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Mateo 8,5-17 – vendrán muchos de oriente

vendrán muchos de oriente

“Y les digo que vendrán muchos de oriente y occidente y se pondrán a la mesa con Abraham, Isaac y Jacob en el reino de los Cielos, mientras que los hijos del Reino serán echados a las tinieblas de fuera; allí será el llanto y el rechinar de dientes.”

Sábado de la 12da Semana de T. Ordinario | 30 de Junio del 2018 | Por Miguel Damiani

Lecturas de la Fecha:

Reflexión sobre las lecturas

vendrán muchos de oriente

Hay dos cosas que nos asombran en esta lectura: primero, obviamente la fe del centurión, precisamente un gentil, un pagano. Y en segundo lugar, la frase de Jesucristo que a propósito de la fe del centurión nos lanza a muchos de nosotros, cual advertencia:

…vendrán muchos de oriente y occidente y se pondrán a la mesa con Abraham, Isaac y Jacob en el reino de los Cielos, mientras que los hijos del Reino serán echados a las tinieblas de fuera…

No faltará quien tome estas palabras como amenaza y para justificar su rechazo a un supuesto Dios castigador. Somos muy propensos a encontrar excusas para justificarnos, sobre todo cuando por alguna razón no hacemos lo que debíamos.

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Lucas 7,1-10 – no soy digno de que entres en mi casa

Señor, no te molestes, porque no soy digno de que entres en mi casa; por eso no me consideré digno de ir a verte personalmente. Basta que digas una palabra y mi sirviente se sanará.

Texto del evangelio Lc 7,1-10 – no soy digno de que entres en mi casa

01. Cuando Jesús terminó de decir todas estas cosas al pueblo, entró en Cafarnaúm.
02. Había allí un centurión que tenía un sirviente enfermo, a punto de morir, al que estimaba mucho.
03. Como había oído hablar de Jesús, envió a unos ancianos judíos para rogarle que viniera a curar a su servidor.
04. Cuando estuvieron cerca de Jesús, le suplicaron con insistencia, diciéndole: «El merece que le hagas este favor,
05. porque ama a nuestra nación y nos ha construido la sinagoga».
06. Jesús fue con ellos, y cuando ya estaba cerca de la casa, el centurión le mandó decir por unos amigos: «Señor, no te molestes, porque no soy digno de que entres en mi casa;
07. por eso no me consideré digno de ir a verte personalmente. Basta que digas una palabra y mi sirviente se sanará.
08. Porque yo -que no soy más que un oficial subalterno, pero tengo soldados a mis órdenes- cuando digo a uno: “Ve”, él va; y a otro: “Ven”, él viene; y cuando digo a mi sirviente: “¡Tienes que hacer esto!”, él lo hace».
09. Al oír estas palabras, Jesús se admiró de él y, volviéndose a la multitud que lo seguía, dijo: «Yo les aseguro que ni siquiera en Israel he encontrado tanta fe».
10. Cuando los enviados regresaron a la casa, encontraron al sirviente completamente sano.

Reflexión: Lc 7,1-10

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Lucas 7,1-10 no soy digno de que entres en mi casa

Hoy nos toca reflexionar en torno a estas célebres palabras de este Centurión romano, que son tan importantes e impactantes que han pasado a formar parte de la Liturgia de la Eucaristía. No hay Misa en la que los fieles no las repitamos.

¿Qué puede haber encontrado la Iglesia en ellas que nos haga repetirlas cada vez que participamos en la Eucaristía?¿Cuál es el mensaje? No son palabras de Cristo, sino de un oficial del ejército romano, que a la sazón ocupaba Israel.

Pero es el mismo Señor Jesucristo el que las destaca como una ejemplar muestra de fe, de aquella que no hay ni si quiera entre quienes con más propiedad debían tenerla. Se trata de la confesión de una convicción profunda: Jesucristo es Dios y como tal tiene poder para mandar sobre todo lo que tiene autoridad.

Señor, no te molestes, porque no soy digno de que entres en mi casa; por eso no me consideré digno de ir a verte personalmente. Basta que digas una palabra y mi sirviente se sanará.

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