Mateo 16,13-19  El Hijo de Dios vivo

El Hijo de Dios vivo

«Simón Pedro contestó: «Tú eres el Cristo, el Hijo de Dios vivo.» Replicando Jesús le dijo: «Bienaventurado eres Simón, hijo de Jonás, porque no te ha revelado esto la carne ni la sangre, sino mi Padre que está en los cielos.»

Jueves de la 1ra Semana de Cuaresma | 22 Febrero 2018 | Por Miguel Damiani

Lecturas de la Fecha:

  • Primera carta de Pedro 5,1-4
  • Sal 22,1-3.4.5.6
  • Mateo 16,13-19

Reflexión sobre las lecturas

El Hijo de Dios vivo

Reconocer a Jesucristo como el Hijo de Dios vivo, como el Mesías, el Enviado, el Salvador, es Gracia que Dios concede, tal como el mismo Cristo nos lo revela a través de Pedro en este pasaje. No hay forma de conocer a Dios si Él no lo permite. En consecuencia es algo que debemos pedirle incesantemente.

Es claro, entonces, que en lugar de hacer esfuerzos intelectuales o de cualquier otra índole, por conocerle, debemos orar humildemente para que nos conceda esta Gracia, de la que nunca seremos merecedores. Esta revelación no es el resultado de nuestros merecimientos, por lo tanto dejemos de procurarlos y pongamos nuestra mirada y todos nuestros sentidos en Él.

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De ello se deduce que no vamos a Dios, ni lo alcanzaremos como resultado de nuestros esfuerzos. Este es un privilegio que Dios concede a quien se lo pide con amor, humildad y fe. A quien no deja de orar constantemente, convencido que esta es la única vía que puede aproximarlos, porque conseguirlo no depende en modo alguno de nosotros.

Podemos preguntarnos, ¿por qué es tan importante conocer a Dios? La respuesta lógica sería, porque como nuestro Padre y Creador es el único que puede dar sentido  a nuestras vidas. Es decir que nadie mejor que Él puede revelarnos por qué y para qué fuimos creados y junto con ello darnos la razón de nuestra existencia, señalándonos una dirección.

Quiere decir que nuestras vidas tienen un objeto, el cual está íntimamente ligado a nuestra creación. No somos producto del azar. Nuestro principio y fin están relacionados con la Voluntad de Dios, nuestro Padre Creador. De allí la necesidad de saber quién es.

Esta necesidad no es ajena a Dios. ¿Cómo podría serlo si Él mismo nos creó? ¿Quién puede conocer mejor nuestro propósito? Por eso vemos a lo largo de la Historia que Él ha tomado la iniciativa  y ha salido a nuestro encuentro. Más aun teniendo en cuenta que algunos de nosotros nos hemos resistido testarudamente a reconocer que lo necesitamos.

¿Qué impide a estos hombres en general aproximarse a Dios y reconocer que le necesitan? El orgullo y la soberbia. Es que el hombre se siente capaz de conducir su propia vida, discerniendo por sus propios medios lo que le conviene, prescindiendo de Dios.

Este es lamentablemente un engaño que solo lo conduce al extravío y la perdición. ¿Quién lo dice? ¿Cómo podemos saberlo? ¿Es posible generalizar de este modo, al punto de afirmar que sin Dios estamos perdidos?

Esto es lo que se nos narra en varios pasajes de la Biblia, pero de modo muy especial en el Libro de Génesis. Teniéndolo todo y debiendo tan solo evitar comer los frutos del árbol de la ciencia del Bien y del Mal, porque Dios Padre se los tenía prohibidos, lo desobedecieron atendiendo la tentación del Demonio.

Este es en síntesis el drama de la humanidad. Por la desobediencia entró el pecado al mundo y edificó su morada entre nosotros. Lo vemos una y otra vez. Egoísmo, soberbia, codicia, orgullo, falta de fe, llevan al hombre a vivir de espaldas a Dios, a desconocer su supremacía y con ello, a perder el norte.

El hombre,  sin Dios, no es capaz de edificar el destino para el cual fue creado y se destruye. El hombre, sin Dios, no encuentra sentido a la vida, porque al prescindir de Dios, prescinde del amor y sin amor, no hay vida humana posible. Sin amo, somos presa de la oscuridad, la mentira, el dolor y la muerte.

Por eso es fundamental oír, conocer y seguir a Cristo, el Hijo de Dios, el Mesías, enviado para Salvarnos. Esto es lo que Pedro nos anuncia hoy y Cristo enaltece, dando  el lugar que merece este acontecimiento, porque de él pende nuestra salvación, la que solo podremos alcanzar si Dios nos concede esta Gracia, por la cual debemos implorar en constante e incansable oración.

Padre Santo, te pedimos que nos ayudes a comprender que sin Ti no somos nada. Que no hay Gracia más grande y apetecible que conocerte  y seguirte, haciendo Tú Voluntad. Que solo así alcanzaremos la plenitud y la Vida Eterna, para la cual fuimos creados. Te lo pedimos por Jesucristo nuestro Señor, que contigo vive y reina, en unidad del Espíritu Santo, por los siglos de los siglos…Amén.

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