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Mateo 5,20-26 – si su justicia no es mayor

si su justicia no es mayor

“Porque les digo que, si su justicia no es mayor que la de los escribas y fariseos, no entrarán en el Reino de los Cielos.”

Jueves de la 10ma Semana de T. Ordinario | 14 de Junio del 2018 | Por Miguel Damiani

Lecturas de la Fecha:

Reflexión sobre las lecturas

si su justicia no es mayor

Los humanos estamos acostumbrados a agruparnos por conveniencia. Nos unimos a una comunidad, a un gremio o a una asociación para gozar de ciertos privilegios propios de esta sociedad. Difícilmente compartimos nuestras ventajas. Las queremos solo para nosotros.

Del mismo modo, somos prestos para criticar y condenar a los demás, sin fijarnos en nuestros propios errores. Siempre es más fácil mirar la paja en el ojo ajeno que la viga que tenemos en el nuestro. Por eso el Señor nos recuerda que tenemos que ser mejores que aquellos a los que todos señalan, incluso nosotros.

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Mateo 5,20-26 – reconciliarte con tu hermano

Reconciliarte con tu hermano

…deja tu ofrenda allí, delante del altar, y vete primero a reconciliarte con tu hermano; luego vuelves y presentas tu ofrenda.

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Mateo 5,20-26 reconciliarte con tu hermano

Mateo – Capítulo 05

Reflexión: Mateo 5,20-26

La gran novedad del Evangelio que Cristo nos trae es que Dios es nuestro Padre. Esta sola idea lo cambia todo. No es solo que tenemos un Dios que es amor y por lo tanto todo bondad, sino que además es nuestro Padre. ¡Qué distinto es saber y sentir que Dios es nuestro Padre!

Dios, la Sabiduría en su plenitud, ha querido comunicarnos esta novedad a través de Su Hijo Jesucristo. Esta perspectiva nos hace familia con Dios, nos hace parte de Él, como lo son nuestros hijos con nosotros. Pero al mismo tiempo, inmediatamente nos hace hermanos unos de otros.

Si todo tenemos un mismo Padre, quiere decir que somos hermanos y como tales, nos debemos amor. Fijémonos lo importante de esta afirmación. Somos hermanos con nuestros padres, con nuestros hijos, con nuestras esposas y esposos e incluso con nuestros enemigos. ¡Qué tal alcance!

Que Dios sea nuestro Padre definitivamente constituye una revolución, un cambio fundamental en nuestra perspectiva del mundo y de la vida. Si todos somos hijos de Dios y hermanos unos de los otros, todos nos debemos amor, pues somos parte de la misma familia, la familia de Dios.

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