Juan 20,19-23 Reciban el Espíritu Santo

Reciban el Espíritu Santo

“Dicho esto, sopló sobre ellos y les dijo: Reciban el Espíritu Santo. A quienes perdonen los pecados, les quedan perdonados; a quienes se los retengan, les quedan retenidos.»

Domingo de Pentecostés | 20 de Mayo de 2018 | Por Miguel Damiani

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Reciban el Espíritu Santo

Hoy celebramos Pentecostés, una de las fiestas más solemnes de la Iglesia católica, porque en ella recordamos el cumplimiento de aquella ansiada promesa de Dios a Su pueblo: el envío de su Espíritu Santo, sin el cual nos resulta imposible alcanzar la anhelada salvación.

Jesucristo ha venido a salvarnos, pero esta salvación no sería posible o más bien, estaría incompleta, si no contamos con la intervención del Espíritu Santo. Él es el quién nos guía y conduce hasta la Verdad. Esto es algo que nos resulta IMPOSIBLE sin Él.

reciban el Espíritu Santo

Dios, en el Antiguo Testamento lo promete a través de los profetas y Jesucristo antes de Su muerte en cruz lo ratifica en varias oportunidades en los Evangelios. Sin el Espíritu de Dios nos resulta imposible confesar que Jesucristo es Dios.

El Espíritu Santo es nuestro Defensor, aquel que nos mantiene firmes en la fe y que permite que vivamos la Gracia en forma creciente, consciente y compartida. Él es el artífice de nuestra conversión. Él actúa en nosotros y nos transforma.

Es el Espíritu Santo el que nos permite vencer al pecado y renacer a una Vida Nueva, a la Vida Eterna. Él pone a nuestro alcance la Vida Eterna, que de otro modo nos resultaría imposible alcanzar. Por eso es preciso recibirlo, tal como hacemos en el Bautismo.

Hoy celebramos la irrupción del Espíritu Santo una vez y para siempre en aquel Pentecostés que los apóstoles esperaron junto con la Santísima Virgen María, prestando oído a las promesas de nuestro Señor Jesucristo. Este reciban el Espíritu Santo pronunciado por Jesucristo tendría que llenarnos de alegría incontenible y desbordante.

Esta fuerza incomparable y todopoderosa que desde entonces y a través nuestro toma las riendas de la historia, es la única capaz de guiarnos al Cielo, por sobre todo poder, amenaza o enemigo. Nada se le puede resistir, ni oponer. Ella es la garantía de nuestra salvación.

Todo lo que tenemos que hacer es prestarle oídos y dejarnos guiar. Abandonarnos dócilmente a sus manos. ¿Cómo no dejarnos conducir, si por el Señor sabemos que ninguna puerta, ni muro puede resistírsele?

Es el Espíritu Santo el que hace posible que cumplamos la misión que nos confía el Señor al enviarnos por el mundo a predicar el Evangelio y bautizar a todos los que creen en Él. De su cumplimiento depende nuestra salvación.

¿Cuál debe ser entonces nuestra primera tarea? Antes que nada Orar y pedir cada día, desde que amanece, que sea el Espíritu Santo el que tome las riendas de nuestras vidas y las conduzca hasta nuestra meta. Que nos dé docilidad para no oponernos, ni desviarnos.

Nuestra fe debe ser tal, que sea Él y no nosotros el que enrumba nuestra vidas. Si así lo hacemos, como es la Voluntad de Dios Padre, todo lo que pidamos en nombre de Jesucristo nos será concedido, cuanto más si lo que pedimos es el Espíritu Santo.

Pidamos confianza, para arrojarnos confiados con los ojos cerrados a sus brazos y discernimiento para no dejarnos engañar por el Demonio, que si tuvo la osadía de tentar a Jesús cuanto más lo hará con nosotros, pobres creaturas.

Creamos firmemente que contamos con la coraza más poderosa del universo y nada absolutamente podrá mellarnos, ni interponerse en nuestro Camino. Pidamos convertirnos en instrumentos de fe en manos del Señor.

Que nos haga capaces de amar incondicionalmente incluso a nuestros enemigos. Que nos transforme, de modo tal que no seamos nosotros, sino que sea Cristo quien vive en nosotros, para que el mundo crea y se convierta.

Hoy hemos recibido un escudo impenetrable contra las tentaciones del Demonio, del mismo modo que la alegría y la paz que provienen del Señor, que ha vencido al mundo y ha abierto para nosotros las puertas del Paraíso.

Con el soplo Divino del Espíritu Santo, hoy nuestra salvación ha sido completada. ¡Dejemos actuar al Paráclito! ¡No opongamos resistencia! Jesucristo mismo está orando al Padre por nosotros. ¡Unámonos a sus oraciones! ¡Entreguémonos al amor!

Oración:

Padre Santo, te damos gracias, te alabamos y bendecimos por habernos enviado Tu Espíritu Santo. Haz que esta fuerza Divina y Todopoderosa nos impulse a vivir en Tu Gracia, amándote y amando a nuestros hermanos como Tú nos amas. Te lo pedimos por Jesucristo nuestro Señor, que contigo vive y reina, en unidad del Espíritu Santo y es Dios, por los siglos de los siglos…Amén.

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