Mateo 6,19-23 la luz que hay en ti

la luz que hay en ti

“…si tu ojo está malo, todo tu cuerpo estará a oscuras. Y, si la luz que hay en ti es oscuridad, ¡qué oscuridad habrá!”

Viernes de la 11ra Semana del T. Ordinario | 22 de Junio del 2018 | Por Miguel Damiani

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Reflexión sobre las lecturas

la luz que hay en ti

Aunque no siempre estemos dispuestos a admitirlo, en general nos consideramos infalibles. Nuestras opiniones son las más doctas que existen y no toleramos que nadie nos venga a enmendar aquello en lo que nosotros creemos. Afirmamos: esta es “mi” verdad y punto.

Acusamos con mucha facilidad a los demás de fundamentalistas, sobre todo si están defendiendo ideas religiosas; peor aún si son cristianas. Difícilmente tomamos conciencia de la actitud intolerante que asumimos. Nos negamos a aceptarlo, porque son los otros los que están equivocados.

si la luz que hay en ti

Todo lo cristiano pertenece a un mundo costumbrista, arcaico, tradicional, que debe ser superado con nuevos criterios más universales, que puedan ser adoptados por el mundo entero, sin importar procedencia, cultura o nacionalidad.

“…si tu ojo está malo, todo tu cuerpo estará a oscuras. Y, si la luz que hay en ti es oscuridad, ¡qué oscuridad habrá!”

Para estos propósitos, nos incomoda la idea de un Dios impositivo, con leyes inflexibles, que debemos cumplir. Preferimos exigencias que se acomoden a nuestro carácter, a nuestra voluntad, a nuestro criterio y gusto.

En buena cuenta, nos hemos erigido en el patrón, la norma, la medida. En tanto nos agrade, guste y no incomode, todo estará bien. Y, claro, esto será distinto según el individuo del que se trate, porque cada quién tiene el “derecho” de decidir en qué cree.

¿Qué nos ha pasado? Parece que cada vez nos aproximamos más a otra Babel, donde no hay quienes nos podamos entender. Ni si quiera esto es posible al interior de una misma familia. Los padres no se entienden entre sí, y mucho menos con los hijos.

Menos aún ahora que el diálogo se va limitando cada vez más, agobiados y alienados por los equipos digitales, las redes sociales y la avalancha de información que tiene al mundo entero pendiente de “compartir” cuanto adefesio pasa por nuestras manos.

¿Con qué filtro? ¿Con qué criterio? Simplemente por el hecho que “me gusta”. Todo lo que “me gusta” lo paso y lo que no me gusta lo elimino. Muchas veces me gusta tan solo el comienzo o la apariencia, porque ya ni reflexionamos en las pavadas que transmitimos.

Nadie lee todo lo que recibe, porque resulta imposible y pocos aplican algún otro criterio que no sea su propio gusto para transmitir y aun a veces defender lo que transmiten. Parece que todos estamos dedicados a lo mismo, pero en realidad no es así.

Hay una masa irreflexiva que pasa y repasa cadenas, pensamientos, videos, reflexiones, canciones, etc todas con un común denominador: son cortas y por eso suficientemente atractivas para cautivar a un público enajenado que ha asumido ciertos criterios “universales”.

“…si tu ojo está malo, todo tu cuerpo estará a oscuras. Y, si la luz que hay en ti es oscuridad, ¡qué oscuridad habrá!”

Pero hay un grupo más reducido, que sí piensa y que sí sigue una estrategia para crear y difundir este material aparentemente inofensivo e intrascendente, que tan solo pareciera ir tras nuestra preferencia con un “me gusta” y una réplica.

En pocos minutos recibimos de distintas fuentes el mismo video, la misma imagen, el mismo meme. En el día recibimos tantos, que ya no podemos guardarlos en nuestros celulares y empezamos a borrarlos, porque ya ni recordamos los que recibimos más temprano.

Estamos saturados. Nos hemos trivializado y estandarizado. Conocemos todo por el forro, incluso los temas más importantes y trascendentes. Hemos reducido nuestra participación en los grandes temas sociales a la búsqueda de afinidades en las redes.

Estamos con quienes piensan como nosotros, con quienes publican lo que nos gusta y castigamos con nuestra indiferencia a los que no nos gustan. Incluso las redes sociales han desarrollado algoritmos para facilitarnos la formación de estos guetos.

Paulatinamente vamos abandonando nuestra presencia física en los foros donde se toman decisiones sociales dejándolos en manos de los pocos que sí saben que es en estos escenarios donde se toman las decisiones que a todos atañen y que les favorecen.

Nos hemos vuelto indiferentes prácticos, es decir, en los hechos, aun cuando no lo seamos en las redes sociales. Por eso un puñado de actores se apodera del protagonismo en estos ámbitos y son los que finalmente deciden nuestros destinos.

Todo esto obedece a una estrategia muy bien trazada que está dando por resultado una orientación política y social, secundada y amparada en leyes, que finalmente viene gestando un panorama político y social y aun cultural muy distinto a la imagen que conservamos en nuestras cabezas.

¿Qué ha ocurrido? Que no hemos sabido salvaguardar nuestros tesoros. Hemos cedido a la mediocrización y la relativización de nuestros valores. En la práctica han sido devaluados a tal extremo que ya casi han desaparecido.

¿En qué momento ocurrió esto? ¿Cuándo pasó que ni si quiera nos dimos cuenta? Cuando llevados por una ilusión, por el espejismo de las redes sociales y la masificación de los medios, creímos tenerlo todo en nuestras manos y renunciamos a hacernos presentes.

Somos el producto de la comodidad. El excesivo cuidado por nuestra comodidad, por evadir cualquier mortificación –por más pequeña que sea-, nos ha llevado a la indiferencia, nos ha atomizado y nos ha convertido en una masa inocua, inútil, flexible, maleable, manipulable.

“…si tu ojo está malo, todo tu cuerpo estará a oscuras. Y, si la luz que hay en ti es oscuridad, ¡qué oscuridad habrá!”

¿Dónde están nuestros tesoros, aquellos que debimos acumular en el cielo? Los guardamos en nuestro insondable interior. Hicimos de ellos un botín exclusivo y excluyente. Pocos los conocen, porque no salen a relucir en nuestros actos, a no ser, tal vez en una que otra red social.

Pero el Congreso, los Ministerios, la ONU, la OEA, la UNESCO, el FMI, el BM, las ONG, los sindicatos, las organizaciones e instituciones se manejan con la participación efectiva de algunos que han cifrado en ellas los tesoros que quieren alcanzar y que no tienen ningún reparo en ponerse de acuerdo con tal de verse favorecidos de uno u otro modo.

Mientras grandes mayoría hemos renunciado a gobernarnos, hemos dejado en manos de un puñado de inescrupulosos el poder, el gobierno y nuestro futuro. Dispuestos a negociar lo que sea necesario con tal de incrementar sus tesoros, se van poniendo de acuerdo a través de los organismos supranacionales que han creado para tal efecto.

Estamos a punto de caer dominados por un gobierno mundial y una nueva ética planetaria, cuyos principales botines de guerra son el aborto, la eutanasia, la destrucción de la familia y la desaparición del cristianismo.

¡No lo podemos permitir! ¡El Espíritu Santo de Dios no lo permitirá! ¡La Santísima Virgen María no lo permitirá! Pero, ¿y nosotros? ¡Ya es hora que despertemos! ¡No nos dejemos arrastrar! ¡No permitamos que nos sigan engañando y envenenando a nuestra niñez y juventud!

Tenemos que reaccionar con firmeza, empezando por nuestros hogares, nuestros barrios, nuestros colegios, nuestros trabajos, nuestras parroquias, nuestros clubes, nuestros partidos, nuestras ciudades, nuestros Congresos, nuestros países…¡Digamos: presente, en el nombre del Señor!

“…si tu ojo está malo, todo tu cuerpo estará a oscuras. Y, si la luz que hay en ti es oscuridad, ¡qué oscuridad habrá!”

Oración:

Padre Santo, danos tu luz para no dejarnos engañar y combatir a estos fantasmas que surgen del averno y pretenden guiarnos a un mundo nuevo, con una nueva ética planetaria, cuya “novedad” es la exclusión de tus leyes y de la ley natural de nuestras vidas, como si la vida pudieran existir sin Ti. Te lo pedimos por Jesucristo nuestro Señor, que contigo vive y reina, en unidad del Espíritu Santo, por los siglos de los siglos…Amén.

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