Lo estás viendo

Lo estás viendo – Juan 9,1.6-9.13-17.34-38

Lo estás viendo

«¿Crees tú en el Hijo del hombre?» Él contestó: «¿Y quién es, Señor, para que crea en él?» Jesús le dijo: «Lo estás viendo: el que te está hablando, ése es.» Él dijo: «Creo, Señor.» Y se postró ante él.

Domingo 4to de Cuaresma – Ciclo A | 22 de Marzo del 2020 | Por Miguel Damiani

Lecturas de la Fecha:

• Samuel 16,1b.6-7.10-13a
• Salmo 22,1-3a.3b-4.5.6
• Efesios 5,8-14
Juan 9,1.6-9.13-17.34-38

Reflexión sobre las lecturas

Lo estás viendo

Las lecturas de hoy tienen que ver con aprender a ver al mundo como Dios lo ve. Es que Dios no ve ni valora las situaciones, ni las actitudes de los hombres como nosotros las vemos. La perspectiva Divina es muy distinta a la humana.

Tal vez esta sea la principal dificultad que tenemos para creer en Dios. Por ignorancia o por falta de reflexión y meditación en la Palabra del Señor, asumimos que Él debe pensar y querer lo mismo que nosotros, lo que constituye un error.

Es más bien el proceder inverso en el que debemos ejercitarnos. Es decir que somos nosotros los que debemos escudriñar y discernir los criterios, preferencias y designios del Señor, para ajustar nuestras vidas a ellos. ¿Por qué?

Lo estás viendo

Lo estás viendo: Él es Dios

Porque Él es Dios. Él es la Sabiduría, lo que quiere decir que no hay posibilidad de error en Él y lo que nos comunica es Verdad, es infalible, es correcto. Por lo tanto lo razonable es que nosotros nos ajustemos a Él y no a la inversa.

Nuestra soberbia y engreimiento nos hacen consentir que Dios, nuestro Padre, debía darnos lo que nosotros queremos o pedimos, como si de lo que se tratara es de consentirnos, de mimarnos. Pero esto no es correcto.

Dios no está dedicado a hacer lo que queremos o lo que nos gusta. No está dedicado a complacer nuestros deseos. Ese no es su papel, aunque, por cierto, es el rol mayormente difundido entre nosotros los creyentes.

A Dios la debemos obediencia

Se trata de una mala interpretación, que probablemente sin mala voluntad, han inculcado entre nosotros los que nos han precedido en la fe. Con el afán de enseñarnos a confiar en Dios nos han hecho entender que ello equivale a esperar que a la larga nos consentirá.

Pero en eso no consiste la Vida Cristiana, sino más bien en obedecer Sus mandatos y de este modo seguir por el Camino que Jesucristo nos señala. ¡Esa es Su Misión! Por eso nos dice que Él es el Camino, la Verdad y la Vida. Por Él llegamos a la Vida Eterna.

Pero este “por Él” no quiere decir que arbitrariamente nos escoge, se parcializa con uno de nosotros y sin importar lo que hagamos o lo que hayamos hecho, nos “pasa de curso” (por decirlo de algún modo), porque somos sus favoritos. De ninguna manera.

Dios tiene una visión distinta

Precisamente en estas lecturas se aclara que nuestros criterios no son los de Dios. En la primera lectura Samuel ve a Eliab, el mayor de los hijos de Jesé, y lo ve guapo, fornido y de la pinta que según él reuniría los requisitos del Señor.

Sin embargo no fue así. Todos los hijos de Jesé desfilaron y todos fueron descartados, menos el último, David, que por ser el menor y más débil seguramente, se quedó pastoreando y no fue convocado para esta selección.

Este fue el elegido por el Señor porque tal como dice la Escritura “Dios no ve como los hombres, que ven la apariencia; el Señor ve el corazón.” Aquí un ejemplo muy claro de la forma tan distinta que tiene el Señor de ver el mundo.

Cristo es la luz del mundo

En la segunda lectura Pablo nos dice muy claramente: “En otro tiempo eran tinieblas, ahora son luz en el Señor. Caminen como hijos de la luz –toda bondad, justicia y verdad son fruto de la luz–, buscando lo que agrada al Señor…”

Subrayemos: “buscando lo que agrada al Señor”. Esa debe ser nuestra tarea permanente. Es lo que a Él le agrada lo que buscamos hacer, en vez de esperar, como usualmente hacemos, que Él haga lo que nosotros queremos. ¿Eso no es lo que pedimos en nuestras oraciones?

La segunda lectura termina diciéndonos: «Despierta, tú que duermes, levántate de entre los muertos, y Cristo será tu luz.» Es claramente una invitación a optar por la mirada de Cristo, porque Él es la luz. Su visión es la correcta. Él nos conduce a la Verdad.

Si no ves como Dios, no estás viendo

Mientras no nos demos cuenta de esta diferencia, mientras insistamos en hacer prevalecer nuestra visión, nuestra percepción, nuestra idea, incluso nuestra razón, por encima de la de Cristo, estaremos durmiendo entre los muertos.

Esta es una expresión muy fuerte. Pasaremos como muertos por esta vida, es decir a oscuras y totalmente fuera de foco, sino adoptamos la mirada de Jesús, sus criterios, sus valores. ¿Cómo podremos hacerlo si no lo conocemos? De allí que oírlo y luego hacer lo que nos manda sea nuestra primera tarea.

El evangelio nos confirma lo expresado anteriormente. El ciego, es decir el hombre que no puede ver, recuperará la vista una vez que hace lo que Jesús le manda. Cristo sin duda hará su parte. Pero para alcanzar la visión tenemos que obedecerle, tal como lo hizo el ciego. ¿Lo haremos?

La recompensa será verlo, en el sentido más amplio, del que ese “Lo estás viendo” es tan solo un anticipo. Un prodigio semejante alcanzaremos los que creemos y obedecemos Sus mandatos. Pasaremos a la vida en la que Cristo será nuestra luz.

Oración:

Padre Bueno, te pedimos que nos permitas entender que es a Tu Voluntad a la que debemos ajustarnos, porque Tú sabes mejor que nosotros lo que nos conviene, lo que está bien, lo que nos permitirá dar los frutos esperados en esta vida, que servirán como cimiente de la Eterna. Te lo pedimos por Jesucristo nuestro Señor, que contigo vive y reina, en unidad del Espíritu Santo, por los siglos de los siglos…Amén.

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