Juan 15,18-21 – Al elegirlos los he sacado del mundo

Al elegirlos los he sacado del mundo

«Si el mundo los odia, sepan que a mí me ha odiado antes que a ustedes. Si fueran del mundo, el mundo amaría lo suyo; pero, como no son del mundo, porque yo al elegirlos los he sacado del mundo, por eso los odia el mundo.

Sábado de la 5ta Semana de Pascua | 05 Mayo 2018 | Por Miguel Damiani

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Reflexión sobre las lecturas

Al elegirlos los he sacado del mundo

Meditemos en aquello de habernos elegido. Es un concepto muy fuerte para asimilarlo de un momento a otro. Como muchos, pensaba que yo había decidido seguir al Señor. Ahora resulta que lo sigo porque Él me ha elegido.

¡Qué forma de elegir tan singular que tiene el Señor! Es muy distinta a la nuestra. Resulta que poco a poco y con la ayuda de nuestro discernimiento, la oración, los sacramentos y Espíritu Santo nos va persuadiendo que es con Él con quien debemos estar, que es a Él a quien debemos seguir.

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Es como un enamorado o enamorada que poco a poco va atrayéndonos hacia Él, hasta que caemos rendidos a sus pies. ¿Cuánto tendríamos que aprender de su trato delicado, del respeto por nuestra libertad? El Señor cautiva, no invade, no impone.

Muy pronto y sin darnos ni cuenta se va desplegando ante nuestros ojos esta verdad que inicialmente escapaba a nuestras conciencias: Él nos ha elegido. Por eso cada día nos resulta más difícil dejarlo. Por el contrario, con cada cosa que hacemos vamos afianzando más esta relación.

Somos de Él o de nadie. Pero este amor apasionado y profundo empieza a traslucirse en cada uno de nuestros actos, en cada una de nuestras palabras, en cada mirada. Resulta imposible ocultar. Se convierte en la razón de nuestra existencia.

Entonces surge el maligno, que envidioso empieza a ponernos obstáculos a cada paso. Empezamos a hablar un idioma distinto, proscrito por la sociedad, que nos delata e irrita a cuantos son de este mundo. No encajamos.

Muy pronto empezamos a ser la comidilla de estos, que empiezan a murmurar en las esquinas y a burlarse de nuestro comportamiento exótico, anticuado y anacrónico. Somos los tontos que con nuestras ideas y escrúpulos malogramos los negocios y maquinaciones de otros.

Pronto nos transformamos en obstáculo para sus aspiraciones y empiezan a urdir planes contra nosotros. Es preciso eliminarnos de la escena para seguir con sus propósitos. Buscan alianzas ricas, ambiciosas y poderosas. Con su apoyo empieza la persecución.

Hay que callarnos como sea. Evitar que hablemos y nos manifestemos de cualquier modo. Destruyen nuestros símbolos y desprestigian a los nuestros. Prohíben toda manifestación pública de adhesión a Dios, la Verdad y la Vida.

Inventan un nuevo lenguaje, sin alusiones al amor, a lo santo o a Dios, o en todo caso, con significados totalmente tergiversados o devaluados. Así resulta que nuestro Dios escomo cualquier otro dios y que del mismo modo que los otros no ocupan la escena pública, tampoco el nuestro debe hacerlo, como si fueran iguales.

Inventan derechos que finalmente legitiman crímenes como el aborto o la eutanasia. Promueven la promiscuidad sexual destruyendo el matrimonio y la familia, pilares del amor y la vida, sobre los que se sostiene la sociedad humana.

Aprovechando la confusión en la que sumen al hombre con la ayuda de los medios de comunicación, fomentan una cultura de muerte en la que se entroniza al Dinero, el egoísmo y el placer. Se tergiversan los valores fomentando el éxito como la razón de la existencia y equiparándolo con la riqueza y el poder.

¿A quién puede extrañar que en un mundo así concebido se termine odiando todo aquello que tenga que ver con Dios, Jesucristo y la Salvación? No hay cabida para estas ideas, para este modo de vida, ni para quienes lo promuevan.

Oración:

Padre Santo, danos el coraje de mantenernos firmes en la fe y el amor a Cristo, a pesar de los embates de las corrientes ideológicas que solo quieren sacarte de nuestras vidas, porque constituyes un obstáculo para sus propósitos egoístas y perversos. Te lo pedimos por Jesucristo nuestro Señor, que contigo vive y reina, en unidad del Espíritu Santo y es Dios, por los siglos de los siglos…Amén.

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