Qué hemos de hacer – Juan 6,24-35

agosto 5, 2018

Qué hemos de hacer

“Ellos le dijeron: «¿ Qué hemos de hacer para obrar las obras de Dios?» Jesús les respondió: «La obra de Dios es que crean en quien él ha enviado.»”

Domingo 18vo del T. Ordinario | 05 de Agosto del 2018 | Por Miguel Damiani

Lecturas de la Fecha:

  • Éxodo 16,2-4,12-15
  • Salmo 77
  • Efesios 4,17.20-24
  • Juan 6,24-35

Reflexión sobre las lecturas

Qué hemos de hacer

El hombre tiene sed de Dios, tiene hambre y sed de trascendencia y Jesucristo lo sabe. Pero, no sólo Él lo sabe, sino también el Demonio, que no pierde oportunidad de confundirnos. Por esos esta gente que sigue al Señor le preguntan sinceramente qué hemos de hacer.

Que la vida tiene un final, es obvio para todos. Todos, pero especialmente los adultos, sabemos que tenemos que morir. Lo vemos una y otra vez, así que resulta una realidad inexorable de la que no podemos escapar.

qué hemos de hacer

Es lamentable que en esta sociedad del consumo, la comodidad y la “eterna juventud” muchos, desdiciendo de su madurez, nos empeñemos en no oír si quiera la sola mención a la muerte. Nos aterra tanto, que no queremos que nada nos lo recuerde.

Como el avestruz, preferimos meter la cabeza en la tierra con tal de no ver la realidad, que es contraria a la engañosa publicidad que nos ofrece una larga, saludable y juvenil vida a cambio de algunos tips que hay que seguir “religiosamente” todos los días.

En general, hemos sustituido nuestra vida espiritual, la oración, la reflexión de la Palabra del Señor y la Eucaristía por estos tips. Así, somos muchos los cristianos que brillamos por nuestra ausencia en los templos, pero que ocupamos todos los gimnasios y spas de moda.

La quiromancia, el feng shui, el reiki y el yoga son otras tantas prácticas que hemos agregado a nuestras vidas, para mantenernos siempre saludables, jóvenes y alegres. Todos decimos creer en Dios, pero es evidente que toda esta “cultura del bienestar” nos impide frecuentarlo como quisiéramos.

“Ellos le dijeron: «¿ Qué hemos de hacer para obrar las obras de Dios?» Jesús les respondió: «La obra de Dios es que crean en quien él ha enviado.»”

Sin embargo, gracias a estas prácticas y a este estilo de vida, hemos alcanzado un equilibrio físico y espiritual que nos permite alejarnos prudentemente de todas las “malas vibraciones” y vivir alegres y optimistas, alejándonos de todo aquello que pudiera ser tóxico, incluyendo algunas viejas amistades.

De un tiempo a esta parte incluso hemos observado con agrado que la meditación nos hace sentir mucho mejor y más cercanos a Dios, que cuando vamos al templo y oímos a algunos sacerdotes con discursos incriminatorios, rodeados de imágenes dolientes y sangrantes.

Ya no nos explicamos cómo pudimos aguantar esas imágenes de un Cristo torturado y crucificado. ¿Por qué tiene que haber crucifijos en los templos, que asustan a los niños? La Iglesia tiene que modernizarse y dejar de transmitir esa actitud pesimista y masoquista.

Por eso están vaciándose los templos. La gente no consigue lo que busca. Los curas y religiosos se empecinan en seguir transmitiendo el mismo discurso, llamando al perdón y al arrepentimiento, en vez de hablar del amor y la esperanza.

“Ellos le dijeron: «¿ Qué hemos de hacer para obrar las obras de Dios?» Jesús les respondió: «La obra de Dios es que crean en quien él ha enviado.»”

Esta es la crítica frecuente que oímos de otrora cristianos como nosotros. Ahora siguen sosteniendo que son cristianos, pero de un modo distinto, que increíblemente ha tenido eco en algunos religiosos “modernos y liberales”, sacerdotes de “avanzada”.

