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Juan 20,19-23 Reciban el Espíritu Santo

Reciban el Espíritu Santo

“Dicho esto, sopló sobre ellos y les dijo: Reciban el Espíritu Santo. A quienes perdonen los pecados, les quedan perdonados; a quienes se los retengan, les quedan retenidos.”

Domingo de Pentecostés | 20 de Mayo de 2018 | Por Miguel Damiani

Lecturas de la Fecha:

Reflexión sobre las lecturas

Reciban el Espíritu Santo

Hoy celebramos Pentecostés, una de las fiestas más solemnes de la Iglesia católica, porque en ella recordamos el cumplimiento de aquella ansiada promesa de Dios a Su pueblo: el envío de su Espíritu Santo, sin el cual nos resulta imposible alcanzar la anhelada salvación.

Jesucristo ha venido a salvarnos, pero esta salvación no sería posible o más bien, estaría incompleta, si no contamos con la intervención del Espíritu Santo. Él es el quién nos guía y conduce hasta la Verdad. Esto es algo que nos resulta IMPOSIBLE sin Él.

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Juan 13,1-15 – ustedes hagan como yo

Ustedes hagan como yo

…ustedes también deben lavarse los pies unos a otros. Porque les he dado ejemplo, para que también ustedes hagan como yo he hecho con ustedes.

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Juan 13,1-15 ustedes hagan como yo

Juan – Capítulo 13

Reflexión: Juan 13,1-15

En resumen: dar ejemplo. El Señor nos ha enseñado lo que debemos hacer: dar el ejemplo. Nos ha enseñado poniéndose Él mismo como ejemplo. ¡Qué fácil nos resulta exigir que los demás se porten de este u otro modo! ¡Qué difícil enseñar con el ejemplo! Para eso hay que ser coherente, consecuente. ¡Hay que practicar lo que se pretende enseñar!

Lo más difícil es mantener la coherencia, sobre todo cuando se trata de una disciplina exigente. Y, el camino que el Señor nos propone es exigente. No permite debilidades, ni flaquezas, aun cuando cuente con ellas, porque no somos perfectos, sino seres humanos falibles, aunque en camino a la perfección. Con una mano exigir y con la otra comprender.

Si por un lado hemos de reconocer que somos débiles, por el otro tenemos que estar dispuestos a dar nuestras vidas para alcanzar lo que el Señor nos ha prometido. Solo alcanzaremos la Vida Eterna si somos perfectos como nuestro Padre que está en los Cielos es perfecto. Parece una contradicción y una paradoja, pero no lo es.

Lo que ocurre es que estando llamados a transitar por este Camino, nos será imposible si no contamos con el Señor. Es Jesucristo quien lo hace posible. Si Él lo hizo, dándonos el ejemplo, nosotros también podemos hacerlo. Solo precisamos ponernos en Camino. El Señor se encarga del resto. Lo que es imposible para nosotros, es posible para Dios. Nosotros solos no alcanzaremos la Vida Eterna. Solo la alcanzamos con Él.

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Lucas 1,26-38 – El Espíritu Santo vendrá sobre ti

Texto del evangelio Lc 1,26-38 – El Espíritu Santo vendrá sobre ti

26. Al sexto mes fue enviado por Dios el ángel Gabriel a una ciudad de Galilea, llamada Nazaret,
27. a una virgen desposada con un hombre llamado José, de la casa de David; el nombre de la virgen era María.
28. Y entrando, le dijo: «Alégrate, llena de gracia, el Señor está contigo.»
29. Ella se conturbó por estas palabras, y discurría qué significaría aquel saludo.
30. El ángel le dijo: «No temas, María, porque has hallado gracia delante de Dios;
31. vas a concebir en el seno y vas a dar a luz un hijo, a quien pondrás por nombre Jesús.
32. El será grande y será llamado Hijo del Altísimo, y el Señor Dios le dará el trono de David, su padre;
33. reinará sobre la casa de Jacob por los siglos y su reino no tendrá fin.»
34. María respondió al ángel: «¿Cómo será esto, puesto que no conozco varón?»
35. El ángel le respondió: « El Espíritu Santo vendrá sobre ti y el poder del Altísimo te cubrirá con su sombra; por eso el que ha de nacer será santo y será llamado Hijo de Dios.
36. Mira, también Isabel, tu pariente, ha concebido un hijo en su vejez, y este es ya el sexto mes de aquella que llamaban estéril,
37. porque ninguna cosa es imposible para Dios.»
38. Dijo María: «He aquí la esclava del Señor; hágase en mí según tu palabra.» Y el ángel dejándola se fue.

Reflexión: Lc 1,26-38

Si recuperamos el hilo conductor de la reflexión de ayer, volvemos a encontrarnos con el anuncio de un hecho prodigioso: una joven virgen de nombre María es visitada por el Ángel Gabriel para anunciarle que ha encontrado Gracia delante de Dios y concebirá un hijo de nombre Jesús. El mismísimo Espíritu Santo la cubrirá con su sombra y por eso al que ha de nacer le llamarán el Hijo de Dios. Todo esto es mayúsculo y desconcertante. Solo ha ocurrido una vez: fue en Nazareth, una ciudad de Galilea, hace poco más de 2mil año. No ha ocurrido antes, no ha vuelto a ocurrir, ni volverá a ocurrir nunca más, como que Tierra hay una sola y cada uno de nosotros somos únicos e irrepetibles. Para algunos resulta sumamente difícil aceptar este hecho. Cuestionan que haya sido allí y no en China, por ejemplo o que haya sido en aquel tiempo. Pero no se pregunta por qué en aquella familia, ni de aquel modo, porque muchos dan por descontado en su interior -como una fábula-, aquello de la virgen y de la participación del Espíritu Santo. Es desde aquí, es decir, desde el comienzo que su fe empieza a flaquear y comienzan a crear una historia digerible a su capacidad y razón, la que desde luego es pobre y limitada, pero nunca estarán dispuestos a reconocerlo. ¿Por qué? Por soberbia, aunque tampoco reconozcan esta característica en ellos. Y es que según ellos, esto no encaja con la razón y solo están dispuestos a aceptar explicaciones razonables. Por lo tanto, de plano están rechazando a Dios, aunque afirmen creer en Él. ¿Qué clase de Dios sería aquel que se ajuste a sus limitaciones, que se ajuste a lo que a ellos les parece? Pues nada menos que un dios creado a su imagen y semejanza. Y como según su razón, una virgen no puede dar a luz, entonces descarta a la virgen. Y así siguen tomando y descartando lo que les parece, lo que se ajusta a su razón. ¿Nos damos cuenta de la necedad? Es decir que según ellos, Dios solo puede hacer lo que a ellos les parece. Con un dios así, no vamos a ninguna parte. Será un dios bastante minúsculo, insignificante e inútil en realidad. No se parece en nada al Dios de los cristianos que sería capaz de sacar hijos de las piedras, creando estrellas, constelaciones, planetas animales y al ser humano. Si esta es la razón por la que no son capaces de venerar a la Virgen María, será porque en el fondo tampoco creen en Dios. El Espíritu Santo vendrá sobre ti y el poder del Altísimo te cubrirá con su sombra; por eso el que ha de nacer será santo y será llamado Hijo de Dios.

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