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Lucas 15,1-3.11-32 – celebremos un banquete

Celebremos un banquete

“Saquen enseguida el mejor traje y vístanlo; pónganle un anillo en la mano y sandalias en los pies; traigan el ternero cebado y mátenlo; celebremos un banquete, porque este hijo mío estaba muerto y ha vuelto a la vida, estaba perdido, y ha sido encontrado.”

Sábado de la 2da Semana de Cuaresma | 03 Marzo 2018 | Por Miguel Damiani

Lecturas de la Fecha:

  • Miqueas 7,14-15.18-20
  • Salmo 102
  • Lucas 15,1-3.11-32

Reflexión sobre las lecturas

Celebremos un banquete

¿Cuál puede ser la mayor alegría de un padre? ¿Qué otra que la que hoy celebramos en la Iglesia? Que el hijo, sin importar lo mal que pudiera haberse portado, sin importar sus majaderías y mezquindades, vuelva finalmente a la casa del padre, reconociendo sus errores.

Dios, que es nuestro Padre y que supera todas las limitaciones que pudiera tener un padre terrenal, se alegra infinitamente ante nuestro retorno, olvidando y perdonando todas nuestras faltas y en muestra de ello, celebra un banquete.

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Lucas 15,1-32 – estaba muerto y ha vuelto a la vida

Es justo que haya fiesta y alegría, porque tu hermano estaba muerto y ha vuelto a la vida, estaba perdido y ha sido encontrado»».

Texto del evangelio Lc 15,1-32 – estaba muerto y ha vuelto a la vida

01. Todos los publicanos y pecadores se acercaban a Jesús para escucharlo.
02. Los fariseos y los escribas murmuraban, diciendo: «Este hombre recibe a los pecadores y come con ellos».
03. Jesús les dijo entonces esta parábola:
04. «Si alguien tiene cien ovejas y pierde una, ¿no deja acaso las noventa y nueve en el campo y va a buscar la que se había perdido, hasta encontrarla?
05. Y cuando la encuentra, la carga sobre sus hombros, lleno de alegría,
06. y al llegar a su casa llama a sus amigos y vecinos, y les dice: «Alégrense conmigo, porque encontré la oveja que se me había perdido».
07. Les aseguro que, de la misma manera, habrá más alegría en el cielo por un solo pecador que se convierta, que por noventa y nueve justos que no necesitan convertirse».
08. Y les dijo también: «Si una mujer tiene diez dracmas y pierde una, ¿no enciende acaso la lámpara, barre la casa y busca con cuidado hasta encontrarla?
09. Y cuando la encuentra, llama a sus amigas y vecinas, y les dice: «Alégrense conmigo, porque encontré la dracma que se me había perdido».
10. Les aseguro que, de la misma manera, se alegran los ángeles de Dios por un solo pecador que se convierte».
11. Jesús dijo también: «Un hombre tenía dos hijos.
12. El menor de ellos dijo a su padre: «Padre, dame la parte de herencia que me corresponde». Y el padre les repartió sus bienes.
13. Pocos días después, el hijo menor recogió todo lo que tenía y se fue a un país lejano, donde malgastó sus bienes en una vida licenciosa.
14. Después de haberlo gastado todo, sobrevino una fuerte hambre en aquella tierra y comenzó a sentir necesidad.
15. Entonces se puso al servicio de uno de los habitantes de esa región, que lo envió a su campo para cuidar cerdos.
16. El hubiera deseado calmar su hambre con las bellotas que comían los cerdos, pero nadie se las daba.
17. Entonces recapacitó y dijo: «¡Cuántos jornaleros de mi padre tienen pan en abundancia, y yo estoy aquí muriéndome de hambre!».
18. Ahora mismo iré a la casa de mi padre y le diré: «Padre, pequé contra el Cielo y contra ti;
19. ya no merezco ser llamado hijo tuyo, trátame como a uno de tus jornaleros».
20. Entonces partió y volvió a la casa de su padre. Cuando todavía estaba lejos, su padre lo vio y se conmovió profundamente, corrió a su encuentro, lo abrazó y lo besó.
21. El joven le dijo: «Padre, pequé contra el Cielo y contra ti; no merezco ser llamado hijo tuyo».
22. Pero el padre dijo a sus servidores: «Traigan enseguida la mejor ropa y vístanlo, pónganle un anillo en el dedo y sandalias en los pies.
23. Traigan el ternero engordado y mátenlo. Comamos y festejemos,
24. porque mi hijo estaba muerto y ha vuelto a la vida, estaba perdido y fue encontrado». Y comenzó la fiesta.
25. El hijo mayor estaba en el campo. Al volver, ya cerca de la casa, oyó la música y los coros que acompañaban la danza.
26. Y llamando a uno de los sirvientes, le preguntó que significaba eso.
27. El le respondió: «Tu hermano ha regresado, y tu padre hizo matar el ternero y engordado, porque lo ha recobrado sano y salvo».
28. El se enojó y no quiso entrar. Su padre salió para rogarle que entrara,
29. pero él le respondió: «Hace tantos años que te sirvo sin haber desobedecido jamás ni una sola de tus órdenes, y nunca me diste un cabrito para hacer una fiesta con mis amigos.
30. ¡Y ahora que ese hijo tuyo ha vuelto, después de haber gastado tus bienes con mujeres, haces matar para él el ternero engordado!».
31. Pero el padre le dijo: «Hijo mío, tú estás siempre conmigo, y todo lo mío es tuyo.
32. Es justo que haya fiesta y alegría, porque tu hermano estaba muerto y ha vuelto a la vida, estaba perdido y ha sido encontrado»».

Reflexión: Lc 15,1-32

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Lucas 15,1-32 estaba muerto y ha vuelto a la vida

Pocas veces, como hoy, la Iglesia dispone que reflexionemos sobre todo un capítulo de los Evangelios, como hacemos hoy con el capítulo 15 de Lucas. Hay que decir que vale la pena leerlo y releerlo, porque aquí se encierra posiblemente una de las realidades más hermosas de nuestra fe, reveladas por nuestro Señor Jesucristo.

Este pasaje nos explica mediante el relato de tres historias lo formidable del amor de Padre que Dios nos tiene. Un Padre que no lleva cuentas de nuestros errores y desvaríos, sino que se alegra al vernos de regreso, porque es a nosotros a quienes echaba de menos, a quienes estaba buscando.

Nuestro Padre nos ama, como a “la niña de sus ojos”. No puede soportar que nos separemos y alejemos de Él. Nos quiere de vuelta, tanto así, que ha enviado a Su propio Hijo, nuestro Señor Jesucristo a buscarnos y Él ha dado su vida por rescatarnos de la oscuridad y la muerte.

Es justo que haya fiesta y alegría, porque tu hermano estaba muerto y ha vuelto a la vida, estaba perdido y ha sido encontrado»».

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