Cuando los oigo y observo, no puedo dejar de sentirme asombrado. ¿Qué ha pasado? ¿No seguíamos al mismo Cristo? ¿No lo encontramos en similares circunstancias? ¿Cuándo fue que nos distanciamos tanto? No puedo dejar de pensar que han vuelto al punto del que partimos.

Y es que la gran tentación es esta de la que hoy el Señor nos previene. Le empezamos a seguir porque nos dio de comer hasta saciarnos y queremos seguir recibiendo del mismo pan, ese que nos sacia de todo aquello que aquí y ahora podemos desear.

Él nos ha dado a manos llenas, cuanto le hemos pedimos y cuando se lo hemos pedido, porque es infinitamente misericordioso, sin embargo nosotros hemos hecho de este recibir un hábito. Solo queremos que nos siga dando de lo mismo.

“Ellos le dijeron: «¿ Qué hemos de hacer para obrar las obras de Dios?» Jesús les respondió: «La obra de Dios es que crean en quien él ha enviado.»”

Que nos siga dando alimento, techo, comodidad, amigos, salud, juventud, bienestar, tiempo, trabajo, viajes, placer, sabiduría, amor, prestigio, ascenso, fama, tranquilidad…Gracias a Él nos hemos acomodado muy bien aquí, nos sentimos muy cómos y augustos.

Esto es lo que queremos hacer eterno. ¿Hay algo de malo en ello? Nos hemos acostumbrado y solo queremos de eso, de esa comida, de ese alimento. Pero el Señor ha venido a darnos un alimento superior. Algo que está por encima; que está más allá.

No, no queremos más. Solo queremos de ese pan que nos aleje del dolor y del sufrimiento hoy, ahora, aquí y para siempre. ¡Eso es lo que nos ofrecen estas “nuevas corrientes”! ¡Eso es lo que queremos! Porque aquello que nos ofrece el Señor exige pasar por la muerte y eso es algo en lo que ya no queremos ni pensar.

No podemos negar que al comienzo, cuando recién conocimos al Señor, cuando recién nos encontramos con Él, hace 30 o 40 años, nos pareció una novedad. ¡Nos emocionó tanto! ¡Nos llenó tanto! Pero ahora ya no tiene aquel sabor. Ya no nos llena.

¡Hemos dejado de perseverar! ¿De quién es la culpa? Hemos tenido una vida muelle y sin contratiempos mayores. Nada fuera de lo normal. Gozar, comprar, ahorrar, viajar, conocer…Nada parece agotarse, tampoco nuestros deseos de mantenernos en esta novedad.

¿Qué puede haber de malo en ello? Señor, ¿por qué insistes en darnos de aquel pan para la vida eterna, cuando nosotros queremos seguir comiendo del que nos satisfaga hoy y aquí? ¿Es que no existe tal pan? Pues parece que sí. Es del que venimos recibiendo.

Lo tomamos por otros medios, de Ti mismo, porque los tomamos de la Creación. ¿No te agrada que hayamos encontrado otros caminos, más amigables, menos espartanos y exigentes? ¿Es que es preciso que estemos recordando Tu cruz? ¿En qué modo nos puede convenir revivir tan escabroso episodio?

A nadie le agrada que le recuerden estas escenas una y otra vez. Mucho menos a nuestros niños. No creemos que a Ti te hubiera gustado tampoco, si viniste trayéndonos una Buena Noticia. ¿No debíamos estar alegres? ¿Cómo podemos estarlo dentro de los templos?

¿Es esta la fe que Tú quisiste suscitar en nosotros? Obren, no por el alimento perecedero, sino por el alimento que permanece para vida eterna, el que les dará el Hijo del hombre, porque a éste es a quien el Padre, Dios, ha marcado con su sello.

Ellos le dijeron: «¿Qué hemos de hacer para obrar las obras de Dios?»
Jesús les respondió: «La obra de Dios es que crean en quien él ha enviado.»

