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Juan 16,5-11 – yo les digo la verdad

Yo les digo la verdad

Pero yo les digo la verdad: Les conviene que yo me vaya; porque si no me voy, no vendrá a ustedes el Paráclito; pero si me voy, se los enviaré

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Juan 16,5-11 yo les digo la verdad

Juan – Capítulo 16

Reflexión: Juan 16,5-11

El Señor ha establecido una relación de confianza y amistad con los suyos, con nosotros, los que le seguimos. Podemos confiar porque Él nos habla siempre con la verdad. No nos engaña ni oculta nada. Él ha venido a salvarnos y nos ha revelado que Dios es nuestro Padre, que nos ha creado por amor y que es Su Voluntad que vivamos eternamente en el Cielo. Toda esta es la Verdad Revelada por Jesucristo, clara y diáfana, como todo lo que tiene que ver con Él.

No hay nada que no nos explique, ni que mantenga oculto innecesariamente. Es muy distinto, que no estemos en capacidad de entender. Nunca encontraremos en Él mentira o engaño. Ese no es ni será nunca el Camino ni el argumento del Señor, porque Él es la Verdad y cuando nos la debe presentar lo hace sin velos. En Él podemos y debemos creer. Es precisamente a lo que nos llama, a creerle, porque en creerle está nuestra salvación, porque quien le cree alcanza la vida eterna.

Nosotros habremos llegado a entender el Evangelio cuando en vez de estar tristes porque el Señor se va, o porque es preciso que pase por la cruz, estemos alegres porque con Su vida, muerte, resurrección y ascensión al Cielo, nos ha salvado. Todo esto ocurrió porque era necesario. Obedece a un Plan que debía ejecutarse hasta la última coma para salvarnos y Jesucristo, cumpliendo la Voluntad del Padre, lo siguió al pié de la letra, mostrando Su Infinito amor por el Padre y por nosotros, Sus creaturas.

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Juan 15,26-16,4 – Los expulsarán

Los expulsarán

Los expulsarán de las sinagogas. E incluso llegará la hora en que todo el que los mate piense que da culto a Dios.

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Juan 15,26-16,4 Los expulsarán

Juan – Capítulo 16

Reflexión: Juan 15,26-16,4

El panorama que nos anuncia nuevamente el Señor no es nada halagüeño; no es lo que esperaríamos del Todopoderoso. Es como para dejar desconcertado a cualquiera. Así sería también con nosotros si no fuera porque Él nos ha escogido, nos ha llamado y nos ha enviado a dar mucho fruto. Los que son de este mundo no lo entienden; no pueden verlo, porque hay que creer en Él y hacer lo que nos manda para poderlo ver.

Esta forma de hablar es algo confusa para los que no le conocen, pero no para nosotros, que hemos sido bautizados y por lo tanto tenemos al Espíritu Santo morando en nosotros. Él nos aclara todos estos misterios. Es preciso, además, aproximarnos a la Palabra de Dios y reflexionarla cada día para ir entendiendo paulatinamente su mensaje. Este permanece oculto para quienes son de este mundo, porque carecen de fe. Es preciso convertirse, creer en Él y bautizarse para verlo.

En la sociedad de consumo actual nadie quiere saber de austeridad ni sacrificios, sino más bien de lujos, despilfarro, ostentación y placeres. Tenemos tal temor a la escasez, al sufrimiento y a la muerte que nos hemos refugiado en todo aquello que por su naturaleza nos permite olvidar, aun cuando sea temporalmente, la angustia, el dolor y la amenaza de la oscuridad y la muerte que pende sobre nuestra generación, sino enmendamos el rumbo y tomamos el Camino que nos muestra Jesús.

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Juan 14,15-21 – el Espíritu de la verdad

El Espíritu de la verdad

…el Espíritu de la verdad, a quien el mundo no puede recibir, porque no le ve ni le conoce. Pero ustedes le conocen, porque mora con ustedes.

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Juan 14,15-21 el Espíritu de la verdad

Juan – Capítulo 14

Reflexión: Juan 14,15-21

Al elegirnos el Señor nos ha sacado del mundo y mediante el bautizo nos ha dado el Espíritu Santo, al que conocemos y oímos porque vive en nosotros. Este Espíritu Divino es el que nos fortalece, nos hace distintos y nos defiende del mundo, guiándonos por la verdad. El Señor no nos ha dejado solos en el mundo, sino que por el contrario, nos ha unido a Él y uniéndonos a Él nos ha unido al Padre.

