Mateo 5,20-26 Merece la condena

Merece la condena

“Pero yo les digo: Todo el que este peleado con su hermano será procesado. Y si uno llama a su hermano “imbécil”, tendrá que comparecer ante el Sanedrín, y si lo llama “renegado”, merece la condena del fuego.”

Viernes de la 1ra Semana de Cuaresma | 23 Febrero 2018 | Por Miguel Damiani

Lecturas de la Fecha:

  • Ezequiel 18,21-28
  • Sal 129
  • Mateo 5,20-26

Reflexión sobre las lecturas

Merece la condena

Seguir al Señor es el único Camino que nos conduce a la Salvación y la Vida Eterna. No se trata de cumplir con los mandamientos, sino de tener la voluntad de exigirnos cada vez más. Lo que el Señor nos reclama es asumir la actitud de quien se exige siempre más, procurando la santidad y la perfección.

Es, pues, una doctrina nueva, más elevada, que enfatiza en el amor antes que el castigo o el pecado. Estamos llamados a hilar cada vez más fino por el Camino del Bien y del Amor.

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Matar, robar, mentir, fornicar son faltas demasiado burdas y gruesas para quienes quieren seguir a Cristo. Estamos llamados a transitar por la puerta estrecha, no por la ancha. Es la única que nos conduce a la vida eterna.

No puede extrañarnos entonces el trato delicado que el Señor nos exige para con nuestros hermanos. No debemos mantener enemistades, enfados, ni enconos. Debemos vivir permanentemente en paz, asumiendo con coraje y decisión la tarea de no molestarnos y mucho menos insultarnos o aborrecernos. No se diga nada de la violencia física, que ni se menciona porque ha de estar de plano descartada.

Y cuando hablamos de hermanos, estamos hablando en realidad del prójimo, es decir padres, hijos, hermanos, esposas, esposos, vecinos, compañeros. El trato que debemos procurarnos unos a otros debe ser gentil y amable.

¿Cómo podemos mantener siempre esta actitud? No hay forma que lo logremos por nuestras propias fuerzas. Como seguidores de Cristo, debemos pedir incesantemente esta Gracia. Los cristianos no prescindimos de Dios para ninguna tarea. Por el contrario lo invocamos en todo momento, porque sabemos que nada hay imposible con su auxilio.

Si hemos de ser amorosos, santos y perfectos en el trato cotidiano con nuestros hermanos, será porque Dios así nos lo permite. Nuestra disposición permanente ha de ser lograrlo, sin dejar de implorar Su ayuda en cada situación. Solo así podremos estar seguros que caminaremos por la senda que el Señor nos señala.

Por lo tanto, como dice la canción, en el atardecer de nuestras vidas seremos examinados en el amor. Es decir no será un examen de cuantos pecados cometimos, sino hasta donde fuimos capaces de amar. Esto es lo que debemos esforzarnos en cumplir cada día.

No debemos irnos a dormir si mantenemos alguna rencilla con algún hermanos, por más insignificante que esta sea. Procuremos siempre la paz, viviendo en paz con todos y amando a nuestros hermanos. Que nadie encuentre motivo para llevarnos a juicio alguno, sin haber procurado antes un buen arreglo, en el que todos salgamos ganando.

Dominemos nuestros labios de modo que nunca salgan de nuestra boca insultos a nuestros hermanos. Cuidemos nuestras formas de expresión y hasta nuestros gestos, evitando la ofensa de cualquier tipo. ¿Cómo podremos hacerlo si no llevamos una verdadera vida de oración?

Y es que todo lo que somos y hacemos se lo debemos a Dios. No hay mérito alguno en nosotros. Si hemos de transitar por este Camino de amor, perfección y santidad será con su ayuda, porque con Él no hay nada imposible. Si lo dejamos librado a nuestra capacidad, a nuestro esfuerzo, jamás lo alcanzaremos.

Oración

Padre Santo, danos el coraje, la voluntad, el tino y el carácter para doblegar nuestro orgullo, nuestra vanidad, nuestra soberbia y nuestra ambición, poniendo siempre por delante de todo el amor a nuestro prójimo, de modo que no dejemos de buscar nunca lo que sea mejor para ellos. Te lo pedimos por Jesucristo nuestro Señor, que contigo vive y reina, en unidad del Espíritu Santo, por los siglos de los siglos…Amén.

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