Archivo de la etiqueta: tú eres el Cristo

Mateo 16,13-19 – el Hijo de Dios vivo

el Hijo de Dios vivo

“Simón Pedro contestó: «Tú eres el Cristo, el Hijo de Dios vivo.» Replicando Jesús le dijo: «Bienaventurado eres Simón, hijo de Jonás, porque no te ha revelado esto la carne ni la sangre, sino mi Padre que está en los cielos.”

Viernes de la 12da Semana de Tiempo Ordinario | 29 de Junio del 2018 | Por Miguel Damiani

Lecturas de la Fecha:

Reflexión sobre las lecturas

el Hijo de Dios vivo

Ghandi se asombraba de la forma en que los cristianos tratamos a Cristo. Tiene una frase que es realmente lapidaria. Dice algo así: Me gusta su Cristo, lo que no me gusta son los cristianos. No se parecen en nada a su Cristo.

No todos, seguramente, pero muchos de nosotros somos irreverentes con Cristo, los santos, los sacramentos y la Iglesia en general. Quizás por haber crecido a su amparo, porque nos fue dada tan fácilmente, no apreciamos lo que tenemos. Y no solemos defenderlo.

el Hijo de Dios vivo

La criticamos deslealmente y somos sus principales enemigos, pretendiendo que somos lo que evidentemente no somos, es decir: cristianos. Obviamente de eso se dio cuenta Ghandi, dejándonos esta crítica que debía llevarnos a la reflexión.

Como siempre ocurre en estos casos, señalaremos a otros. Vendrán a nuestra cabeza el comportamiento de otros, fijándonos en la brizna que tienen ellos en sus ojos, para no reparar en el tronco que tenemos en el nuestro.

Sumergidos en el relativismo imperante, hemos hecho de nuestros juicios y nuestro parecer la norma con la cual contrastamos todo, formulando nuestros juicios respecto a cualquier cosa, como si fueran dogmas de fe y menospreciando las enseñanzas de la Iglesia, sin la menor reflexión, tan solo porque está de moda.

No nos damos cuenta hasta qué punto el modo de razonar que hemos adoptado es el resultado de una Ingeniería Social que viene aplicándose en occidente desde el siglo XVIII, que se ha ido perfeccionando y que persigue varios objetivos “liberales”, entre ellos, el más preciado y constante: acabar con la Iglesia Católica.

Para algunos esto delata paranoia en algunos creyentes, a los que descalifican como fundamentalistas…Incluso generar este argumento está dentro de los cálculos de estos enemigos que van penetrando muy sutilmente con un lenguaje políticamente correcto, pero que poco a poco va mellando la moral cristiana.

Claros ejemplos de esto que venimos sosteniendo lo constituyen, el divorcio, que poco a poco se ha id extendiendo por el mundo entero. De allí la convivencia, que paralelamente se fue generalizando. La reducción de las familias y finalmente la lucha de sexos encubierta de feminismo.

Son muchas y variadas las estrategias que este plan concertado ha ido tomando en el mundo. Una secta hereje, conocida como masones es la que lidera, habiendo copado los gobiernos de las más poderosas supranacionales y con ellos, las burocracias de la mayor parte de países del mundo.

Comunistas (soviéticos o ex soviéticos) y liberales (brutal e inhumanamente capitalista) se han dado la mano, convergiendo finalmente en algunas ideas centrales como son: ateísmo, totalitarismo, genocidio y por supuesto anti catolicismo.

Por eso no han escatimado esfuerzos en promover sectas de toda clase alrededor del mundo, atacando especialmente a la Iglesia Católica ¿Por qué? Porque es el bastión sobre el cual se edificó occidente. Ellos tienen la pretensión de crear un “Nuevo Orden Mundial”.

Pretenden instaurar un nuevo código de ética universal, que no responda a la ley natural, como el cristianismo, occidental y universal, sino al “consenso democrático”, formulado por hombres, de espaldas a Dios.

Sin ningún escrúpulo viene implementando una estrategia maquiavélica, que consiste en promover el multiculturalismo, a fin de rescatar desaparecidas creencias religiosas para darles cabida en una religión panteísta consensuada universalmente.

Obviamente su interés no está en las religiones en sí, sino en la atomización de espíritu religioso de la humanidad, desapareciendo cualquier tipo de manifestación religiosa pública, circunscribiendo la misma al ámbito privado en “igualdad de derechos”.

Lo que se busca por esta vía nuevamente es debilitar la presencia de la Iglesia Católica en la sociedad planetaria, para dar paso a la “Carta de la Tierra”, elevando a estas supranacionales a la categoría de rectoras del comportamiento social, económico, cultural y religioso del planeta.

