tumbas sin señal

tumbas sin señal – Lucas 11,42-46

tumbas sin señal

“¡Ay de ustedes, fariseos, que les encantan los asientos de honor en las sinagogas y las reverencias por la calle! ¡Ay de ustedes, que son como tumbas sin señal, que la gente pisa sin saberlo!”

Miércoles de la 28va Semana de T. Ordinario | 14 de Octubre del 2020 | Por Miguel Damiani

Lecturas de la Fecha:

  • Gálatas 5,18-25
  • Salmo 1,1-2.3.4.6
  • Lucas 11,42-46

Reflexión sobre las lecturas

tumbas sin señal

En la primera lectura San Pablo nos exhorta a vivir según el Espíritu. . Si recordamos lecturas de evangelio anteriores, el Señor nos presenta al Espíritu Santo como la mayor Bendición. No hay nada más apetecible, ni mayor Don que el recibir el Espíritu Santo de Dios.

Por ello, quien tiene al Espíritu y se rige por Él, no está sujeto a las leyes. ¿Por qué? Porque el Espíritu es superior a toda ley. El Espíritu va más allá de toda ley. Dicho de otro modo, El Espíritu no necesita de ley que le obligue. Se anticipa a esta; la hace inútil.

En otras palabras, el verdadero cristiano, el verdadero discípulo de Cristo, no está sujeto a las leyes humanas. No es que las desprecie o las incumpla, sino que se sujeta a una ley superior, la de Dios, comunicada por el Espíritu. Ninguna ley puede contradecir al Espíritu.

tumbas sin señal

El Don del Espíritu Santo

En esto consiste la importancia del Espíritu de Dios, que nos hace renacer a otra vida. De allí que sea el Espíritu de Dios el que recibimos en el Sacramento de iniciación cristiana, es decir, en el Bautismo. Es a partir de entonces que debemos dejarnos guiar por Él.

Esto es en lo que Pablo nos invita a reflexionar. Si somos seguidores de Cristo, debemos vivir según el Espíritu. Ello demanda sacrificar y crucificar todo aquello que proviene de la carne y los deseos. ¡Este es el primer esfuerzo! La primera gran batalla que debemos dar, para entonces dejarnos guiar por el Espíritu.

Pablo nos recuerda cuáles son los frutos del Espíritu que deben gobernar la vida del que se deja guiar por Él: amor, alegría, paz, comprensión, servicialidad, bondad, lealtad, amabilidad, dominio de sí. Estas han de ser las señales que distingan a los cristianos ungidos por el Espíritu Santo.

No podemos ser como tumbas sin señal

El cristiano está llamado a oír y seguir al Espíritu. Estos son los consejos a los que ha de prestar oído, la inspiración de sus actos. Así nos lo recuerda el Salmo:

Dichoso el hombre que no sigue el consejo de los impíos,
ni entra por la senda de los pecadores,
ni se sienta en la reunión de los cínicos;
sino que su gozo es la ley del Señor,
y medita su ley día y noche.

En el Evangelio, el Señor nos manda el puntillazo final. Escrutando la verdad, como es obligación de todo cristiano, no podemos detenernos en el cumplimiento de la ley. Menos aún tan solo por agradar y quedar bien con quienes tienen el poder y las dictan.

No ha de ser el prestigio y el reconocimiento entre los poderosos el que nos guíe, sino el Espíritu Santo. Esto echa por tierra el culto que hoy rinde nuestra sociedad a lo políticamente correcto. Otorgamos una desmesurada importancia al quedar bien, al agradar aun al precio de sacrificar nuestros principios y convicciones.

Lo popular no es siempre lo correcto

Este afán nos ha llevado a tranzar con cuanto se nos propone como popular, aceptándolo como correcto tan solo por ser popular. Esto es lo que algunos justifican diciendo: “voz del pueblo, voz de Dios”. Dándole valor supremo a aquello que se decide por consenso, sin más.

Sin embargo la historia está plagada de ejemplos en los que ello no es necesariamente cierto. El ejemplo más notable lo tenemos en el “proceso y juicio” a Jesucristo que termino en su crucifixión como respuesta al clamor popular. Es algo que no solemos recordar.

Esta reflexión debía llevarnos a meditar en lo que estamos viviendo el día de hoy con la Pandemia. Hay una serie de realidades y situaciones en torno a ella que no podemos desconocer y que tendrían que ayudarnos a reconocerla en su debida dimensión. Sin embargo nos negamos a ello, prefiriendo el argumento jurídico o la creencia popular.

La opinión pública es manipulada

Pero resulta que la creencia u opinión popular se forma a través de los medios de comunicación y estos están dominados por quienes ejercen el poder y dictan las leyes. Por lo tanto, la opinión popular está orientada malévolamente por los poderosos, en su mayoría corruptos, ejerciendo de este modo un nocivo monopolio de la “razón”.

