el mudo habló – Mateo 9,32-38

el mudo habló

“En aquel tiempo, presentaron a Jesús un endemoniado mudo. Echó al demonio, y el mudo habló.”

Martes de la 14ta Semana del T. Ordinario | 09 de Julio del 2018 | Por Miguel Damiani

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Reflexión sobre las lecturas

el mudo habló

La presencia del demonio en nuestras vidas es mucho más fuerte y determinante de lo que estamos dispuestos a admitir. Él nos tiene fuertemente atados y apocados, de tal modo que no sentimos ni ganas de hablar. Preferimos el silencio y la mudez al oprobio.

Y es que el mundo, como el Señor nos lo dice, es contrario a Dios. Las reglas de este mundo, el modo de vida por todos aceptado, es contrario al Evangelio. Nos cuesta creer. Nos resistimos a pensarlo si quiera, pero es verdad.

el mudo habló

«En aquel tiempo, presentaron a Jesús un endemoniado mudo. Echó al demonio, y el mudo habló.»

Los hombres, hacemos todo lo posible por adaptarnos. Para ello nos sometemos a los sistemas educativos. Los buenos modales, los dones de gente, no son otra cosa que la muestra evidente y objetiva de la adaptación de nuestras actitudes a aquello que el mundo promueve y alaga.

¿Cómo podemos ser cristianos y al mismo tiempo “ciudadanos ejemplares de este mundo”, es decir adaptados a nuestro tiempo y nuestra sociedad? No hay nada más alejado de lo políticamente correcto y aceptado que el proceder cristiano.

No queremos admitirlo y nos molesta el tener si quiera que considerarlo, pero lo cierto es que ser cristiano y ser un “buen ciudadano de este mundo” son expresiones de posiciones antípodas y repelentes, como el agua y el aceite.

Esto no quiere decir que a los cristianos nos hayan robado la sonrisa, la alegría y la naturalidad, sino que estas no son producidas por las cosas de este mundo. No se trata de mal humor ni resentimiento. Hemos de luchar para evitar esta confusión.

«En aquel tiempo, presentaron a Jesús un endemoniado mudo. Echó al demonio, y el mudo habló.»

Lo cierto es que, por más que nos esforcemos, siempre encontraremos quienes nos condenen por ser como somos, señalando que obedecemos a demonios. La confusión es el arma del demonio. En ella él es experto.

Pero nosotros, los cristianos, a ejemplo de Cristo, no nos detengamos a justificarnos y a dar explicaciones a estos fariseos hijos de satán, que lo único que buscan es desprestigiarnos y siempre encontrarán la forma de tergiversar lo que decimos y las razones de nuestro proceder.

Nosotros sigamos adelante viviendo cristianamente y haciendo el bien, a tiempo y a destiempo, echando demonios y curando a quienes nos piden. Los demonios que aprisionan a las personas huirán ante la sola presencia de la Verdad.

Seamos portadores de Verdad y luz, sin dejar de conquistar los corazones con la alegría y la paz cristianas. Alegría y paz que tienen su sustento en la Buena Nueva del Reino y la Resurrección del Señor. ¡Cristo ha vencido al Mundo! Eso es lo que debemos dar a conocer.

No tengamos miedo ni nos dejemos amilanar. No estamos aquí para ganar simpatías de los adoradores de Satán. Será frecuente que nos contradigan, rechacen y calumnien. Nuestras palabras serán mal interpretadas y tergiversadas.

Pidamos al Dios de la Sabiduría y la Verdad que no permita que nos atemoricemos y nos dejemos confundir, sino que por el contrario sepamos mantenernos firmes en la fe, con humildad, sin aspavientos y con alegría.

Oración:

Padre Santo, te pedimos que nos permitas desatar nudos, liberando a nuestros hermanos de sus ataduras, para que, dando cauce a Tu Espíritu de Luz y Verdad que vive en todos nosotros, seamos capaces de amarte, manifestando alegremente las Bendiciones que de Ti hemos recibido. Te lo pedimos por Jesucristo nuestro Señor, que contigo vive y reina, en unidad del Espíritu Santo y es Dios, por los siglos de los siglos…Amén.

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