Mateo 21,33-43,45-46 – es ahora la piedra angular

es ahora la piedra angular

“¿No han leído nunca en la Escritura: “la piedra que desecharon los arquitectos es ahora la piedra angular. Es el Señor quien lo ha hecho, ha sido un milagro patente”? Por eso les digo que el Reino de Dios les será quitado a ustedes, para ser entregado a un pueblo que produzca sus frutos”

Viernes de la 2da Semana de Cuaresma | 02 Marzo 2018 | Por Miguel Damiani

Lecturas de la Fecha:

  • Génesis 37,3-4,12-13,17-28
  • Salmo 104
  • Mateo 21,33-43,45-46

Reflexión sobre las lecturas

es ahora la piedra angular

Las lecturas con las que nos confronta hoy la Iglesia, nos muestran con claridad la mezquindad y la maldad de la que somos los seres humanos, con tal de obtener el provecho personal anhelado. No reparamos en nada, menos aun cuando logramos consensuar para hacer una maldad.

Parece más frecuente de lo que creemos, desgraciadamente. Cuando dejamos brotar y crecer entre nosotros la ambición, la avaricia, el orgullo, la soberbia e incluso la lujuria, en vez de corregirnos unos a otros, nos hacemos cómplices, en lo que parece una competencia por ser duros, inflexibles y ruines.

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La maldad, que no es otra cosa que el Demonio, se apodera de nosotros y en menos de lo que canta un gallo nos convertimos en una chusma, en una turba sanguinaria que no se detendrá hasta lograr el objetivo común, por más vil que este sea.

Lo vemos en los linchamientos, muchas veces injustos, en los que la gente se envilece y no se detiene hasta no escarmentar, robar, arrollar, maltratar e incluso acabar con la vida de las ocasionales víctimas de la multitud.

Todos a una, no paramos hasta desahogar la violencia contenida, la ira, el odio, la crueldad o la sed de venganza. Los más duros, los más crueles, los peores, se sienten con el derecho a arrebatar y quedarse con la mayor tajada del botín usurpado con violencia.

Luego surgen las lealtades entre los más poderosos, las traiciones de los débiles, las celadas de los ambiciosos y las secretas intrigas de unos contra otros, sabiéndose todos culpables y desconfiando unos de otros, conociendo a las atrocidades que algunos son capaces de llegar.

En un mundo de intriga, en que la norma es el abuso y el aprovechamiento de los más débiles, no hay lugar para la lealtad, ni la confianza. El equilibrio es precario y está basado en la fuerza, el poder, la astucia, la ambición, la crueldad, la determinación e inflexibilidad que cada quien pueda demostrar para ganar y defender lo que ambiciona.

Es así que, como podemos ver en la primera lectura, los hermanos de José se coluden contra él, porque gozaba del cariño y la preferencia de su padre. Los hermanos no permitirían que el amor de su padre favoreciera a José. Así, a última hora, en vez de matarlo lo venden, deshaciéndose de él de común acuerdo.

En el Evangelio los inquilinos se ponen de acuerdo para maltratar a los cobradores y finalmente matar al heredero con tal de quedarse con la propiedad. Toda noción de respeto o piedad es enmudecida por la ambición, como si sus crímenes pudieran quedar impunes por siempre.

Ninguno es capaz de reflexionar en torno a la gravedad y el salvajismo de su comportamiento. Ninguno se arrepiente porque está seguros que son sus buenos modos y su debilidad la causa de este crimen, que siempre hace víctimas a los indefensos, a los débiles, a los despreciados.

Para nada piensan en la justicia Divina, que ha dispuesto salir en defensa de los más pequeños, los débiles, los inocentes, los justos. Jesucristo ha venido precisamente a defender y rescatar a las víctimas de la crueldad y el abuso.

La piedra que descartaron los constructores, aquella por la que el mundo no da un cinco partido, se ha convertido en la piedra principal. Es voluntad de Dios promover al Reino de los Cielos, a quienes sufren a manos de los impíos.

Jesucristo ha venido por Voluntad de Padre a Salvarnos, enseñándonos que el Camino a la Vida Eterna para la cual fuimos creados es el amor. No se trata de despojar y matar a nadie, sino de desprendernos y dara a cada quien lo que necesita.

Vivir en armonía es la única forma en que la humanidad se encaminará al destino para el cual fue creada. Las propiedades, las riquezas y el dinero son los grilletes que nos encadenan al mundo, impidiéndonos alcanzar la felicidad.

Oración:

Padre Santo, danos Tu luz y sabiduría para entender que nuestra salvación está en hacer Tu Voluntad y no en atesorar ni acumular riquezas a costa de los menos afortunados y débiles. Te lo pedimos por Jesucristo nuestro Señor, que contigo vive y reina, en unidad del Espíritu Santo y es Dios, por los siglos de los siglos…Amén.

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