo tanto debía darse a quien le corresponde. Como si el Señor estuviera reconociendo que hay cosas que no le corresponden. Claro, siguiendo este razonamiento, Dios y mi fe no tiene por qué estar en todas partes.

Hoy, después de tantos años vengo a caer en cuenta del engaño en que vivía y los estragos que han hecho en mí y que aun hacen en mis hermanos, la errada conclusión a la que llegamos cuando reflexionamos esta lectura. Han hecho falta muchos años para aproximarme a su luz.

Muchos, dándole un sentido equivocado, usamos estas palabras para justificar una dicotomía, en la que pareciera estar de acuerdo el Señor. ¿Puede haber querido el Señor que separemos lo que es de Dios de lo que es del hombre? Ahora sé que no, porque eso es algo imposible.

Lo único que el Señor reconoce en este pasaje es que el rostro en la moneda es del Cesar, por lo tanto le debe corresponder a Él. Luego nos dice que a cada uno hay que darle lo suyo, teniendo ya muy bien aclarado que es lo del Cesar. Pero ¿qué le corresponde a Dios? ¿Dónde vemos su cara?

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Juan 3,16-21 – tanto amó Dios al mundo

Tanto amó Dios al mundo

Porque tanto amó Dios al mundo que dio a su Hijo único, para que todo el que crea en él no perezca, sino que tenga vida eterna.

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Juan 3,16-21 tanto amó Dios al mundo

Juan – Capítulo 03

Reflexión: Juan 3,16-21

¿Qué es lo que tenemos que hacer? Creer. Así de simple; eso es todo. Por lo menos es muy fácil de recordar, no es verdad? No es tan complicado. No tenemos que consultar libros, ni hacer grandes estudios. No importa la profesión, la raza, el sexo, la nacionalidad…Solo debemos creer. Eso es todo lo que nos pide el Señor. ¿Por qué? Porque así ha sido dispuesto por Dios. ¿Por qué? Por amor.

La idea es en verdad muy simple. No podía ser de otro modo, viniendo de Dios, nuestro Creador, Infinitamente Misericordioso. Pensemos por un momento en los navegantes de hace 2 o 3 siglos, cuando no habían tantos equipos electrónicos de orientación. Aunque ya hubiera brújula y sextante, una vez que los barcos divisaban un faro, no tenían nada más que enfilarse al mismo para alcanzar tierra. De eso estaban seguros y nadie hubiera podido imaginar que aquello fuera una trampa, pues conforme a nuestro código de comportamiento universal, basado en la “buena fe”, estábamos llamados a creer que aquella luz nos guiaba a un puerto seguro.

Es exactamente lo mismo que hace Dios por y para nosotros. Nos envía a Su Único Hijo, a Su Primogénito, para que siendo elevado en un punto en el que todos podamos ver Su luz, creamos y enfilemos a este único puerto seguro y final, el único que dará sentido a nuestras vidas, a nuestros esfuerzos y sacrificios, porque allí todo tendrá su compensación. Pero es preciso llegar allí. Para eso debemos verlo, luego creer en Él, como los navegantes confiaban en los faros colocados para guiarlos y finalmente enfilar hacia Él, que sería de necios, en un mar embravecido, ignorar la posibilidad de alcanzar la salvación en aquella luz.

Cada línea, cada versículo de la lectura de hoy, nos ratifica de uno u otro modo esta idea. Primero, es Dios quien hace posible nuestra salvación. ¿Por qué? Por amor. Él nos ha amado tanto, que lo ha hecho posible, pero de un modo inequívoco. A fin de no exponer al fracaso la posibilidad de salvarnos, envió a su emisario más confiable, a aquél que más ama. Eso es lo que hacemos cuando queremos estar bien representados, cuando realmente nos interesa el receptor de nuestro mensaje. Cuando nos interesa el público o la comunidad a la que nos dirigimos. Eso mismo hizo Dios. Entre todas Sus posibilidades escogió a Su propio Hijo para esta Misión. ¿Por qué? Porque así de grande es Su amor por nosotros.

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