Marcos 16,15-20 – Proclamen el Evangelio

mayo 13, 2018

Proclamen el Evangelio

“Vayan por todo el mundo y proclamen el Evangelio a toda la creación. El que crea y sea bautizado, se salvará; el que no crea, se condenará.”

Domingo de la 7ma Semana de Pascua | 13 Mayo del 2018 | Por Miguel Damiani

Lecturas de la Fecha:

Reflexión sobre las lecturas

Proclamen el Evangelio

El Señor, antes de ascender al Cielo, nos envía al mundo entero con una Misión: Proclamar el Evangelio. Esto es lo que debe hacer todo bautizado, todo cristiano. No se trata de una actividad especial reservada para algunos. Es Misión de todos.

No es tampoco algo opcional, ni algo de lo que podemos prescindir con cualquier excusa. Todos tenemos el deber de proclamar el Evangelio. ¿Cómo se proclama el Evangelio? Sin duda, una forma es desde el púlpito o desde la cátedra.

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Lucas 24,13-35 insensatos y tardos de corazón

abril 19, 2017

Insensatos y tardos de corazón

Él les dijo: «¡Oh insensatos y tardos de corazón para creer todo lo que dijeron los profetas! ¿No era necesario que el Cristo padeciera eso y entrara así en su gloria?»

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Lucas 24,13-35 insensatos y tardos de corazón

Lucas – Capítulo 24

Reflexión: Lucas 24,13-35

Hoy queremos unirnos al reclamo que a través de los discípulos de Emaús el Señor nos hace a todos sus testigos y seguidores. ¿Cómo es posible que no le reconozcamos? ¿Cómo es posible que después de todo lo que hemos vivido juntos, después de la forma tan especial en que se nos ha revelado y dado a conocer a cada uno de nosotros, hasta ahora sigamos incrédulos, incapaces de atar cabos? ¿Qué es lo que necesitamos para ponernos en marcha?

Este reproche lo siento todos los días, cada vez que constato que pierdo mi tiempo en tonterías, en cosas sin trascendencia o que solo denotan desorden y poca conciencia del tiempo tan especial en el que estamos viviendo. Jesús ya ha venido. Ya ha vivido, muerto y resucitado por nosotros. Por cada uno de nosotros: por ti, por mí, por nuestra familia, por nuestros amigos y enemigos, por el mundo entero. ¿Cómo es posible que sigamos viviendo y deambulando por este mundo como ovejas sin pastor?

¿Dónde está nuestra alegría? ¿Dónde nuestro entusiasmo por este nuevo día, por el sol que vuelve a brillar sobre todos? ¿Cómo podemos seguir huyendo, escapando, escondiéndonos, refugiándonos en tonterías, en juegos, en recuerdos, en escritos cándidos, en los variados y engañosos recursos de la “Nueva Era”, cuando hemos sido testigos presenciales de la Resurrección de Cristo? ¡Él ha vencido al mundo! ¡Jesús ha vencido a la muerte, a la oscuridad, a la mentira, al mal, a la enfermedad, al demonio, al tormento de un final trágico y a la vida sin sentido!

Nosotros somos cristianos, somos creyentes, no podemos seguir haciéndole el juego a la necedad, a la estupidez. ¡No se enciende una luz para meterla bajo la cama! ¡Somos luz del mundo! ¡Tenemos que dar testimonio alegre y entusiasta de esta Noticia, la mejor que podrá recibir nadie en la historia! ¡Ese debe ser nuestro afán! ¡Tenemos que salir al encuentro de este mundo, de nuestros hermanos, de nuestros amigos, de la humanidad entera, con la cara de aquél que sabe que HOY se ha enterado que ha ganado el Premio Mayor! ¡Tenemos el número premiado en nuestras manos! ¡Nos lo ha traído Cristo! ¡No tenemos que seguir buscando, i probando suerte en ningún otro lado! ¡Ya lo tenemos!

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Marcos 16,15-20 – El que crea y sea bautizado, se salvará

abril 25, 2016

Texto del evangelio Mc 16,15-20 – El que crea y sea bautizado, se salvará

15. Y les dijo: «Vayan por todo el mundo y proclamen la Buena Nueva a toda la creación.
16. El que crea y sea bautizado, se salvará; el que no crea, se condenará.
17. Estas son las señales que acompañarán a los que crean: en mi nombre expulsarán demonios, hablarán en lenguas nuevas,
18. agarrarán serpientes en sus manos y aunque beban veneno no les hará daño; impondrán las manos sobre los enfermos y se pondrán bien.»
19. Con esto, el Señor Jesús, después de hablarles, fue elevado al cielo y se sentó a la diestra de Dios.
20. Ellos salieron a predicar por todas partes, colaborando el Señor con ellos y confirmando la Palabra con las señales que la acompañaban.

Reflexión: Mc 16,15-20

La salvación está en creer y ser bautizado. ¿Por qué el Señor une ambas condiciones finalmente? ¿Por qué no basta con creer? Porque la fe nos llega por medio de alguien. La fe es una herencia comunitaria. La fe se transmite de padres a hijos, no nace por generación espontánea. Así, casi podemos afirmar que el mismo que transmite la fe tiene la obligación de bautizar o cando menos velar porque quien la recibe sea bautizado. Resulta lógico que así sea, porque el bautizado recibe el auxilio del Espíritu Santo, el mayor auxilio que podemos tener los cristianos, por Gracia de Dios. Él quiso que así fuera, por lo tanto, si creemos, debemos ser bautizado. Sería un absurdo que no fuera así, pues denotaría falta de fe e ignorancia. Pero esto no puede ser pasado por alto por quien transmite adecuadamente la fe. En otras palabras, tenemos la obligación de dar a conocer a Jesús para que nuestros hermanos se conviertan y crean, pero al mismo tiempo no podemos obviar el bautizo, que es el primer paso lógico que debe dar el creyente en señal de fe, porque este le permite nacer nuevamente, sin importar la edad que tenga, en agua y en espíritu, a una vida nueva, inspirada por el Espíritu Santo de Dios, que habrá de acompañarlo el resto de su existencia. El mismo bautismo constituye un acto de fe, pues significa la entrega y el abandono al Espíritu Santo de Dios, confiando plenamente en que este lo habrá de guiar por el camino de la salvación. Por eso ambos son necesarios y prácticamente inseparables. ¿Pero qué ocurre cuando el bautizado es un bebé que no puede dar razón de su fe? Son los padres y padrinos que asumen la responsabilidad de prepararlo, de modo que llegada la edad de la razón, pueda comprender aceptar y agradecer que sus padres y padrinos hayan tomado aquella decisión por él, porque esta le habrá permitido vivir con la incomparable ayuda del Espíritu Santo aun antes que tuviera edad para comprenderlo. En cualquier caso el bautizo pone de relieve el compromiso de la comunidad en la transmisión de la fe, ya que nadie puede bautizarse a sí mismo. Que seamos bautizados, es señal que no solo Dios vela por nosotros, sino nuestros hermanos, nuestra comunidad, nuestros semejantes, nuestro prójimo. Es gracias a la participación de ambos que alcanzamos la salvación, porque así lo ha querido Dios. Vayan por todo el mundo y proclamen la Buena Nueva a toda la creación. El que crea y sea bautizado, se salvará; el que no crea, se condenará.

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