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Juan 8,21-30 – no hago nada por mi propia cuenta

No hago nada por mi propia cuenta

Cuando hayan levantado al Hijo del hombre, entonces sabrán que Yo Soy, y que no hago nada por mi propia cuenta; sino que, lo que el Padre me ha enseñado, eso es lo que hablo.

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Juan 8,21-30 no hago nada por mi propia cuenta

Juan – Capítulo 08

Reflexión: Juan 8,21-30

Es por demás, el que no quiere creer, siempre encontrará excusas para no hacerlo. Ya lo dijo antes el Señor en el caso del rico aquél que le pedía a Abram que por lo menos le dejara volver para prevenir a sus hermanos. Ahí tienen a los profetas, a Jonás, a Moisés. Si no creen en ellos, no creerán aunque un muerto resucite.

Esto es así de cierto y es la condena de los judíos y de quienes se aferran como ellos a sus razones para no creer. Incrédulos hay en todas partes, unos más que otros, pero quienes fueron testigos presenciales no podían dejar de creer, sin caer en la mentira y la hipocresía. Por eso, habiendo presenciado lo que Jesús había hecho y escuchándolo hablar con esa autoridad, fueron muchos los que creyeron.

La pregunta que nos toca responder es: ¿y nosotros, qué? ¿Creemos o no? Nosotros no hemos estado físicamente al lado de Jesús y tampoco le hemos oído directamente. Pero, además de las Escrituras, hemos tenido innumerables testimonios y ocasiones para sentir y comprender que aquello no podía provenir sino de Dios.

No hablamos ya de la Creación, del Cosmos y del Universo, sino de nuestra propia experiencia personal. Si, seguramente hay muchos que dudan al identificarlo tras cada uno de los acontecimientos de sus vidas, pero estamos los bautizados, los que provenimos de familias católicas, para ayudarles a identificar y comprender en cada uno de estos sucesos, la presencia de Dios.

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Juan 7,1-2.10.25-30 – yo no he venido por mi cuenta

Yo no he venido por mi cuenta

Me conocen a mí y saben de dónde soy. Pero yo no he venido por mi cuenta; sino que verdaderamente me envía el que me envía; pero ustedes no le conocen.

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Juan 7,1-2.10.25-30 – yo no he venido por mi cuenta

Juan – Capítulo 07

Reflexión: Juan 7,1-2.10.25-30

Se acerca el día y la hora en que Jesús sería entregado, muerto en la cruz y para luego resucitar cumpliendo así la Misión que el Padre le había encomendado. Las cosas habrían de suceder como estaba escrito. Por ello, no siendo su momento, Jesucristo toma sus precauciones y va de incógnita a Jerusalén.

Parece una sutileza, sin embargo debemos distinguir que si fue de incógnita no fue por temor, sino porque habría de ceñirse a los Planes de Dios. A lo que estaba escrito, pues las Escrituras se cumplen con Él. Esto es lo que no llegan a entender los judíos y lo que no escatima esfuerzo ni oportunidad por hacerles entender.

Es por ello que a pesar de haber ido de incógnita, no pierde oportunidad de enseñar y llegado el momento grita a todo el mundo en el templo, pero especialmente a los judíos, quién es y de dónde ha venido. Entonces, no solo no niega su procedencia ante quienes no lo aceptan, sino que la proclama y reafirma publica y abiertamente, cuando llegó el momento, cuando fue oportuno.

No hay, pues, temor en Jesús, porque sabe lo que tendrá que ocurrir y tiene completa y total confianza en los Planes del Padre. Lo que sucederá siempre, en cualquier caso, será la Voluntad de Dios e incluso Él se ajusta ejemplarmente a ella, sin negarlo, ni por un segundo, sin dudas, ni temores. Esto es lo que nos enseña hoy Jesús; lo que tenemos que aprender.

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Juan 3,31-36 – El que cree en el Hijo tiene vida eterna

Texto del evangelio Jn 3,31-36 – El que cree en el Hijo tiene vida eterna

31. El que viene de arriba está por encima de todos: el que es de la tierra, es de la tierra y habla de la tierra. El que viene del cielo,
32. da testimonio de lo que ha visto y oído, y su testimonio nadie lo acepta.
33. El que acepta su testimonio certifica que Dios es veraz.
34. Porque aquel a quien Dios ha enviado habla las palabras de Dios, porque da el Espíritu sin medida.
35. El Padre ama al Hijo y ha puesto todo en su mano.
36. El que cree en el Hijo tiene vida eterna; el que rehúsa creer en el Hijo, no verá la vida, sino que la cólera de Dios permanece sobre él.»

Reflexión: Jn 3,31-36

Así de claro y directo, como para que no quede duda alguna. Es preciso creer en Jesucristo para alcanzar la Vida Eterna. Esto no podrá querer decir jamás que el Señor condene a quienes no han tenido oportunidad de conocerle y no solo como quien alguna vez escucho de Él, sino en el grado de profundidad requerido para contar con los elementos de juicio necesarios para optar por Él. De allí se deriva precisamente nuestra responsabilidad de evangelizar, tal como el mismo Jesucristo nos manda. Veamos que nos se trata de una sugerencia o de algo que sería deseable, sino de un mandato. A muchos nos causa incomodidad esta palabra. No queremos aceptar que Jesucristo nos mande, por lo que consideramos como una intromisión, una imposición a nuestro libre albedrío. Este no es nada más que un recurso engañoso de nuestra propia cosecha, inspirado por el mal espíritu para hacernos desistir de nuestra Misión, sembrando dudas y conflictos donde no los hay. Y es que, si creemos en Dios, no puede haber dudas. Lo que pasa es que no llegamos a creer y por lo tanto nuestro juicio es errado. ¿Cómo? Muy simple. Si creemos en Dios, ese Dios que intuimos y que jamás llegaremos a abarcar, por el intelecto sabremos que es Infinito, Omnipotente, Omnipresente, pura Sabiduría y Verdad, entre otras cosas, por lo tanto, hemos de reconocer que Él lo puede todo y lo sabe todo. Detengámonos aquí un momento; si lo sabe todo, quiere decir que ve el mundo desde una perspectiva muy distinta a la nuestra, que abarca todos los tiempos y todas las “dimensiones” que pueden converger en ellos en cualquier momento, lo que debe llevarnos a admitir que definitivamente sabe infinitamente más que cualquiera de nosotros. Premunido de ese conocimiento, ¿no es lógico que hagamos caso a lo que nos dice? ¿no es lógico que obedezcamos Su Voluntad? ¿Si Él dice que hagamos esto o aquello, no debía ser lo que hagamos? ¿No debíamos obedecerle? ¿No es lo más lógico y sensato? Si no lo hacemos tiene que ser únicamente porque no le creemos, porque no confiamos en Él. El que cree en el Hijo tiene vida eterna; el que rehúsa creer en el Hijo, no verá la vida, sino que la cólera de Dios permanece sobre él.

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