De este modo, el que cumple con los mandamientos del Señor, permanece de manera misteriosa y real unido a Dios. Y es esta unidad la que habrá de conducirnos finalmente a la vida eterna. Porque al aceptar y cumplir Sus mandatos, al hacer Su Voluntad, nos hacemos uno con Él, de tal modo que ninguna fuerza de este mundo podrá contra nosotros. Es un asunto de fe que habrá de manifestarse en nuestras vidas como fuente inagotable de amor a Dios y al prójimo.

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Juan 14,21-26 – El que tiene mis mandamientos

El que tiene mis mandamientos

El que tiene mis mandamientos y los guarda, ése es el que me ama; y el que me ame, será amado de mi Padre; y yo le amaré y me manifestaré a él.

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Juan 14,21-26 El que tiene mis mandamientos

Juan – Capítulo 14

Reflexión: Juan 14,21-26

¿Quieres ser reconocido como cristianos? ¿Quieres ser contado entre los santos? ¡Guarda los mandamientos de la Ley del Señor! Al igual que la fe, el amor no se manifiesta de otro modo que con obras. Por eso Jesucristo nos pide tener, guardar, obedecer Sus mandamientos para ser amados por el Padre y por Él. No hay otra forma de manifestar amor por Dios que amando a los hermanos, amando al prójimo. Por lo tanto el mandato es a amarnos los unos a los otros. Y el amor no se reduce a manifestaciones líricas, por más hermosas que estas puedan ser, es preciso mostrarlo con la vida misma.

La mejor definición del amor la encontramos en la Primera Carta a los Corintios, Capítulo 13, que se lee –a modo de oración- en todos los matrimonios religiosos católicos. Estos versículos tan hermosos, tan profundos, con imágenes y palabras como solo podían haber sido seleccionadas por el Espíritu Santo, teniendo capacidad para transformar al mundo, no lo harán si nosotros mismos no las ponemos en práctica en nuestra vida cotidiana. Pasa con frecuencia que a los más evidentes, a los que tenemos más cerca, los damos por descontados y es posiblemente donde primero y sobre todo debemos manifestar nuestro amor.

Tengamos en cuenta que el cristianismo -y por lo tanto la fe-, no es nada más que el ejercicio del amor; el amor puesto en práctica. Este es el único mandamiento de Dios: amarlo por sobre todas las cosas y al prójimo como a nosotros mismos. No hay más que estudiar ni aprender. Estaremos de acuerdo en que, teóricamente al menos, ser cristiano es lo más sencillo del mundo. Solo basta un twitt para comunicar la esencia de la doctrina de Cristo y no se necesitan estudios superiores, ni títulos, ni doctorados y mucho menos riqueza o poder para comprenderla.

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Juan 14,15-16.23b-26 – Espíritu Santo

Texto del evangelio Jn 14,15-16.23b-26 – Espíritu Santo

15. Si ustedes me aman, cumplirán mis mandamientos.
16. Y yo rogaré al Padre, y él les dará otro Paráclito para que esté siempre con ustedes:
23. «El que me ama será fiel a mi palabra, y mi Padre lo amará; iremos a él y habitaremos en él.
24. El que no me ama no es fiel a mis palabras. La palabra que ustedes oyeron no es mía, sino del Padre que me envió.
25. Yo les digo estas cosas mientras permanezco con ustedes.
26. Pero el Paráclito, el Espíritu Santo, que el Padre enviará en mi Nombre, les enseñará todo y les recordará lo que les he dicho.

Reflexión: Jn 14,15-16.23b-26

A muchos cristianos lamentablemente escapa la importancia de la fiesta que hoy celebra la Iglesia. Es verdad que es muy difícil decir qué fecha es más importante, cuando tenemos tantas en el Calendario Litúrgico en el que recordamos acontecimientos únicos en la historia de la humanidad. Sin una, no habría la otra y es que todo está referido finalmente al Plan de Salvación puesto en marcha por Dios Padre Creador, que demandó su irrupción en la historia de la humanidad para volvernos al Camino que da razón y sentido a nuestra existencia. Toda nuestra historia está jalonada de sucesos en los que podemos atestiguar la presencia de Dios con el único propósito de Salvarnos, conforme a Su Plan. Es atendiendo a Su Santísima Voluntad que viene nuestro Señor Jesucristo a cumplir con la Misión encomendada de darnos a conocer lo que Dios Padre tenía planeado para nosotros desde que fuimos creados, por una sola razón: por amor. La motivación del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo es el amor infinito e incondicional que nos tienen, el que les ha llevado a manifestarse señalándonos el Camino de la Luz, la Verdad y la Vida. Jesucristo nos aclara que no existe otra motivación, que no hay mérito alguno en nosotros, que es Voluntad de nuestro Dios Padre y Creador, que seamos felices y vivamos eternamente. Esta es la Buena Noticia que nos trae Jesucristo y que ha quedado registrada en los Evangelios. Su nacimiento, vida, muerte y resurrección dando cumplimiento a esta Misión encomendada por Dios, están plagadas de fechas trascendentes y de una importancia gravitante en nuestra salvación. Este es un acontecimiento que hemos de celebrar siempre con nuestras propias vidas. No podemos nada más que estar permanentemente alegres con esta Buena Noticia, que da sentido a todo lo que hacemos e incluso al sufrimiento. Todo adquiere un sentido y una razón que van más allá de cuanto podemos maginar y nos llenan de alegría y gozo indescriptible, que se habrá de colmar cuando las promesas de Cristo lleguen a su culminación. Entre tanto, cada día es una celebración que dedicamos al Señor. Pero el Paráclito, el Espíritu Santo, que el Padre enviará en mi Nombre, les enseñará todo y les recordará lo que les he dicho.

