verán el cielo abierto – Juan 1,45-51

agosto 24, 2018

verán el cielo abierto

“Y le añadió: En verdad, en verdad les digo: verán el cielo abierto y a los ángeles de Dios subir y bajar sobre el Hijo del hombre.”

Viernes 20ma Semana del T. Ordinario | 24 de Agosto del 2018 | Por Miguel Damiani

Lecturas de la Fecha:

Reflexión sobre las lecturas

verán el cielo abierto

A través de este pasaje del evangelio somos testigos del impacto que el encuentro con Jesucristo tuvo en Sus discípulos. Y es que difícilmente alguien se puede abstraer a la atracción del Hijo de Dios. Bastan unas cuantas palabras unos cuantos gestos para caer rendidos.

Quien todavía no lo conoce puede caer en la tentación de creer que se trata de una historia simpática y hasta de un estilo literario o tal vez, de un detalle sin importancia. Y sin embargo no es nada de eso. Jesucristo impactó a los discípulos, como sigue haciendo a quienes tenemos la bendición de tener un encuentro con Él.

verán el cielo abierto

Que sea el Hijo de Dios, no es un dato accesorio más. No es un detalle sin importancia, ni tampoco una forma singular de describirlo o llamar la atención sobre Él. ¡No! Decir que es el Hijo de Dios hace toda la diferencia y lo distingue de cuanto podamos conocer en vida.

Se trata de la indicación de una procedencia única. No hay nadie en el Universo de quien se pueda decir lo mismo. Hay conceptos, atributos o palabras que a fuerza de repetirlas pareciera que pierden su valor, se desvirtúan. Este puede ser un caso.

Sin embargo solo bastan unos segundos frente a Cristo para que comprendamos de quién se trata realmente y para que esta vivencia transforme nuestras vidas. Solo tenemos que dejarnos tocar por Él. Una mirada, una palabra, su sola presencia bastan.

“Y le añadió: En verdad, en verdad les digo: verán el cielo abierto y a los ángeles de Dios subir y bajar sobre el Hijo del hombre.”

Por eso Aparecida, citando a Benedicto XVI nos recuerda que nadie llega a ser cristiano sino es por el encuentro con Jesucristo que tiene el poder para transformarnos. De esto podemos dar fe, palabra por palabra, quienes hemos vivido este encuentro.

Por ello es preciso que quienes hemos tenido la Bendición de tener este encuentro, lo procuremos para los demás. Nadie debe quedarse sin conocer a Cristo. Solo Él puede ayudarnos a descubrir el verdadero significado de nuestra existencia.

¡Veamos si no es importante este encuentro! De tenerlo o no tenerlo depende la razón de nuestra existencia y consecuentemente nuestra Salvación. Nuestras almas no tendrán descanso mientras no lleguemos a conocerle. ¡Solo en Él descansarán nuestras almas!

Es preciso divulgar de forma creíble este mensaje. Esa es nuestra responsabilidad. Desde ya debemos anticipar que será una tarea imposible si no la emprendemos con Él. Quiere decir que no podremos coronarla exitosamente sin su Gracia.

Por lo tanto, todos aquellos que como nosotros hemos vivido este encuentro, tal como lo hizo Felipe en este Evangelio, debemos tomar conciencia que es preciso pedir incesantemente Su ayuda, su intervención en nuestras vidas, para hacer la diferencia.

Su sola presencia marca la diferencia entre el éxito y el fracaso. ¡No da lo mismo! ¡Es pieza fundamental! ¡Solo cuando realmente lo creamos notaremos la diferencia, viviremos la diferencia! De eso se trata entonces. Que seamos capaces por Él, con Él y en Él.

Empeñémonos en vivir de este modo. Esforcémonos porque cada día y cada acto que protagonicemos esté orientado a servirle a Él, inspirado e impulsado por Él. Eso es ser cristiano. Solo entonces daremos los esquivos frutos que perseguimos.

Hagámonos disponibles; entonces veremos el cielo abierto y a los ángeles de Dios subir y bajar sobre el Hijo del hombre. ¡Qué belleza! ¡Qué impaciencia! Todos podemos lograrlo con Él. No asomaremos ni a la orilla sin Él.

Oración:

Padre Santo, ayúdanos a comprender que cuando hablamos de Jesucristo, el Hijo de Dios, estamos refiriéndonos a la Segunda Persona de la Trinidad, por lo tanto Dios, de naturaleza Divina, por encima de cuanto seríamos capaces de imaginar y sin embargo tan cercano como el que más, si tan solo le damos la oportunidad de intervenir en nuestras vidas. Te lo pedimos por Jesucristo nuestro Señor, que contigo vive y reina, en unidad del Espíritu Santo, por los siglos de los siglos…Amén.

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