Marcos 9,14-29 Creo, ayuda a mi poca fe

mayo 21, 2018

Creo, ayuda a mi poca fe

“Jesús le dijo: «¡Qué es eso de si puedes! ¡Todo es posible para quien cree!» Al instante, gritó el padre del muchacho: «¡ Creo, ayuda a mi poca fe !»”

Lunes de la 7ma semana del Tiempo Ordinario | 21 de Mayo de 2018 | Por Miguel Damiani

Lecturas de la Fecha:

Reflexión sobre las lecturas

Creo, ayuda a mi poca fe

Para alcanzar las promesas de Cristo, se precisa la fe. Pero ¿cuántas veces decimos como autómatas que creemos, sin embargo nuestras palabras son completamente huecas, pues no reflejan lo que sentimos en nuestros corazones.

A Dios no se le puede engañar. Alcanzar la fe es un Don que Dios concede a quienes se lo piden. No es resultado de un esfuerzo personal. No es algo que funciona como un ejercicio memorístico que de tanto repetir llega un momento en que lo dominamos.

Creo, ayuda a mi poca fe

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Juan 5,31-47 – él escribió de mí

marzo 30, 2017

Él escribió de mí

Porque, si creyeran a Moisés, me creerían a mí, porque él escribió de mí. Pero si no creen en sus escritos, cómo van a creer en mis palabras?»

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Juan 5,31-47 él escribió de mí

Juan – Capítulo 05

Reflexión: Juan 5,31-47

¿Qué nos viene a decir Jesús en este pasaje en buena cuenta? Nos enfrenta con nuestras propias creencias. Los judíos dicen creer en Moisés, porque además han estudiado las Escrituras. Pero el Señor les dice que en realidad no las conocen o las conocen, como solemos decir, por el forro. Es decir, que en realidad no han interiorizado ni asimilado las Escrituras en las que dicen creer, porque si así fuera, Él no necesitaría más credenciales, porque las Escrituras hablan de Él.

La pregunta para nosotros, aquella en la que hoy debemos reflexionar es: ¿nosotros, en qué creemos? ¿No será que respondemos o nos desembarazamos muy rápidamente de esta pregunta y en realidad no decimos nada sólido, porque tenemos puesta nuestra pobre e incipiente fe en argumentos deleznables?

Dicho de otro modo, ¿hemos dado tiempo suficiente en nuestras vidas para responder maduramente la razón de nuestras existencias? ¿En qué creemos en realidad? ¿Hemos profundizado debidamente en este tema o simplemente respondemos cualquier cosa por salir del paso? ¿Cómo podemos creer en Cristo o rechazarlo si no tenemos ninguna base sólida que avale aquello en lo que decimos creer?

¿Si nuestra fe es tan enclenque, tan precaria, no será por el poco tiempo que en realidad hemos dedicado? ¿No será que simplemente aparentamos una u otra posición, pero en realidad no somos nada más que hojas llevadas por el viento? ¿Hoy estamos aquí, mañana allí, según donde sople el viento? ¿Es la moda la que determina nuestras creencias? ¿Es lo comúnmente aceptado, aquello en lo que las mayorías parecen creer, el sustento de nuestra fe?

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Mateo 8,23-27 – Quién es éste

junio 28, 2016

Grande fue el asombro; aquellos hombres decían: «¿Quién es éste, que hasta los vientos y el mar le obedecen?

Texto del evangelio Mt 8,23-27 – Quién es éste

23. Jesús subió a la barca y sus discípulos le siguieron.
24. Se levantó una tormenta muy violenta en el lago, con olas que cubrían la barca, pero él dormía.
25. Los discípulos se acercaron y lo despertaron diciendo: «¡Señor, sálvanos, que estamos perdidos!»
26. Pero él les dijo: «¡Qué miedosos son ustedes! ¡Qué poca fe tienen!» Entonces se levantó, dio una orden al viento y al mar, y todo volvió a la más completa calma.
27. Grande fue el asombro; aquellos hombres decían: «¿Quién es éste, que hasta los vientos y el mar le obedecen?»

Reflexión: Mt 8,23-27

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Mateo 8,23-27 Quién es éste

El Señor no deja de sorprendernos, a cada paso. Sin embargo con la misma frecuencia olvidamos aquello que en nuestras vidas consideramos como un verdadero milagro. Somos ingratos. Tenemos muy mala memoria para aquello que tendríamos que agradecer todos los días. Nos acostumbramos tanto a tenerlo, que lo damos por descontado.

La vida misma es un milagro, un Don, una Gracia inmerecida. Poco importan las condiciones. Son los demás los que muchas veces nos hacen sentir que somos una carga, una molestia, un estorbo, cuando no somos como todos…

Jesucristo vino a redimirnos del pecado, a salvarnos, lo que le exigirá pasar por una serie de situaciones y circunstancias que finalmente desembocarán en su crucifixión, muerte y resurrección. Pero cada vez que obra un milagro movido por la Misericordia, sus discípulos que siempre estaban con Él, vuelven a asombrarse, como si fuera el primero.

Grande fue el asombro; aquellos hombres decían: «¿Quién es éste, que hasta los vientos y el mar le obedecen?

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