Esto quiere decir que por la fuerza y contundencia de los medios de prensa se instala una opinión popular coincidente con los intereses de quienes dictan las leyes, al amparo de una aparente unanimidad. Así es como nos han logrado confinar y usar barbijos, como si en ello se nos fuera la vida.

Aun cuando esta posición unánime no se funda en la verdad y a sabiendas de ello, gran parte de la población es instada a no tener en cuenta la verdad, a dejar de lado los hechos objetivos, como si ellos no tuvieran importancia.

No queremos oír la verdad

Así, se minimiza el origen del virus (laboratorio chino). La manipulación genética efectuada y denunciada por el destacado científico Montagnier (premio nobel de medicina). El pésimo manejo de la emergencia efectuado por la OMS, originando graves consecuencias, que en otras circunstancias hubieran sido suficientes para culparla de genocidio.

Se disminuye también la importancia de las modificaciones realizadas por la OMS para declarar pandemia. La prueba en vacío realizada el 2019 con el nombre Evento 201. El currículum de la máxima autoridad de este organismo que lo descalifica para un cargo de esta envergadura. Peor aún, su trayectoria indigna de toda confianza para ejercer un cargo humanitario.

Se resta importancia al abandono de esta organización por parte del gobierno de USA, su principal fuente de financiamiento, precisamente por los enormes y graves cuestionamientos en el manejo de esta crisis. Para no mencionar ya las medidas adoptadas relacionadas con el confinamiento, los barbijos, las pruebas, las vacunas, las autopsias, la prohibición y persecución de remedios efectivos, entre muchos otros.

El pánico nos inmoviliza

Estamos en el medio de una guerra contra el sistema, pero no por razones de justicia e igualdad, ni obsolescencia como nos quieren hacer creer. Se trata de salvar los intereses económicos de los más poderosos, para lo cual no tiene el menor reparo en sacrificar 3/4 partes de la población del planeta, tal como abiertamente lo ha expuesto Bill Gates, conspicuo representante de este poder.

La humanidad entera ha sido secuestrada bajo amenazas de terror o muerte. El pánico se ha apoderado de multitudes, que antes de dar crédito a su propia razón e intelecto, prefieren sumisamente bajar la cabeza. Más aún cuando ni si quiera sus líderes espirituales parecen dispuestos a dar batalla. Somos pisoteados como tumbas sin señal.

Este no es fruto de la pandemia, sino más bien la cosecha de un plan que se ha venido gestando a la sombra por más de dos mil años. Que a partir de la Ilustración y más aún, desde la masónica Revolución Francesa fue tomando un papel protagónico y desembozado en contra de la cristiandad y los valores que esta representa.

La revolución cultural y la ONU

Estamos viviendo las consecuencias de la revolución cultural desata por el comunismo tras los rotundos fracasos del siglo XX, que costaron la vida a millones de personas, especialmente en la URSS y China.

Reformulado el marxismo con las teorías de Gramsci, con el apoyo de la masonería y las grandes fortunas planetarias, el comunismo ha vuelto al ataque enarbolando banderas populistas. Han tomado control de todas las organismos supranacionales incubadas por la ONU y sus miles de ONG’s satélites y están aprovechando para imponer su Agenda 2030, aprovechando de la pandemia que, oh sorpresa, les ha venido como anillo al dedo.

Pero nada de esto quieren ver el común de los ciudadanos que prefieren abandonarse y dejar su suerte en manos de sus gobernantes. Resulta que la mayoría de estos son los mismos villanos que venían mal gobernando antes de la pandemia, acusados de corrupción y mil tropelías.

Fratelli Tutti, la respuesta del Papa

Con la anuencia de todos los poderes públicos, incluyendo jueces, fuerzas armadas, prensa e incluso la venia de la Jerarquía de la Iglesia, sin mayor juicio crítico se acatan las medidas que tienen carácter universal por un temor irracional a una pandemia que ya ha sido mil veces desenmascarada.

¿Cuál debía ser el papel y la actitud de los cristianos guiados por el Espíritu Santo en esta situación histórica concreta? ¿Debemos acatar las disposiciones jurídicas aun a sabiendas que se fundan en falacias? A eso nos llaman algunos sacerdotes y obispos desde el púlpito virtual. La mayoría prefieren no manifestarse al respecto.

¿Es “Fratelli Tutti” la respuesta que esperamos y buscamos los fieles seguidores de Cristo, inspirados por el Espíritu Santo? ¿Será la aplicación de esta encíclica la que nos permitirá levantar nuestra voz para que no nos sigan dando por muertos?

Oración:

Padre Santo, en esta hora difícil para la humanidad entera, danos el valor para actuar siguiendo las indicaciones del Espíritu Santo. No permitas que cuidemos tanto nuestras vidas aquí en la tierra, que al final terminemos por perder la vida eterna en el Cielo. Te lo pedimos por Jesucristo nuestro Señor, que contigo vive y reina, en unidad del Espíritu Santo y es Dios, por los siglos de los siglos…Amén.

(9) vistas

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *