Lucas 12,49-53 – he venido a traer fuego

agosto 14, 2016

Yo he venido a traer fuego sobre la tierra, ¡y cómo desearía que ya estuviera ardiendo!

Texto del evangelio Lc 12,49-53 – he venido a traer fuego

49. Yo he venido a traer fuego sobre la tierra, ¡y cómo desearía que ya estuviera ardiendo!
50. Tengo que recibir un bautismo, ¡y qué angustia siento hasta que esto se cumpla plenamente!
51. ¿Piensan ustedes que he venido a traer la paz a la tierra? No, les digo que he venido a traer la división.
52. De ahora en adelante, cinco miembros de una familia estarán divididos, tres contra dos y dos contra tres:
53. el padre contra el hijo y el hijo contra el padre, la madre contra la hija y la hija contra la madre, la suegra contra la nuera y la nuera contra la suegra».

Reflexión: Lc 12,49-53

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Lucas 12,49-53 he venido a traer fuego

¿Qué clase de Misión ha venido a cumplir Cristo entre nosotros? Sus palabras son como para erizar a cualquiera. ¿Quién es este? ¿De qué habla? ¿Debemos sentirnos alagados? ¡Es un peligro! ¡Está loco! ¡Es peligroso! Pongamos estas palabras en cualquier escenario y serán censurables o cuando menos alarmantes.

¿Qué es lo que tiene que estar ocurriendo para que se proclamen desde los púlpitos de todos los templos católicos del planeta y no salgan todos con la sensación de no ser un buen día? Porque, quién podría estar contento con semejantes amenazas.

Otra posibilidad es que en realidad sean pocos los que realmente las escuchan y muchos menos los que las entienden. Tal vez ocurra que nos hemos acostumbrado tanto a los discursos de Jesús, que ya ni les hacemos caso. ¿Se han vuelto inocuos? o quizás siempre lo fueron. ¿Es Jesús o serán sus mensajeros los que fallan? Obviamente nos inclinamos por esto último.

Yo he venido a traer fuego sobre la tierra, ¡y cómo desearía que ya estuviera ardiendo!

Si alguien llegara con este discurso a una reunión en tu casa, ¿no lo sacarías más que inmediatamente? No solo quiere prender fuego a nuestra casa, sino que encima manifiesta su deseo de que ya esté ardiendo. ¿Puede ser confiable alguien que se expresa así?

O está chiflado, o está expresándose en una suerte de lenguaje encriptado, solo asequible para iniciados. Habrá que escuchar la explicación que nos dan los sacerdotes en la homilía dominical. Aquí tenemos una de los Carmelitas. ¿Perciben como nosotros que estas palabras parecieran quemarles las manos, al extremo que no hallan como justificarlas?

Llegan incluso a afirmar que tienen diferentes significados según los evangelistas y cuando finalmente acepta que la Palabra de Dios podría ser causante de divisiones, la remite a los judíos de la época de Jesús. O sea, tiene poco que ver con nosotros.

Yo he venido a traer fuego sobre la tierra, ¡y cómo desearía que ya estuviera ardiendo!

¿No tiende esta homilía un cierto manto de inaplicabilidad actual? Es así como se lee y reflexiona sobre ella en casi todos los templos. Por eso es que todo el pueblo cristiano puede escuchar este mensaje, sin incomodarse mayormente, porque las sienten dirigidas a los judíos de hace 2mil años.

Sin embargo, este es posiblemente uno de los mensajes más subversivos que habremos de escuchar en nuestras vidas. ¿Y de quién viene? Nada menos que del Señor. No, no quiere decir que debamos salir a encender la ciudad, ni a agitar, ni llamar a la violencia.

¡Nos está llamando a vivir radicalmente el evangelio! ¡Sin medias tintas! ¡Sin eufemismos! Si hacemos lo que el Señor nos manda, inflexiblemente y en cada circunstancia, muy pronto nos empezarán a perseguir, nos denostarán y tratarán de callarnos e incluso suprimirnos.

Es del enemigo, del opositor, que vendrá el fuego y la división. Y este será una señal de que avanzamos. Mientras podemos mantenernos cómodamente en nuestros puestos, sosteniendo nuestros privilegios y bienestar, mientras no sea necesario incurrir en sacrificio alguno, debemos sospechar que tal vez nos hemos acomodado demasiado.

Yo he venido a traer fuego sobre la tierra, ¡y cómo desearía que ya estuviera ardiendo!

No, no quiere decir que el Señor quiere que busquemos masoquistamente el sufrimiento, sino que el amor, el verdadero amor, demanda sacrificios y pocos están dispuestos a asumirlos. Antes preferirán callarnos y aun desaparecernos por cualquier medio, con tal de no verse afectados.

Nos señalarán y se ensañarán contra nosotros, con tal de no ver las profecías de Cristo cumplidas. Es a este fuego al que se refiere el Señor. El fuego de la hoguera en la que seremos quemados los cristianos. Decenas, centenas y aun millares de hogueras serán la señal que el Evangelio está prendiendo, encontrando nuevos mártires dispuestos a entregar sus vidas por Cristo.

Mientras esto sea así, no habrá razón de preocuparse, porque el Reino de Dios irá creciendo, hasta abarcarlo todo. Por esta vía llegará el triunfo definitivo, porque llegará el momento en que todo hombre o mujer en la Tierra agachará la cabeza a la sola mención del nombre del Señor.

Hoy, a diferencia de lo que ocurría en los sucesos narrados en este evangelio, sabemos que Jesucristo ha Resucitado venciendo al mundo y a la muerte, por lo tanto la victoria está asegurada. Solo debemos perseverar en la fe y hacer lo que Jesús nos manda: amar a Dios por sobre todas las cosas y al prójimo como a nosotros mismos.

Yo he venido a traer fuego sobre la tierra, ¡y cómo desearía que ya estuviera ardiendo!

Oremos:

Padre Santo, no permitas que nos acostumbremos a tal punto al Evangelio, que lo oigamos como oímos llover, sin hacerle ni caso. Que asumamos el mensaje del Señor y dejemos que este transforme nuestras vidas…Te lo pedimos por nuestro Señor Jesucristo, que vive y reina contigo en unidad del Espíritu Santo y es Dios, por los siglos de los siglos…Amén.

Roguemos al Señor…

Te lo pedimos Señor.

(Añade tus oraciones por las intenciones que desees, para que todos los que pasemos por aquí tengamos oportunidad de unirnos a tus plegarias)

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Lucas 12,49-53 he venido a traer fuego

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