No fue Moisés quien les dio el pan del cielo; es mi Padre el que les da el verdadero pan del cielo; porque el pan de Dios es el que baja del cielo y da la vida al mundo.» Entonces le dijeron: «Señor, danos siempre de ese pan.» Les dijo Jesús: «Yo soy el pan de la vida. El que venga a mí, no tendrá hambre, y el que crea en mí, no tendrá nunca sed.

Es preciso ira Jesús, ir al Señor, porque solo Él puede quitarnos el hambre y la sed. Solo Él tiene palabras de vida eterna. Solo Él puede darnos la Vida Eterna: ¡Comiendo Su cuerpo y bebiendo Su sangre!¡Es preciso, obligatorio y no alternativo, comer Su cuerpo y bebe Su sangre!

Hemos de comer Su cuerpo y beber Su sangre para alcanzar las promesas de Jesucristo. ¡Esto es indispensable! ¡Solo así estaremos en Comunión con Jesucristo, con la Voluntad de Dios Padre y el Espíritu Santo nos guiará, en comunión con nuestros hermanos, hasta la Verdad completa.

¡Esto es ser cristiano! ¡Estar en Comunión, con nuestros hermanos y con la Trinidad! ¡Solo podemos hacerlo a través del Milagro de la Eucaristía! Es decir, que la Eucaristía es el centro de la vida de la Iglesia y del cristiano.

Sin la Eucaristía no hay vida cristiana, ni tampoco Vida Eterna. No es un mero abrir la boca para comer un pedazo de pan, es unirnos en la cruz de Cristo, ofreciéndonos por Él, con Él y en Él, en el Santo Sacrificio de Su Vida por la Salvación de toda la Humanidad, redimiéndonos de nuestros pecados

Todo otro camino que no sea este, el señalado por Jesucristo, no es compatible con la Voluntad de Dios, por lo tanto hemos desospechar que se trata de una trampa del Demonio, que engaña y confunde a quienes buscan a Dios por su propio esfuerzo.

“Ellos le dijeron: «¿ Qué hemos de hacer para obrar las obras de Dios?» Jesús les respondió: «La obra de Dios es que crean en quien él ha enviado.»”

Pretender prescindir de Cristo y de Su Sacrificio por la Humanidad, rechazando o prescindiendo de la Eucaristía es un acto de soberbia a través del cual le decimos al Señor que no lo necesitamos, que podemos hacerlo solos. ¡Eso es lo que nos conduce al abismo!

¡Esta es la obra del Demonio! ¡Claro, es astuto! No se presenta con cachos y echando humo por la nariz, sino haciéndote creer que no eres digno, que no tienes perdón y que existen vías alternativas, cuando la única que tenemos a nuestra disposición POR VOLUNTAD DE DIOS es el Cuerpo y la Sangre de Cristo!

¿Qué más? ¿Te parece poco? ¡Él ha muerto en la cruz por nosotros, por ti y por mí! ¿Le dirás que no lo necesitas, que no lo quieres? ¡Es Él mismo que se nos ofrece como perfecta comida y bebida a cambio de Vida Eterna!

¿Por qué no lo recibes? ¿Es mucho lo que te pide? ¡El sacrificio ya lo hizo Él! Solo quiere que le ames y lo recibas con fe, el resto será obra suya. ¡Es su poder el que te salvará! No ninguno de tus esfuerzos, ni prácticas esotéricas. ¡Cree que esto es Verdad y así será! No por tu poder, sino por Gracia de Dios.

Oración:

Padre Santo, te damos gracias por habernos enviado a Tu Hijo Jesucristo para comunicarnos Vida Eterna a través del Milagro de la Eucaristía. Te pedimos que nos permitas participar en ella con toda la frecuencia que nos sea posible, perseverando, como muestra de amor y acatamiento a Tú Santísima Voluntad. Te lo pedimos por Jesucristo nuestro Señor, que contigo vive y reina, en unidad del Espíritu Santo y es Dios, por los siglos de los siglos…Amén.

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