Denles ustedes de comer

denles ustedes de comer – Mateo 14,13-21

denles ustedes de comer

Mateo 14,13-21 – denles ustedes de comer

…despide a la multitud para que vayan a las aldeas y se compren de comer.» Jesús les replicó: «No hace falta que vayan, denles ustedes de comer.»

Domingo de la 18va semana del T. Ordinario| 02 Agosto del 2020 | Por Miguel Damiani

Lecturas de la Fecha:

Reflexión sobre las lecturas

Denles ustedes de comer

De un momento a otro, siguiendo a Jesús, los discípulos caen en cuenta que se han alejado demasiado de la ciudad y que está anocheciendo, así que es mejor mandar a sus casas a la gente que va tras Jesús, de otro modo van a pasarla muy mal ya que no tienen comida.

El problema que se presenta es razonable y la reacción de los discípulos es humanamente comprensible y lógica. Sin embargo no es así para el Señor, que espera siempre que sepamos que Él está con nosotros, que Él es nuestro auxilio y que por lo tanto no hay por qué preocuparse.

Esta precisamente ha de ser la diferencia entre un hombre cualquiera, un gentil que no cree en Dios y un verdadero seguidor de Cristo. Nosotros nos decimos cristianos, es decir creyentes en Dios y en Jesucristo, ¿nos comportamos de este modo cotidianamente?

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Origen de la Pandemia

¿Qué es lo que estamos viviendo en este 2020, a partir de marzo, en el mundo entero? ¿Es efectivamente una Pandemia? ¿Estamos seguros que su origen ha sido completamente natural? ¿No ha sido más bien creada, tal como lo muestran las evidencias?

¿Y si el virus ha sido manipulado, tal como lo afirma el premio Nobel en Medicina Luc Montangniere y luego liberado como parte de un plan cuidadosamente elaborado tal como lo sugiere el evento “científico” 201 desarrollado en 2019?

¿Si el virus y la Pandemia son el resultado de actos urdidos y premeditados deliberadamente, con inconfesables propósitos políticos y económicos como lo sugieren cada vez más importantes ideólogos y políticos, e incluso médicos, cuál debía ser el proceder cristiano?

Denles ustedes de comer

¿Hemos de mantenernos encerrados en nuestras casas, cuidándonos y acatando las órdenes de nuestros gobernantes y las disposiciones de entidades e instituciones globales que al parecer tienen interés que se acaten estas medidas contrarias al sentido común y a la salud corporal y económica de nuestros pueblos?

¿Qué nos dice el Señor en estas lecturas? Que es Él quien nos da gratis lo que necesitamos. Que estando con Él, no podemos pretender resolver los problemas que se nos presentan, prescindiendo de Su participación, que es capaz de hacer toda la diferencia.

¿De qué nos asustamos? ¿Por qué nos damos por vencidos sin acudir a Él como Él mismo nos enseña a hacerlo? Tenemos al frente un gran problema. Un diabólico enemigo nos ha cercado y pretende someternos, aun a costa de nuestras vidas. ¿Qué debemos hacer?

¿Dejarnos conducir como corderos al matadero? ¿No tenemos la responsabilidad de proteger a nuestras familias, a nuestros padres, hermanos, mujeres e hijos? ¿No tenemos que velar por la verdad y la justicia? ¿Qué cuentas daremos de lo que se nos confió?

Médicos por la verdad

Estamos viendo que en Alemania, luego en España y en estos últimos días en Argentina han levantado sus voces agrupaciones de médicos, “Médicos por la Verdad” que ponen en entre dicho todo lo que viene sucediendo y especialmente todo lo relacionado a la seudo Pandemia. ¿Cuál debe ser el proceder cristiano?

¿Cuál debía ser el proceder de la jerarquía de la Iglesia? ¿No es que se han cerrado los templos y suprimido los Sacramentos atendiendo a una farsa, más aún, a un crimen, a un genocidio organizado? ¿Es que no le queda otra a la Iglesia que obedecer?

La actitud que por disposición de nuestras autoridades religiosas hemos asumido todo el pueblo cristiano, ¿no denota falta de fe? ¿Dónde quedó ese “denles ustedes de comer” obviamente confiados en la providencia del Señor?

Para Dios nada es imposible

No se trata de calcular lo que podemos hacer, porque ello no será nunca suficiente para luchar contra el descomunal enemigo que enfrentamos. Se trata de confiar, de saber que contamos a nuestro lado con Jesucristo y que con Él somos invencibles.

Cuando el Señor dice a sus discípulos “denles ustedes de comer”, ¿será muy forzado entender que les dice “háganse cargo del problema, asúmanlo, enfréntenlo”? El Señor nos manda a involucrarnos, a atender el problema, con la solución que impone el sentido común.