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Juan 14,23-29 – Si alguno me ama, guardará mi Palabra

Texto del evangelio Jn 14,23-29 – Si alguno me ama, guardará mi Palabra

23. Jesús le respondió: « Si alguno me ama, guardará mi Palabra, y mi Padre le amará, y vendremos a él, y haremos morada en él.
24. El que no me ama no guarda mis palabras. Y la palabra que escuchan no es mía, sino del Padre que me ha enviado.
25. Les he dicho estas cosas estando entre ustedes.
26. Pero el Paráclito, el Espíritu Santo, que el Padre enviará en mi nombre, les enseñará todo y les recordará todo lo que yo les he dicho.
27. Les dejo la paz, mi paz les doy; no se las doy como la da el mundo. No se turbe su corazón ni se acobarde.
28. Han oído que les he dicho: «Me voy y volveré a ustedes.» Si me amaran, se alegrarían de que me fuera al Padre, porque el Padre es más grande que yo.
29. Y se los digo ahora, antes de que suceda, para que cuando suceda crean.

Reflexión: Jn 14,23-29

Este es uno de esos pasajes en los Evangelios en los que Jesucristo Claramente se refiere al Dios en el cual creemos los cristianos, que es Uno y Trino al mismo tiempo. Aquí son presentadas las tres personas que conforman esta unidad Divina indisoluble: Padre, Hijo y Espíritu Santo. Trabajando juntas, al unísono, cumpliendo la Voluntad del Padre. El Padre envía al Hijo a Salvarnos y todo lo que Él nos dice y enseña, lo hace por Voluntad del Padre, del mismo modo que Él lo haría, al punto que conociéndole a Él, conocemos al Padre. El Padre envía al Espíritu Santo Para que nos enseñe y recuerde todo lo que nos ha enseñado Jesucristo, el Hijo. Así, en este Dios Único y Verdadero, está asegurada nuestra Salvación. Tal como Jesucristo nos lo enseña, hemos de creer en Él para salvarnos. Pero solo hay una forma de creer y es guardando Su Palabra. Quien guarda Su Palabra, le ama y quien ama a Jesucristo ama al Padre. Amar es hacer lo que Jesucristo nos manda; no hay otra forma. Lo que nos manda está en Su Palabra, en consecuencia, hemos de conocer Su Palabra. Esto quiere decir que por lo menos una vez en nuestras vidas debíamos leer y reflexionar los Evangelios, porque nadie ama lo que no conoce. Leyendo y reflexionando los evangelios nos iremos familiarizando con Jesucristo y llegaremos a descubrir lo mucho que nos ama. Entenderemos que es el Hijo de Dios, que siendo Dios como Su Padre, se hizo hombre como nosotros para Salvarnos obedeciendo la Voluntad del Padre. Descubriremos que Padre e Hijo nos aman como nadie jamás podrá amarnos y que solo quieren nuestro Bien. Es por eso que llegado el tiempo Dios Padre envía a Su Hijo a enseñarnos el Camino, y es que solo hay un Camino que conduce a la Vida Eterna para la cual fuimos creados por Dios Padre y Él quiere asegurarse que todos lo tomemos, porque no quiere que ni uno solo se pierda. ¿Quiere decir que existe el peligro que nos perdamos? Evidentemente sí. Y es que nosotros hemos sido creados para tener vida en abundancia, pero solamente la alcanzaremos si seguimos el Camino que Dios ha trazado, que Jesucristo nos enseña y por el que la Gracia del Espíritu Santo nos conduce. ¿Cuál es este Camino? Para decirlo en una sola palabra: el AMOR. Jesús le respondió: « Si alguno me ama, guardará mi Palabra, y mi Padre le amará, y vendremos a él, y haremos morada en él.

