Mateo 8,18-22 – dónde recostar la cabeza

junio 27, 2016

«Los zorros tienen cuevas y las aves tienen nidos, pero el Hijo del Hombre ni siquiera tiene dónde recostar la cabeza.»

Texto del evangelio Mt 8,18-22 – dónde recostar la cabeza

18. Jesús, al verse rodeado por la multitud, dio orden de cruzar a la otra orilla.
19. Entonces se le acercó un maestro de la Ley y le dijo: «Maestro, te seguiré adondequiera que vayas.»
20. Jesús le contestó: «Los zorros tienen cuevas y las aves tienen nidos, pero el Hijo del Hombre ni siquiera tiene dónde recostar la cabeza.»
21. Otro de sus discípulos le dijo: «Señor, deja que me vaya y pueda primero enterrar a mi padre.»
22. Jesús le contestó: «Sígueme y deja que los muertos entierren a sus muertos.»

Reflexión: Mt 8,18-22

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Mateo 8,18-22 dónde recostar la cabeza

Es fácil notar que el Señor está mortificado, abrumado por la insistencia con que lo sigue este maestro de la ley, al punto que se queja por no tener ni a dónde ir y ni como escaparse de la insistencia con que lo sigue. Estos maestros legalistas estaban obsesionados por encontrar en falta al Señor, en lugar de aceptar que lo que Él nos enseña está por encima de toda ley, como Ley Suprema o Mandato Divino.

Al mismo tiempo le hace ver una realidad: que el Señor ha salido a trabajar, ha venido a cumplir una Misión y no tendrá descanso hasta que la haya cumplido. Por lo que si quiere seguirlo tendrá que estar dispuesto a seguirlo a este ritmo sin descanso. Todas las creaturas tiene derecho a volver a su propio espacio, donde descansar y reparar sus fuerzas, menos Él.

Nosotros tenemos que preguntarnos si logramos entender el orden de prioridades que nos propone el Señor, el lugar que ocupa la Misión encomendada por el Padre con respecto al reposo. Tal vez sea necesario reformular nuestras prioridades y no andarle dando tata importancia al descanso, al reposo y al esparcimiento, que no son malos, pues todas las creaturas tienen derecho al mismo, pero no han de ser lo prioritario.

«Los zorros tienen cuevas y las aves tienen nidos, pero el Hijo del Hombre ni siquiera tiene dónde recostar la cabeza.»

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