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Lucas 17,26-37 – Los signos de los tiempos

Los signos de los tiempos

En el Evangelio de hoy, tomado de Lucas 17,26-37 el Señor no invita a prestar atención a los signos de los tiempos para poder preveer con anticipación la estrategia a seguir cuando llegue el momento de enfrentar al enemigo. No podemos permanecer impasibles y quietos cuando vemos que ocurren tantas cosas a nuestro alrededor. No seamos indiferentes. No busquemos la solución en otro lado, cuando es posible que estemos precisamente allí porque somos nosotros la solución. Impliquémonos!

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Mateo 24,37-44 – a qué hora de la noche lo va a asaltar un ladrón

A qué hora de la noche lo va a asaltar un ladrón

Fíjense en esto: si un dueño de casa supiera a qué hora de la noche lo va a asaltar un ladrón, seguramente permanecería despierto para impedir el asalto a su casa.

Texto del evangelio Mateo 24,37-44

37. La venida del Hijo del Hombre recordará los tiempos de Noé.
38. Unos pocos días antes del diluvio, la gente seguía comiendo y bebiendo, y se casaban hombres y mujeres, hasta el día en que Noé entró en el arca.
39. No se dieron cuenta de nada hasta que vino el diluvio y se los llevó a todos. Lo mismo sucederá con la venida del Hijo del Hombre:
40. de dos hombres que estén juntos en el campo, uno será tomado, y el otro no;
41. de dos mujeres que estén juntas moliendo trigo, una será tomada, y la otra no.
42. Por eso estén despiertos, porque no saben en qué día vendrá su Señor.
43. Fíjense en esto: si un dueño de casa supiera a qué hora de la noche lo va a asaltar un ladrón, seguramente permanecería despierto para impedir el asalto a su casa.
44. Por eso, estén también ustedes preparados, porque el Hijo del Hombre vendrá a la hora que menos esperan.

Reflexión: Mt 24,37-44

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Mateo 24,37-44 a qué hora de la noche lo va a asaltar un ladrón

Hemos dicho en varias oportunidades estos días que Dios nos ha creado para ser felices, alcanzar la plenitud y la Vida Eterna. Eso es lo que quiere Dios Padre para todos y cada uno de nosotros. Si esta es la Voluntad de Dios, ¿Cómo conjuga con estas palabras?

Porque no podemos negar que la primera impresión que nos produce este texto del evangelio es desasosiego, incertidumbre y hasta temor. ¿Cómo asegurarnos de no ser aquel «tomado»? ¿Y cómo sentir complacencia por no ser «tomado» cuando un hermano nuestro tal vez lo sea?

Consideradas de este modo, las palabras de Jesús resulta amenazantes y desoladoras. ¿Resulta coherente que Dios que es amor nos amenace? ¿Cómo conciliar amenazas con amor? Parece una incongruencia que preferiríamos pasar desapercibida.

Fíjense en esto: si un dueño de casa supiera a qué hora de la noche lo va a asaltar un ladrón, seguramente permanecería despierto para impedir el asalto a su casa.

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