Hemos de amar a Dios en primer lugar, por sobre todas las cosas. ¿Qué quiere decir esto? Que tal como nos lo manda Jesucristo, debemos guardar Su Palabra. ¿Cómo guardamos Su Palabra? Haciendo lo que Él nos dice. ¿Y qué nos dice? Pues tenemos que leer y reflexionar los Evangelios, que son la Palabra de Dios, para conocer y entender en profundidad lo que nos dice. Esto puede significar un reto intelectual muy grande, si además tenemos en cuenta que los Evangelios son tan solo una parte muy reducida de la Biblia, que es el Libro Sagrado que recoge la Palabra de Dios a través de la Historia. Así, con solo ver la Biblia alguien podría desanimarse y pensar que se trata de una misión imposible. Sin embargo hay un primer principio que podemos ir aprendiendo acerca de Dios y este es que para Dios no hay nada imposible, lo que en otras palabras quiere decir que si se lo pedimos y lo dejamos en Sus manos, Él nos dará la gracia de convertirlo en realidad; dicho de otro modo: si Él quiere, si Él lo permite, nos dará la forma de conocerle sin pasar por este reto o tal vez lo pasaremos casi sin darnos ni cuenta. Pero hay algo más. Jesucristo nos dice que todo esto que conocerlo podría significar para nosotros una tarea descomunal, lo podemos resumir en una frase tan corta que entraría sobradamente en un twitt de 140 caracteres y sobraría. Así es. Jesucristo mismo nos enseña que toda la sabiduría y los profetas están encerrados en este mandamiento: amar a Dios por sobre todas las cosas y al prójimo como a nosotros mismos. Es a esto que se reduce en buena cuenta el núcleo de la enseñanza de Jesucristo. Si retenemos y practicamos esto, tendremos asegurada la Vida Eterna. Ese es el Camino. No hay nada más que hacer ni aprender. Solo debemos ser fieles a este amor. Jesús le respondió: « Si alguno me ama, guardará mi Palabra, y mi Padre le amará, y vendremos a él, y haremos morada en él.

Entonces, ya sabemos lo que hay que hacer. Tal vez la pregunta que podría surgir sería ¿Por qué tendríamos que hacerlo? Para alcanzar la Vida Eterna. Pero ¿quién puede garantizarnos que esto será así? Pues, precisamente por eso, debemos leer y reflexionar la Palabra de Dios que se encuentra en la Biblia y especialmente en los Evangelios. Es preciso que creamos que Jesucristo es el Hijo de Dios y que por lo tanto ha de merecer toda nuestra confianza, la que solo puede nacer del conocimiento de Jesús. La vida nos depara muy distintas formas para conocerlo, sin embargo es a través de Su Palabra la forma más privilegiada, deseable y exacta. Hemos de proponernos leer y reflexionar Su Palabra, porque en ella encontraremos la respuesta a todas las preguntas que pudieran surgir en torno al amor. Porque el amor verdadero no es tan sencillo de conocer y actualmente lo confundimos con una serie de actitudes, sentimientos y emociones que están muy lejos del verdadero amor, que es el que nos propone Cristo. Un amor sin condiciones y sin límites, al estilo de Dios Padre, el mismo que solo podremos alcanzar si Él nos da Su Gracia. Por lo tanto, creer como se debe, no es obra nuestra, sino Gracia que Dios concede. Si esto es cierto ¿qué debemos hacer? Vivir amando con toda el alma y poniéndonos en manos del Señor, confiando que Él nos dará la Gracia para amar como se debe a todos y cada uno de los que nos rodean, conforme a la Voluntad de Dios, es decir, sin medida no condiciones. Esta tarea no puede ser librada a nuestra capacidad, porque nos será imposible. Sin embargo, con Él, no habrá obstáculo que pueda interponerse. Jesús le respondió: « Si alguno me ama, guardará mi Palabra, y mi Padre le amará, y vendremos a él, y haremos morada en él.

Oremos:

Padre amado, concédenos la Gracia de conocer y amar a Jesús. Danos un corazón grande para amarte a través de nuestros hermanos, sin límites ni condiciones, a ejemplo de Jesús…Te lo pedimos por nuestro Señor Jesucristo, que vive y reina contigo en unidad del Espíritu Santo y es Dios, por los siglos de los siglos…Amén.

Roguemos al Señor…

Te lo pedimos Señor.

(Añade tus oraciones por las intenciones que desees, para que todos los que pasemos por aquí tengamos oportunidad de unirnos a tus plegarias)

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