vivirá

vivirá – Mateo 9,18-26

vivirá

«Mi hija acaba de morir. Pero ven tú, ponle la mano en la cabeza, y vivirá.»

Lunes 14to del T. Ordinario | 08 de Julio del 2019 | Por Miguel Damiani

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Reflexión sobre las lecturas

vivirá

El Señor nos muestra que siempre está dispuesto a salir a nuestro encuentro y ayudarnos en nuestras necesidades, sin importar el grado de complejidad de nuestra petición. Él estará dispuesto a atender nuestro pedido, pero depende de nuestra fe.

El Señor no anda repartiendo milagros y prodigios a diestra y siniestra, sino solamente a cuantos se lo piden con verdadera fe. ¿Y cómo sabemos que nuestra fe es verdadera? Esta es una buena pregunta que muchos no llegamos a responder.

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«Mi hija acaba de morir. Pero ven tú, ponle la mano en la cabeza, y vivirá.»

Podríamos decir que la fe es el resultado de un diálogo permanente con Dios. Así, solo existe cuando hay diálogo y es tan grande, profunda y poderosa, cuanto grande, profundo y poderoso es nuestro diálogo.

¿De quién depende? De nosotros, en principio, porque si nosotros no damos el primer paso para pedirla, difícilmente la obtendremos. La fe la tenemos que pedir, porque es Gracia de Dios otorgarla, en la cantidad, medida y fortaleza que a Él le parece, en correspondencia con la calidad de nuestra Vida Cristiana.

Pero, ¿qué tiene que ver la Vida Cristiana? Es que naturalmente será imposible cultivar la fe en la intensidad y fortaleza requerida, si no oramos constantemente. Y quien ora constantemente evidentemente ha de llevar una vida cristiana intensa.

En otras palabras, la fe no se imposta, del mismo modo que tampoco la oración se puede impostar y por lo tanto tampoco la Vida Cristiana. No es cuestión de poses o apariencias. Es un asunto radical que se expresa de modo objetivo en nuestras vidas.

«Mi hija acaba de morir. Pero ven tú, ponle la mano en la cabeza, y vivirá.»

Y, si esto es cierto, es decir si nuestra Vida Cristiana resulta evidente para nuestros hermanos, para cuantos nos rodean, querrá decir que damos testimonio de Cristo con nuestras propias vidas. Siendo así, nuestra fe será igualmente sólida.

Por lo tanto, no es que no haya verdaderos milagros. Los hay, aunque quizás no se vean o noten tanto como antes o con la misma frecuencia e intensidad, porque la sociedad en su conjunto se ha alejado de Dios.

Si no hay milagros, entonces, es por falta de fe y la falta de fe se debe a que nos hemos alejado de Dios, por lo tanto, no llevamos en realidad una vida cristiana, aunque muchos así lo crean y declaren sin inmutarse que son cristianos o católicos.

El mundo está de espaldas a Dios. No le conoce, por lo tanto no le ama y mucho menos lo imita. No oramos, aunque alguien haya inventado que podemos orar mientras hacemos cualquier otra cosa y que no hacen falta repetir fórmulas u oraciones aprendidas.

«Mi hija acaba de morir. Pero ven tú, ponle la mano en la cabeza, y vivirá.»

No oramos, no meditamos los evangelios, no participamos en la Eucaristía, ni si quiera semanalmente y mucho menos rezamos el Rosario. Alguien dirá que a pesar de eso somos buenas personas y procuramos el bien a nuestro prójimo. ¿Con eso no basta?

La respuesta inobjetablemente es: NO. Cumplir con las bienaventuranzas es una de las caras de la moneda, pero estará incompleta si no son alimentadas por la Gracia de Dios. Se equivoca quien cree que puede vivir cristianamente ignorando o prescindiendo de Cristo.

Es la unión con Cristo la que dará los frutos de la fe, incluyendo la Caridad. Y esta unión solo es posible a través de la oración, la meditación de los evangelios, la Eucaristía (principalmente) y el Rosario, sin excluir cualquier otra expresión de piedad.

Es la Gracia de Dios la que hace posible la Vida Cristiana y esta hay que pedirla para alcanzar los verdaderos frutos de la fe, incluyendo milagros de toda clase, pero especialmente el de nuestra plenitud en la Vida Eterna.

Esto es algo que el Señor nos ha prometido, y que con seguridad proveerá a quien lo busca con perseverancia, humildad y devoción.

Oración:

Padre Santo, danos paciencia y perseverancia para no dejar de pedir la Gracia de la fe y la Vida Cristiana. Te lo pedimos por Jesucristo nuestro Señor, que contigo vive y reina, en unidad del Espíritu Santo y es Dios, por los siglos de los siglos…Amén.

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