el día del juicio

el día del juicio – Mateo 11,20-24

el día del juicio

“…si en Sodoma se hubieran hecho los milagros que en ti, habría durado hasta hoy. Les digo que el día del juicio le será más llevadero a Sodoma que a ti.”

Martes de la 15ta Semana del T. Ordinario | 16 de Julio del 2019 | Por Miguel Damiani

Lecturas de la Fecha:

Reflexión sobre las lecturas

el día del juicio

Todo en esta vida tiene fecha de caducidad. Todos los plazos se cumplen. Tarde o temprano llega la hora de dar explicaciones. Poco importa que algunos vivamos como si estuviéramos por encima de la ley o como si esta no tuviera nada que ver con nosotros.

Llegará el momento en que todos habremos de dar cuentas, sea que lo creamos o no. Este día no podremos seguir con la estrategia de la avestruz, ocultando nuestra cabeza, porque no habrá lugar donde meterla. Tendremos que hacerle frente al juicio.

Todo se verá y se sabrá exactamente, como se puede ver lo que hace un individuo en medio de un escenario callejero al medio día. ¡Nada quedará oculto! ¡No habrá excusas, ni posibilidad de inventarlas para aminorar nuestra responsabilidad!

el día del juicio

Vivamos como el día del juicio

Si somos inteligentes, y qué duda cabe que lo somos, debemos proponernos vivir cada segundo de nuestras vidas, como si en el próximo hubiera de llegar el día del juicio, es decir, obrando siempre el bien, conforme nos fue enseñado.

Este reviste mayor exigencia para cuantos hemos tenido la bendición de crecer en una familia cristiana y asistir a un buen colegio, en una sociedad pacífica, en la que se nos transmitió la fe. Este es un privilegio poco común, que sin embargo no aquilatamos.

Es a quienes hemos tenido este privilegio a quienes se dirige hoy el Señor. No es posible que habiendo recibido todo a manos llenas, lo echemos por la borda y actuemos con resentimiento, con despecho, como parásitos o como aves carroñeras.

No reniegues de tus mayores

Tal vez a quien no tuvo familia, quien por lo tanto tal vez no pudo acceder a una buena educación se le puede aceptar que proceda como quien desconoce la historia y la tradición que transmiten los mayores, porque no tuvo la bendición de conocerlos.

Pero quien ha tenido familia creyente y por voluntad de sus padres pudo recibir una formación cristiana, no se le puede aceptar que desconociendo estos valores y menospreciando el esfuerzo que hicieron sus mayores reniegue y repudie cuanto recibió para abrazar el camino opuesto.

¿Qué otra cosa puede merecer, sino su condenación? ¿Cómo podemos juzgar con tanta ligereza lo que nuestros padres, abuelos y ancestros hicieron por nosotros? ¿Es que no estamos en deuda con ellos? ¿Es que hubiéramos podido salir a flote sin pararnos sobre sus hombros?

Hagamos inventario

Llegará tarde o temprano el fin de nuestros días. Hagamos inventario de todo aquello que recibimos, especialmente de cuanto nuestros padres y nuestros mayores pusieron en nuestras manos. Preguntémonos: ¿conocemos lo que les costó entregarnos el testimonio?

Tal vez nunca nos hemos detenido a pensarlo o tal vez cuando lo hemos hecho tan solo hemos pensado en los términos que este mundo espera, es decir en términos monetarios. ¿Es que solo cuenta la herencia que puede convertirse en dinero?

¿Tu padre y tu madre, tus abuelos, tus tíos, tu familia, no compartieron algo más que el apellido o la renta? ¿Es que no te enseñaron a creer en Dios y a esperar su justicia? ¿Es que no te hablaron de la rectitud, del amor, de la verdad y la vida eterna?

¿Es que todos fueron necios? Si ellos trajeron hasta ti los Evangelios y la prédica de Jesús después de 2 mil años, ¿no crees que vale la pena hacer el esfuerzo por comprender lo que te dejaron en lugar de despreciarlo, como si nada de ello importara?

Definitivamente, porque tú has juzgado así, con desprecio o sin memoria lo que ellos te dejaron, lo que ellos te dieron, el día del juicio será más duro para ti que para ellos o para Sodoma, pues tú conociste toda esta historia y decidiste ignorarla.

Bajarás al infierno. Porque si en Sodoma se hubieran hecho los milagros que en ti, habría durado hasta hoy. Les digo que el día del juicio le será más llevadero a Sodoma que a ti.

Oración:

Padre Santo, aparta de mi mente, mi corazón y mi voluntad todo juicio errado hacia mis padres, hacia mis mayores y el legado que me dejaron. Que sepa aquilatarlo, valorarlo y construir sobre sus cimientos. Tal como mis rasgos físicos hablan muchas veces de ellos, que mi proceder hable de la fe en Dios que ellos me transmitieron. Te lo pedimos por Jesucristo nuestro Señor, que contigo vive y reina, en unidad del Espíritu Santo y es Dios, por los siglos de los siglos…Amén.

(9) vistas

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *