Juan 14,27-31a – mi paz les doy

mayo 16, 2017

Mi paz les doy

Les dejo la paz, mi paz les doy; no se las doy como la da el mundo. No se turbe su corazón ni se acobarde.

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Juan 14,27-31a mi paz les doy

Juan – Capítulo 14

Reflexión: Juan 14,27-31a

Muy hermoso pasaje en el que el Señor nos anticipa lo que será el epílogo de esta historia, sin dejar de reforzarnos la fe, la auténtica fe que espera de todos y cada uno de nosotros, aquella que nos permita dar el salto al vacío sin ningún temor, sabiendo que Él nos asirá. Es precisamente esta fe el fundamento de la paz. Por eso la paz que nos da el Señor es distinta a toda paz. Es profunda e infinita.

Pensemos un momento, si el Señor ha vencido a la muerte, si ha vencido a la oscuridad, a la mentira, al dolor y finalmente al Príncipe de este mundo, ¿a qué podemos temer? Nada, absolutamente nada nos amenaza ya. De este modo, no hay nada que valga un segundo de aflicción, preocupación o angustia nuestra. ¡Hemos sido salvados! ¡Nadie puede robarnos esta certeza fundada en la fe! Así, pueden llegar cataclismo, pestes, guerras, torturas y toda clase de calamidades o adversidades, ninguna prevalecerá sobre la Voluntad de Dios. Es de esta certeza que procede nuestra paz, la paz que nos da el Señor y la paz que debemos llevar al mundo.

La paz que nos da Cristo tiene su fundamento en la fe, hemos dicho, pero ¿fe en qué? En que Jesucristo nos ha salvado, cumpliendo la Voluntad de nuestro Padre. ¿Por qué quiere salvarnos el Padre? Porque nos ama, con un amor infinito, como solo Él puede amar. ¿No es esta una Buena Noticia? ¡Claro que sí! De eso tratan precisamente los Evangelios que debemos dar a conocer al mundo entero. Nada ni nadie deben impedirnos proclamar esta Buena Nueva. ¡Todos deben conocerla! ¡Esto es llevar paz, alegría, felicidad a todos los corazones! ¡Llevemos esta noticia para que nadie sufra más!

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Juan 14,27-31a – cuando suceda crean

abril 26, 2016

Texto del evangelio Jn 14,27-31a – cuando suceda crean

27. Les dejo la paz, mi paz les doy; no se las la doy como la da el mundo. No se turbe su corazón ni se acobarde.
28. Han oído que les he dicho: “Me voy y volveré a ustedes.” Si me amaran, se alegrarían de que me fuera al Padre, porque el Padre es más grande que yo.
29. Y se los digo ahora, antes de que suceda, para que cuando suceda crean.
30. Ya no hablaré muchas cosas con ustedes, porque llega el Príncipe de este mundo. En mí no tiene ningún poder;
31. pero ha de saber el mundo que amo al Padre y que obro según el Padre me ha ordenado.

Reflexión: Jn 14,27-31a

Es muy importante esforzarnos por adoptar la visión de Jesús a fin de entender su mensaje. Sin esta particular perspectiva o no lo entendemos o nos parece enredado. Pero requiere nutrirse permanentemente de la Palabra del Señor para afinar nuestro oído, nuestro corazón, nuestras entendederas y ponernos en sintonía con Su Plan de Salvación. No es cuestión de coger la Biblia una vez al año con la pretensión de leerlo como quien lee un diario o las reflexiones de un perfecto desconocido. Vamos, directo a Su pasión y muerte o a Sus milagros; no. Así no se puede leer ni conocer al Señor. Todo lo que dice Jesucristo lo hace en un contexto muy especial, único, en el que incluso cada uno de nosotros formamos parte de este, pero solo si tenemos intimidad con Él, es decir, si recurrimos asiduamente a la lectura y reflexión de Su Palabra. De otro modo nos quedaremos en la superficie, en lo aparente, en el forro, de lo que, por cierto, algo sacaremos, más aún, si estamos en Gracia de Dios, pero repetimos, es preciso familiarizarnos con su visión y su modo tan particular de expresar el mensaje encomendado por Dios Padre para que nos aproximemos a la Verdad. Porque es de eso que nos habla Jesús. Así, detengámonos por un momento a tratar de comprender a qué viene esto de la paz con nosotros. La respuesta humanamente lógica tendría que ser: ¿Qué tienes? ¿cómo vamos a estar en paz con todo lo que nos has advertido que se viene? ¿Cómo estar en paz si en un poco más vendrán a aprehenderte y te crucificarán? Habría que ser de piedra para no sentir que el corazón se estruja y el estómago nos da tres vueltas. Si algo puede sentir quien acompaña a un sentenciado a muerte injustamente y a quien ama, es angustia, impotencia, tristeza, dolor. Y sin embargo el Señor nos da la paz y pretende que estemos en paz. Tiene que estar loco. “Me voy y volveré a ustedes.” Si me amaran, se alegrarían de que me fuera al Padre, porque el Padre es más grande que yo. Y se los digo ahora, antes de que suceda, para que cuando suceda crean.

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