de miedo se pusieron a gritar – Mateo 14,22-36

agosto 7, 2018

de miedo se pusieron a gritar

“Los discípulos, viéndole caminar sobre el mar, se turbaron y decían: «Es un fantasma», y de miedo se pusieron a gritar. Pero al instante les habló Jesús diciendo: «¡Ánimo!, que soy yo; no teman. »”

Martes de la 18va Semana del T. Ordinario | 07 de Agosto del 2018 | Por Miguel Damiani

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Reflexión sobre las lecturas

de miedo se pusieron a gritar

En nuestra reflexión de hoy, queremos centrarnos en un aspecto que con frecuencia pasamos por alto y sin embargo nos sitúa de modo inobjetable en la emoción de aquél momento. Y es que, no es para menos. ¡No es usual ver a gente caminando sobre el agua!

Esta historia está narrada precisamente por que sorprendió y dejo embobados a los discípulos que seguramente hablaron de este episodio por el resto de sus días. Es que no había día que Jesús no los dejara perplejos y admirados.

de miedo se pusieron a gritar

No es solamente lo que hacía, de por sí sorprendente y sin explicación lógica alguna, a no ser que se reconociera que se trataba de Dios o del Hijo de Dios, tal como Él lo venía diciendo. A ello había que agregar lo que decía, lo que enseñaba.

Habla con autoridad, lo registran sus discípulos en varias ocasiones. Es decir, era sumamente persuasivo y sorprendente. Era totalmente creíble, porque hablaba con la verdad. Entendemos que era imposible no empatizar con Él. Claro, sencillo y preciso.

No se andaba con rodeos y contrariamente a la fama que le han querido crear sus detractores y enemigos, hablaba para los más pobres y sencillos. Eran ellos los que lo entendían con mayor facilidad. Muy lejos de ser enredados y complejos los discursos de Jesús.

“Los discípulos, viéndole caminar sobre el mar, se turbaron y decían: «Es un fantasma», y de miedo se pusieron a gritar. Pero al instante les habló Jesús diciendo: «¡Ánimo!, que soy yo; no teman. »”

Por eso tenemos que dudar de todos aquellos supuestos seguidores que nos vienen con fórmulas secretas, con ritos ocultos y palabras extrañas. ¡Nada más alejado del modo de hablar de Jesús! Sus enseñanzas fueron y son sorprendentemente claras.

Solo son oscuras y difíciles, para quienes quieren enredarlas, porque no se ajustan a sus intereses. Solo son duras para aquellos que tienen mucho y no están dispuestos a perder su riqueza, su poder, su prestigio o su comodidad.

Diríamos, pues, que tan sorprendente como los muchos milagros que presenciaron sus discípulos, fueron sus enseñanzas. Y es que Su Palabra tiene el poder de transformar y salvar la vida del que lo escucha. Esa es una característica ÚNICA.

Se trata de la PALABRA DE DIOS, no lo perdamos de vista. De ello no hay la menor duda, no solo porque los discípulos han testificado y escrito lo que oyeron de sus labios, habiendo comprobado por sus milagros que era Hijo de Dios, tal como decía, sino por el poder intrínseco y único que tienen sus palabras, de lo que podemos dar fe los cristianos.

“Los discípulos, viéndole caminar sobre el mar, se turbaron y decían: «Es un fantasma», y de miedo se pusieron a gritar. Pero al instante les habló Jesús diciendo: «¡Ánimo!, que soy yo; no teman. »”

No hay nadie que se pueda resistir a Su Palabra. Por eso no podemos dejar de recomendar la lectura y reflexión diaria de los Evangelios, siguiendo el Plan que propone la Iglesia en el Calendario Litúrgico. Estos son el Camino de la Salvación.

Tal como dice Pedro: Señor a quién iremos; solo Tú tienes Palabras de Vida Eterna. ¡Prestemos atención a lo que nos dice Pedro! No se trata de palabras huecas y sin sentido. No es adulación barata y mucho menos una exclamación por salir del paso.

La Palabra de Dios, la Buena Noticia, los Evangelios, tienen poder para Salvarnos. ¡No es poca cosa lo que estamos diciendo! Escuchemos al Señor y hagamos lo que nos manda. De eso trata la fe cristiana. Eso es todo lo que tenemos que hacer. Nada más.

De esto que estamos diciendo tenemos decenas y aun centenas de ejemplos muy conocidos y registrados en la historia. Son los santos, algunos de los cuales, los más selectos y escogidos, según nuestros criterios, la Iglesia tiene por costumbre celebrar cada día del año. Pero hay muchísimos más que no por no ser tan conocidos son menos santos.

“Los discípulos, viéndole caminar sobre el mar, se turbaron y decían: «Es un fantasma», y de miedo se pusieron a gritar. Pero al instante les habló Jesús diciendo: «¡Ánimo!, que soy yo; no teman. »”

Empecemos, entonces, por aproximarnos a los evangelios. Si abrimos nuestro corazón, es decir que si nos acercamos sin prejuicios y buscando con sinceridad al Señor, Él saldrá a nuestro encuentro y nos sorprenderá la claridad con la que nos hablará directo al corazón.

Si perseveramos un mes, tres meses, dos años, 10 años…nuestra vida no volverá a ser nunca más la misma. En muy poco tiempo empezará una transformación tal, que tú serás el primero en notar y los demás te lo harán saber. ¡Este es el Camino de Santidad al que todos estamos llamados! Camino que, por supuesto, molesta al tentador.

Todo está en comenzar. La transformación se dará, a veces de modo imperceptible y otras con grandes saltos y profunda consolación. ¡No tengamos miedo! ¡Jesucristo ha vencido al mundo, al pecado, la oscuridad, la muerte, la mentira y al demonio!

Oración:

Padre Santo, danos la perseverancia necesaria para no abandonar el Camino de la oración –nuestro Rosario diario, de ser posible-, la reflexión diaria del Evangelio y la Eucaristía frecuente, tanto como el alimento del cuerpo. Te lo pedimos por Jesucristo nuestro Señor, que contigo vive y reina, en unidad del Espíritu Santo y es Dios, por los siglos de los siglos…Amén.

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