Por eso hoy, especialmente HOY, las palabras de Pedro deben llamarnos a la reflexión. Pensemos por un momento que es lo que está diciendo. ¿Cuál es el significado y la trascendencia que tiene la contundente afirmación de Pedro?

«Tú eres el Cristo, el Hijo de Dios vivo.» ¿Creemos nosotros como Pedro que Cristo es el Hijo de Dios vivo? ¿Quién es ese Dios del que habla Pedro? ¿Hablamos nosotros de ese mismo Dios? Mejor aún, ¿creemos nosotros en ese mismo Dios?

¿Es que nosotros somos capaces de admitir que hay Un solo Dios verdadero? ¿Creemos en Dios? ¿Es nuestro Dios el mismo Dios de Pedro? ¿Compartimos con algunas personas la creencia en este Dios? ¿Con quiénes?

¿Qué significado tiene Dios en nuestras vidas? ¿Somos leales y fieles a Él como lo fue Pedro? ¿Qué seríamos capaces de hacer por él? ¿De qué modo evidenciamos el lugar que ocupa en nuestras vidas? ¿Vas a Misa los domingos y fiestas de guardar?

¿Cuántas veces al año participas del Sacramento de la Reconciliación? ¿Cuántas veces al año participas del Sacramento de la Comunión? ¿Cada cuánto tiempo lees las Escrituras? ¿Cada cuánto tiempo oras, practicas el ayuno y haces alguna obre de caridad?

¿Sabes cuál es tu Parroquia? ¿Acudes a las celebraciones Eucarísticas de tu Parroquia? ¿Colaboras con tu Parroquia? ¿Conoces al Párroco? ¿Te conoce Él? ¿Haces algo por tu Parroquia? ¿Haces algo por la Iglesia?

Detengámonos nuevamente a meditar en el alcance de las palabras de Pedro. Tengamos en cuenta que las dijo aun antes de la muerte y resurrección de Cristo. Tal como dice Jesús, es evidente que no hubiera sido capaz de reconocerlo si Dios mismo no se lo revela.

¿Qué quiere decir esto? Pues que la Verdad plena no está al alcance de nosotros. Que no podemos llegar a conocerla, si Dios mismo no lo permite, como en el caso de Pedro. Dios tiene que quererlo. Dios tiene que permitirlo, de otro modo no llegaremos a conocer la Verdad.

Soberbios, como somos, nos cuesta tener que reconocer que nada, ABSOLUTAMENTE NADA podemos hacer si Dios no lo permite. Nos dueles, porque nos creemos autosuficientes, al extremo que renegamos de Dios y queremos formar una “religión” sin Él, donde daremos cabida a todas las religiones, sin que ninguna prevalezca sobre las demás. Donde se habrá de imponer el consenso.

Es decir, nos damos el lujo de formular nuestra propia religión y nuestro propio dios, conformado por el colectivo de los dioses de todas las religiones conocidas y por conocer, todo normado y regulado por una autoridad supranacional.

La pregunta, es pues más vigente que nunca: ¿Quién es para nosotros Cristo? ¿Es el Hijo de Dios vivo? ¿Puede este Hijo de Dios vivo ser parte de una colectividad de dioses? ¿Es que su Divinidad la determinamos nosotros? ¿Es que su Divinidad depende de nuestra percepción?

¿Somos nosotros los que hacemos de Cristo Dios? ¿Es que Dios es una entelequia creada por los hombres, cuyas características dependen de los hombres que lo definan? ¿Es ese el Dios en el que creemos? Tenemos que responder de modo categórico estas pregunta. ¿Quién es Cristo para nosotros?

Oración:

Padre Santo, danos tu luz y el discernimiento necesario para llegar a conocerte y responder con firmeza y convicción quién es Cristo para nosotros. Si llegamos a reconocerlo como Hijo Tuyo y por lo tanto como Dios, danos el valor, la coherencia y la fortaleza para así evidenciarlo en cada segundo de nuestras vidas. Te lo pedimos por Jesucristo nuestro Señor, que contigo vive y reina, en unidad del Espíritu Santo y es Dios, por los siglos de los siglos…Amén.

(28) vistas

Juan 10,22-30 – Yo y el Padre somos uno

Yo y el Padre somos uno

El Padre, que me las ha dado, es más grande que todos, y nadie puede arrebatar nada de la mano del Padre. Yo y el Padre somos uno.

juan-10-29
Juan 10,22-30 Yo y el Padre somos uno

Juan – Capítulo 10

Reflexión: Juan 10,22-30

Jesucristo ha venido a salvarnos. Todo lo que hace es únicamente para que le creamos. Para suscitar nuestra fe. ¿Por qué es importante créele? Porque nos está pidiendo que le sigamos, lo que implica un cambio de vida. ¿Pero cómo habremos de hacerlo si no le creemos? Vivir según la premura que exigen los tiempos demanda fe. De otro modo ¿por qué inquietarnos? ¿por qué dejar la comodidad? ¿por qué sacrificarnos?

