los jefes de los pueblos los tiranizan

los jefes de los pueblos los tiranizan – Mateo 20,20-28

los jefes de los pueblos los tiranizan

«Saben que los jefes de los pueblos los tiranizan y que los grandes los oprimen. No será así entre ustedes: el que quiera ser grande entre ustedes, que sea su servidor, y el que quiera ser primero entre ustedes, que sea su esclavo.»

Jueves de la 16ta Semana del T. Ordinario | 25 de Julio del 2019 | Por Miguel Damiani

Lecturas de la Fecha:

  • Hechos 4,33;5,12.27-33;12,2
  • Salmo 66
  • II Corintios 4,7-15
  • Mateo 20,20-28

Reflexión sobre las lecturas

los jefes de los pueblos los tiranizan

Si hemos de tener una participación en la actividad política, esta tiene que ser completamente distinta a aquella que ejercen nuestros gobernantes y políticos profesionales, a aquella que esperamos todos como propia de quien tienen poder.

Quien participa en política ha de estar dispuesto a ejercer el poder. Poder para defender sus posiciones; poder para imponer sus decisiones; poder para hacer cumplir sus disposiciones; poder, en fin, para manifestarse y ejercer autoridad.

Para llegar a esta posición no hay otra forma que participar en política, lo que quiere decir, estar dispuestos a competir con quienes se oponen a nosotros y a persuadir a la mayoría a que nos sigan o cuando menos sean dóciles a nuestros mandatos, pues de otro modo será imposible ejercer autoridad.

los jefes de los pueblos los tiranizan

Verdad, justicia, paz habrán de distinguirnos

El Señor destaca que no ha de ser el ejercicio del poder, ni la distinción por el cargo los que nos deben mover para aspirar al gobierno y mando de los pueblos, sino el servicio, es decir, la satisfacción de sus ansias de vivir con dignidad, justicia y paz, satisfaciendo adecuadamente sus necesidades fundamentales.

No ha de haber engaño, ni falsas promesas, ni mentiras. No se trata de llegar al poder, para obtenerlo y aferrarse a él, por las gollerías, beneficios y privilegios que este nos aporta, sino para ayudar a resolver los problemas de convivencia y velar por el Bien Común.

El gran reto es gobernar con justicia en un mundo en el que si no se distribuye con equidad, siempre habrá quienes padezcan escases. No podemos promover, ni aspirar a la acumulación de riquezas, ni a ninguna clase de excesos, mientras por otro lado hay escases.

¿Es que debemos ser todos iguales?

No, tampoco se trata de forzar a la igualdad, porque aunque somos iguales en dignidad, somos distintos. Cada quien tiene sus propias necesidades y aspiraciones, así como cualidades, capacidades y virtudes y debemos tener la posibilidad de ejercerlas a plenitud.

Sin embargo ello no puede depender de la usurpación de los bienes o potencialidades de otro, sino del mutuo entendimiento, de la razón y del ejercicio del amor. Necesitamos vivir en comunidad, complementándonos y ayudándonos unos a otros.

Esta es la novedad que Jesucristo nos trae. Diríamos que Él es la confirmación que es posible vivir amándonos los unos a los otros como Él mismo nos ha amado. Es decir, dispuestos a darlo todo, sin esperar nada a cambio. Esto es lo que nos manda Dios.

Invitados a fundar una nueva civilización

En realidad estamos invitados a fundar una nueva civilización fundada en el amor, que no es otra cosa que en el servicio a los demás. No debemos esperar mayor distinción ni honra que la certeza de haber pasado por este mundo sirviendo cuanto pudimos a nuestros hermanos.

Nuestra oración, nuestros pensamientos cada mañana tendrían que estar orientados a discernir cómo vamos a servir, cómo seremos útiles a nuestros hermanos, a nuestra familia, a nuestra sociedad. ¿Qué de útil y bueno habremos de aportar hoy?

No hay otra forma de amar a Dios y de estar por lo tanto centrado en la vida, que amando a nuestro prójimo. Hemos sido creados para el amor y es para ello que debemos vivir, porque solo así seremos felices y alcanzaremos la plenitud que anhelamos.

El primero entre ustedes, que sea su esclavo

La aspiración, la medida del amor, de la distinción y del honor que Dios formula es realmente inalcanzable. Hemos de hacernos esclavos ¿Cómo puede ser posible ello, si llevamos toda nuestra historia luchando por nuestra libertad?

Es más, la historia de la humanidad podríamos resumirla como la lucha permanente por obtener la libertad. Libertad económica, libertad de tránsito, libertad de opinión, libertad de sentimientos, libertad religiosa, libertad de cuanta contingencia pudiera atarnos o aprisionarnos.

¿Cómo podemos lograr esta libertad si nos hacemos esclavos? Esta es precisamente la paradoja de la cruz, la paradoja de la prédica de Cristo. Solo seremos libres en la medida que nos hagamos esclavos del amor, por amor y para el amor.

¿Lo que Dios nos propone es imposible?

Efectivamente, es imposible. Pero no podemos olvidar que lo que es imposible para los hombres es posible para Dios. Esto quiere decir que necesitamos contar con Él. Que no lo lograremos sin Su participación.

La Buena Noticia que nos trae Jesucristo es esta, precisamente. Que contamos con Dios. Que esa es Su Voluntad y que por lo tanto no hay nada que se le pueda oponer con éxito. O, dicho de otro modo, nuestra victoria está garantizada. Lo lograremos, porque eso es lo que Él quiere.

Entonces, ¿qué debemos hacer? Disponernos a hacer Su Voluntad, pero no sin antes orar profunda, sincera e indesmayablemente pidiendo que se haga Su Voluntad. Solamente Él nos hará capaces de alcanzar lo que librado a nuestras fuerzas y nuestras capacidades sería imposible.

Oración

Padre Santo, danos la Gracia de amar a nuestros hermanos hasta el extremo de hacernos esclavos suyos, a su servicio. Que seamos capaces de persuadirlos, con nuestro ejemplo, de anteponer el servicio en todo acto, antes que el privilegio y cualquier otro beneficio, que no sea conseguir Tu mayor Gloria. Te lo pedimos por Tú Hijo Jesucristo, nuestro Señor, que contigo vive y reina, en unidad del Espíritu Santo y es Dios, por los siglos de los siglos…Amén.

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