Mateo 5,43-48 – Amen a sus enemigos

Amen a sus enemigos

«Ustedes han oído que se dijo: “Amarás a tu prójimo” y odiarás a tu enemigo. Yo, en cambio, les digo: Amen a sus enemigos, y oren por quienes los persiguen.”

Sábado de la 1ra Semana de Cuaresma | 24 Febrero 2018 | Por Miguel Damiani

Lecturas de la Fecha:

  • Deuteronomio 26,16-19
  • Sal 118
  • Mateo 5,43-48

Reflexión sobre las lecturas

Amen a sus enemigos

Nuestra vida está llena de contrastes, de altibajos. A las alegrías, que son innumerables, les siguen las penas, de las que preferimos ni acordarnos. El hecho es que alegrías y penas se alternan en nuestras vidas.

A veces, sin mediar motivo aparente somos objeto de injusticias que nos causan dolor, sufrimiento y desazón. En estos casos es frecuente que nos sintamos tentados a responder con la misma moneda. Esta es la lógica mundana que todos estamos dispuestos a aprobar.

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Las películas están llenas de violencia. Es el argumento preferido del género de acción. En ellas reiteradamente somos testigos de crímenes y atropellos. Prepotentes contra indefensos y débiles. El escarnio llega a tal extremo, que no dudamos en apoyar la venganza de los pobres, cuando finalmente se cobran la revancha.

Hacerse justicia con las propias manos parece en tales extremos justificado. Quienes hemos padecido una situación semejante no podemos menos que empatizar con el que sufre, más aún cuando finalmente logra revertir la situación, incluso con la misma falta de piedad que su oponente.

Así, la lucha entre “buenos” y “malos” se nos antoja constante y equilibrada en lo que se refiere al uso de recursos disponibles. Pero, ¿qué nos dice el Señor hoy a este respecto? No nos dice que tengamos piedad y compasión; que seamos prudentes; que no seamos vengativos. Nos dice que amemos a nuestros enemigos.

¿Es esto posible para nosotros, simples mortales? Sin duda es un reto insalvable sin la ayuda de Dios mismo. Volvemos a enfrentar la realidad con la que nos confronta Jesús. El Camino que Él nos propone es imposible transitarlo sin la ayuda de Dios. ¡No podemos prescindir de Dios!

Tenemos que aprender a caminar de la mano con el Señor. Él debe guiar nuestros pasos. Hacer Su Voluntad debe ser la razón de nuestra existencia. Todo lo podemos con Él. Nada somos sin Él. Esto es lo que tenemos anidar en nuestras conciencias y en nuestros corazones.

¿Cómo lo lograremos? Llevando una vida de oración constante. Nuevamente, esta es la única forma de alcanzar la Vida Eterna para la cual fuimos creados. No depende de nosotros, sino que es Gracia que Dios concede. A nosotros nos toca implorarla, orando indesmayablemente, en toda ocasión y lugar.

Solo cuando le dejemos a Él tomar las riendas de nuestras vidas, empezaremos a transitar por el Camino que el Señor nos señala. Solo entonces seremos capaces de amar, incluso a quienes nos han hecho daño, a quienes nos maltratan injustamente. Y oraremos por ellos, porque también son hijos de Dios, que tendrían que encontrar la purificación de sus intenciones y sus obras.

Ser cristiano es mirar el mundo con los ojos que Cristo lo ve; pero alcanzarlo no depende de nuestro esfuerzo personal, ni de nuestra capacidad; es Gracia que Dios concede.

Padre Santo, te pedimos que nos concedas la Gracia de ver el mundo y especialmente a nuestros hermanos, como los ve Jesucristo; como la promesa de vida eterna que todos estamos en posibilidad de alcanzar. Te lo pedimos por Jesucristo nuestro Señor, que contigo vive y reina, en unidad del Espíritu Santo, por los siglos de los siglos…Amén.

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