Y es que el seguimiento de Cristo exige caminar cuesta arriba, cargando con todo lo que somos y atrayendo a nuestros hermanos. El que cree, se esfuerza por vivir hoy plenamente, es decir, como si fuera su último día. Pero, cuidado ahí, que más de uno interpretamos estas palabras como complacernos y gozar de todo. No es eso a lo que nos llama el Señor, lo que no quiere decir que debamos rechazar la alegría o el placer. Nada más equívoco.

Nosotros somos portadores de una Buena Nueva, de una Buena Noticia, de hecho, de la mejor noticia que alguien podría haber recibido. ¿Cómo vamos a darla con cara compungida, triste o amargada? ¡Jamás! Esta noticia es de tal magnitud, que no podemos esperar transmitirla, que no escatimaremos esfuerzos por llevarla inmediatamente, empezando por quienes tenemos más cerca, pero siguiendo con toda la humanidad.

Seguir leyendo Juan 10,22-30 – Yo y el Padre somos uno

(119) vistas

Juan 10,22-30 – Mis ovejas escuchan mi voz

Texto del evangelio Jn 10,22-30 – Mis ovejas escuchan mi voz

22. Se celebró por entonces en Jerusalén la fiesta de la Dedicación. Era invierno.
23. Jesús se paseaba por el Templo, en el pórtico de Salomón.
24. Le rodearon los judíos, y le decían: «¿Hasta cuándo vas tenernos en vilo? Si tú eres el Cristo, dínoslo abiertamente.»
25. Jesús les respondió: «Ya se los he dicho, pero no me creen. Las obras que hago en nombre de mi Padre son las que dan testimonio de mí;
26. pero ustedes no creen porque no son de mis ovejas.
27. Mis ovejas escuchan mi voz; yo las conozco y ellas me siguen.
28. Yo les doy vida eterna y no perecerán jamás, y nadie las arrebatará de mi mano.
29. El Padre, que me las ha dado, es más grande que todos, y nadie puede arrebatar nada de la mano del Padre.
30. Yo y el Padre somos uno.»

Reflexión: Juan 10,22-30

¡Qué terrible descubrimiento! Cuando releía este pasaje, de pronto vino a mi cabeza la sensación aquella de descubrir que tal vez no somos de sus ovejas. Y es que muchos de nosotros andamos testarudamente incrédulos esperando que Jesucristo nos de la evidencia irrefutable que Él es el Hijo de Dios, nuestro Salvador, aquel que tenía que venir. Nos resistimos a creer de diversas maneras, cayendo sobre todo en trampas intelectuales de nuestro tiempo. Este no es un fenómeno del silo XXI, al que llegamos gracias al avance de la tecnología y la ciencia, como nos gusta creer. Constatamos que es un fenómeno tan antiguo como los Evangelios, y aun anterior. Es así que los judíos que rodean a Jesús piden lo mismo que muchos de nuestros letrados intelectuales. Toman todo aquello que se ajusta a su razón tan versada y calificada y desechan lo que no les cuadra, por considerarlo fantasioso o quién sabe por qué, pero no son capaces de aceptar aquello que plantea un reto a su sabiduría, erigiéndose así en la medida de la sabiduría. ¿No es esto pura soberbia? Niegan lo que ven o aquello de lo que dan testimonio sus hermanos, porque no corresponde a sus parámetros y no tienen el menor reparo en descalificar el relato de sus congéneres, por ser humildes y, según ellos, menos preparados. Pretenden imponer condiciones a Dios; es decir que Jesús tendría que haberse presentado a ellos dándoles los argumentos suficientes para que ellos se convenzan. Solo entonces, tal vez creerían. ¿Qué diferencia hay entre estos “respetables intelectuales” y aquellos judíos? Ninguna. ¿Seremos nosotros en la práctica como ellos? ¿Seremos o no de Sus ovejas? Un escalofrío recorre mi espalda. ¡Debo serlo! ¡Tengo que serlo! ¡Quiero serlo! Mis ovejas escuchan mi voz; yo las conozco y ellas me siguen. Yo les doy vida eterna y no perecerán jamás, y nadie las arrebatará de mi mano.

Seguir leyendo Juan 10,22-30 – Mis ovejas escuchan mi voz

(159) vistas