La pregunta que naturalmente se hacen los discípulos y nos haríamos cualquiera de nosotros en una situación similar es “¿cómo pretender proveer esta solución si tenemos recursos tan escasos?” Y, allí es precisamente donde nuestra fe juega un papel fundamental.

Todo lo podemos en Cristo

¿Creemos o no creemos en Dios? ¿Creemos o no creemos en las promesas de nuestro Señor Jesucristo? Él mismo nos dice: “Eh aquí que estaré con ustedes hasta el fin de los tiempos”. ¿Esta promesa no debía ser suficiente para responder todas nuestras dudas e interrogantes?

¿Qué es lo que nos enseña el Señor en esta situación? ¿No es justamente a contar con Él? ¿A hacer nuestros planes, a afrontar nuestras dificultades contando con Él? Solos será imposible, pero nosotros no estamos solos. ¡No somos huérfanos!

Tenemos un Padre que es más poderoso que todo mal, que toda enfermedad, que toda plaga y que toda acechanza del demonio. ¡Invoquémoslo, llamémoslo, contemos con Él y salgamos a hacer frente a toda adversidad, dando por hecho que, si la intención es recta, Él estará de nuestro lado.

Reconozcamos a nuestro enemigo

Esta es una lección que tiene aplicación en los días que estamos viviendo. Hay un problema que todos juntos debemos afrontar. Hay enemigos que asolan y por lo tanto debemos enfrentar. No podemos dejar al Pueblo de Dios a merced de los lobos.

Hoy nos amenazan, además de un virus malintencionadamente manipulado y liberado, unas medidas sanitarias incoherentes dictadas intencionalmente con el propósito de incrementar la mortandad y el daño del mismo, ocasionando tal vez la peor crisis económica en la historia de la humanidad.

Todo esto es facilitado por políticos corruptos que muy prestos se han puesto a disposición de los grandes poderes mundiales que dirigen esta ofensiva contra la humanidad, a cambio de las dádivas y prebendas que estos poderes están en capacidad de ofrecer.

Políticos, medios de prensa, médicos y científicos inescrupulosos, egoístas y mercantilistas no han dudado un segundo en ponerse al servicio de quienes les han ofrecido pingues ganancias a cambio de ocultar la verdad, promoviendo su mentira, con el aparente buen propósito de cuidar la salud de la humanidad.

Tenemos el mayor poder del universo

Ya nos decía San Juan Pablo II, “el mal nunca podrán ser el camino para el bien”. Lamentablemente a esta causa también se han unido en la práctica, con su silencio y anuencia, amplios sectores de la Iglesia e inmensas multitudes en el mundo, que han aceptado a rajatabla las medidas adoptadas.

¡Es tiempo de liberarnos! ¡No podemos seguir siendo cómplices de esta patraña! ¡Es obvio que las autoridades, los medios de prensa, los científicos y médicos al servicio de esta causa, no nos están llevando a la solución del problema!

¿Qué debemos hacer? Apoyar todo movimiento que como “Médicos por la Verdad” dan un paso adelante para enfrentar esta mentira. El monstruo es gigantesco, pero nosotros tenemos al mayor poder del Universo a nuestro lado: Jesucristo, el Señor.

Oremos y venceremos

¡No dudemos! Empecemos a avanzar en dirección de la verdad. ¡No tengamos miedo! Enfrentemos a satanás allí donde se nos presente, confiando en Dios, confiando en Jesucristo que ya ha vencido al mundo. ¡Oremos! Llevemos al cielo un alma y mil más.

¡No le hagamos juego al demonio! ¡Aclaremos las cosas! ¡Pidamos transparencia! ¡Pidamos eficiencia! ¡No congeniemos con la corrupción y la mentira! ¡No le demos un centímetro de ventaja! El demonio y la mentira son traicioneros por naturaleza. No confiemos en ellos.

Unámonos todos en oración y salgamos a defender la justa razón, la verdad y la libertad. Con el Señor de nuestro lado proveeremos a Su Pueblo de lo que hoy busca y necesita.

Oración:

Padre nuestro, aunque algo tarde, permite que sigamos abriendo los ojos, para ver lo que es evidente, contagiando a nuestros hermanos y a la sociedad entera el optimismo para retomar el Camino que Tu nos señalas, afrontando con valor y sabiduría todo obstáculo, depositando nuestra confianza en Ti. Te lo pedimos por Jesucristo nuestro Señor, que contigo vive y reina, en unidad del Espíritu Santo y es Dios, por los siglos de los siglos…Amén.

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