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Mateo 11,2-11 – se anuncia a los pobres la Buena Nueva

Se anuncia a los pobres la Buena Nueva

los ciegos ven y los cojos andan, los leprosos quedan limpios y los sordos oyen, los muertos resucitan y se anuncia a los pobres la Buena Nueva

Texto del evangelio Mt 11,2-11

2. Juan, que en la cárcel había oído hablar de las obras de Cristo, envió a sus discípulos a decirle:
3. «¿Eres tú el que ha de venir, o debemos esperar a otro?»
4. Jesús les respondió: «Vayan y cuenten a Juan lo que oyen y ven:
5. los ciegos ven y los cojos andan, los leprosos quedan limpios y los sordos oyen, los muertos resucitan y se anuncia a los pobres la Buena Nueva;
6. ¡y dichoso aquel que no halle escándalo en mí!»
7. Cuando éstos se marchaban, se puso Jesús a hablar de Juan a la gente: «¿Qué salieron a ver en el desierto? ¿Una caña agitada por el viento?
8. ¿Qué salieron a ver, si no? ¿Un hombre elegantemente vestido? ¡No! Los que visten con elegancia están en los palacios de los reyes.
9. Entonces ¿a qué salieron? ¿A ver un profeta? Sí, les digo, y más que un profeta.
10. Este es de quien está escrito: He aquí que yo envío mi mensajero delante de ti, que preparará por delante tu camino.
11. «En verdad les digo que no ha surgido entre los nacidos de mujer uno mayor que Juan el Bautista; sin embargo, el más pequeño en el Reino de los Cielos es mayor que él.

Reflexión: Mt 11,2-11

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Mateo 11,2-11 se anuncia a los pobres la Buena Nueva

¿Por qué a los pobres? ¿Por qué el Señor escogió nacer entre los pobres y anunciar la Buena Nueva a los pobres? ¿Es que condena la riqueza? ¿O es que condena a los ricos? Ni una ni otra. Lo que ocurre es que los hombres nos hacemos esclavos de lo que tenemos.

No importan cuanto podamos poseer, si mucho o poco. Seremos ricos, es decir, tendremos la misma actitud de los ricos, si creemos que cualquier cosa que poseemos es imprescindible para vivir. Solo una cosa es necesaria. Creer en Dios. Amar.

Nada, absolutamente nada de lo que podamos atesorar lo tuvimos antes de nacer, ni lo retendremos después de muertos. ¡Nada! Ni el agua, ni el aire. ¡Nada! Por lo tanto nada de ello es superior al Don de la vida que Dios nos dio. Es lo único que debemos aquilatar.

los ciegos ven y los cojos andan, los leprosos quedan limpios y los sordos oyen, los muertos resucitan y se anuncia a los pobres la Buena Nueva

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