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San Lucas 18,35-43 – que vea

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Qué difícil se le hace al hombre caminar sin ver. Eso es algo que los ciegos comprenden en carne propia mejor que nadie, tal como nos lo recuerda el Evangelio de Lucas 18,35-43. Por eso, quien vive esta desgracia por alguna razón en la vida, no puede tener mejor anhelo que el que declara el ciego de Jericó: Señor, que vea.

Que vea
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Mateo 9,27-31 – Hágase en ustedes según su fe

Hágase en ustedes según su fe

«¿Creen que puedo hacer eso?» Dícenle: «Sí, Señor.» Entonces les tocó los ojos diciendo: Hágase en ustedes según su fe.

Texto del evangelio Mt 9,27-31

27. Cuando Jesús se iba de allí, al pasar le siguieron dos ciegos gritando: «¡Ten piedad de nosotros, Hijo de David!»
28. Y al llegar a casa, se le acercaron los ciegos, y Jesús les dice: «¿Creen que puedo hacer eso?» Dícenle: «Sí, Señor.»
29. Entonces les tocó los ojos diciendo: Hágase en ustedes según su fe.
30. Y se abrieron sus ojos. Jesús les ordenó severamente: «¡Miren que nadie lo sepa!»
31. Pero ellos, en cuanto salieron, divulgaron su fama por toda aquella comarca.

Reflexión: Mt 9,27-31

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Mateo 9,27-31 Hágase en ustedes según su fe.

Un nuevo ejemplo de fe. Surge una pregunta curiosa: ¿Quién está más propenso a inclinarse a la fe? ¿Hay alguien en especial? Creemos que al que no le quedan más opciones. ¿Quién podía curar a estos ciegos? ¿Dónde lo encontrarían?

Hay situaciones en la vida en las que estamos convencidos que nadie, absolutamente nadie puede ayudarnos. Si no es Dios, no hay remedio. Todos pasamos alguna vez por estas circunstancias. Pero no todos acudimos a Dios, aunque varios solo lo hacemos en esas ocasiones.

Es un hecho que podemos constatar que cuando no hay más opciones, ¿a quién recurrimos? A Dios. ¿Quién enfrentará más ocasiones de este tipo? Obviamente, el que menos tiene. Una razón más por la que los pobres están más cerca a Dios.

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Lucas 18,35-43 – Recupera la vista

¿Qué quieres que haga por ti?». «Señor, que yo vea otra vez». Y Jesús le dijo: « Recupera la vista, tu fe te ha salvado».

Texto del evangelio Lc 18,35-43 – Recupera la vista

35. Cuando se acercaba a Jericó, un ciego estaba sentado al borde del camino, pidiendo limosna.
36. Al oír que pasaba mucha gente, preguntó qué sucedía.
37. Le respondieron que pasaba Jesús de Nazaret.
38. El ciego se puso a gritar: «¡Jesús, Hijo de David, ten compasión de mí!».
39. Los que iban delante lo reprendían para que se callara, pero él gritaba más fuerte: «¡Hijo de David, ten compasión de mí!».
40. Jesús se detuvo y mandó que se lo trajeran. Cuando lo tuvo a su lado, le preguntó:
41. ¿Qué quieres que haga por ti?». «Señor, que yo vea otra vez».
42. Y Jesús le dijo: « Recupera la vista, tu fe te ha salvado».
43. En el mismo momento, el ciego recuperó la vista y siguió a Jesús, glorificando a Dios. Al ver esto, todo el pueblo alababa a Dios.

Reflexión: Lc 18,35-43

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Lucas 18,35-43 Recupera la vista

Esto es lo que el Señor está dispuesto a hacer con cada uno de nosotros si se lo pedimos de todo corazón y con fe. No nos quedemos en el caso anecdótico, aunque prodigioso, de este ciego. Lo más importante fue su insistencia. No se detuvo hasta conseguir lo que quiso.

Esto es precisamente lo que debemos aprender. A pedir insistentemente aquello que de un modo sutil comunica el Señor al ciego: la salvación. ¿Y cómo llega la salvación a este ciego? Por la fe. ¡Pidámosle al Señor insistentemente que nos devuelva la vista!

Incluso el hecho de pedir que nos devuelva la vista es algo significativo. Es que cuando somos niños en realidad vemos muy bien. Es en el proceso de convertirnos en adultos que, adecuándonos al mundo, perdemos la vista por completo. Muchos nos cegamos para siempre.

¿Qué quieres que haga por ti?». «Señor, que yo vea otra vez». Y Jesús le dijo: « Recupera la vista, tu fe te ha salvado».

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Mateo 15,21-28 – ¡qué grande es tu fe!

Entonces Jesús le dijo: «Mujer, ¡qué grande es tu fe! Que se cumpla tu deseo.» Y en aquel momento quedó sana su hija.

Texto del evangelio Mt 15,21-28 – ¡qué grande es tu fe!

21. Jesús marchó de allí y se fue en dirección a las tierras de Tiro y Sidón
22. Una mujer cananea, que llegaba de ese territorio, empezó a gritar: «¡Señor, hijo de David, ten compasión de mí! Mi hija está atormentada por un demonio.»
23. Pero Jesús no le contestó ni una palabra. Entonces sus discípulos se acercaron y le dijeron: «Atiéndela, mira cómo grita detrás de nosotros.»
24. Jesús contestó: «No he sido enviado sino a las ovejas perdidas del pueblo de Israel.»
25. Pero la mujer se acercó a Jesús y, puesta de rodillas, le decía: «¡Señor, ayúdame!»
26. Jesús le dijo: «No se debe echar a los perros el pan de los hijos.»
27. La mujer contestó: «Es verdad, Señor, pero también los perritos comen las migajas que caen de la mesa de sus amos.»
28. Entonces Jesús le dijo: «Mujer, ¡qué grande es tu fe! Que se cumpla tu deseo.» Y en aquel momento quedó sana su hija.

Reflexión: Mt 15,21-28

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Mateo 15,21-28 – ¡qué grande es tu fe!

A lo largo de las escrituras vamos encontrando como un común denominador la fe de quienes menos esperaríamos que la tuvieran. Será que no sabemos apreciar lo que tenemos hasta que lo perdemos. Nos resulta natural recibir la fe de nuestros padres, del mismo modo que la descartamos sin hacer una mueca.

Debemos reconocer que en nuestro entorno felizmente no son muchos los que cambian la fe que heredaron de sus padres por otra. Tal vez sea peor, pero lo que vemos es que asumen una postura que excluye a Dios, sin ser ateos. No niegan a Dios, sino que lo excluyen de sus vidas.

Parece que lo que ocurre es que no encuentran la necesidad de creer en Dios. No encuentran el sentido a tener fe y por el contrario esta se convierte en un obstáculo en algunas ocasiones. Un estado laico y un mundo secularizado parecen ser las posiciones más frecuentes y aceptables.

Entonces Jesús le dijo: «Mujer, ¡qué grande es tu fe! Que se cumpla tu deseo.» Y en aquel momento quedó sana su hija.

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