Mateo 5,20-26 Merece la condena

febrero 23, 2018

Merece la condena

“Pero yo les digo: Todo el que este peleado con su hermano será procesado. Y si uno llama a su hermano “imbécil”, tendrá que comparecer ante el Sanedrín, y si lo llama “renegado”, merece la condena del fuego.”

Viernes de la 1ra Semana de Cuaresma | 23 Febrero 2018 | Por Miguel Damiani

Lecturas de la Fecha:

  • Ezequiel 18,21-28
  • Sal 129
  • Mateo 5,20-26

Reflexión sobre las lecturas

Merece la condena

Seguir al Señor es el único Camino que nos conduce a la Salvación y la Vida Eterna. No se trata de cumplir con los mandamientos, sino de tener la voluntad de exigirnos cada vez más. Lo que el Señor nos reclama es asumir la actitud de quien se exige siempre más, procurando la santidad y la perfección.

Es, pues, una doctrina nueva, más elevada, que enfatiza en el amor antes que el castigo o el pecado. Estamos llamados a hilar cada vez más fino por el Camino del Bien y del Amor.

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Mateo 13,36-43 así será al fin del mundo

agosto 1, 2017

Así será al fin del mundo

…así será al fin del mundo. El Hijo del hombre enviará a sus ángeles, que recogerán de su Reino todos los escándalos y a los obradores de iniquidad, y los arrojarán en el horno de fuego

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Mateo 13,36-43 así será al fin del mundo

Mateo – Capítulo 13

Reflexión: Mateo 13,36-43

Llegará el día final. Esto es inexorable. Lo sabemos desde que tenemos conciencia. La vida es un paso efímero por este mundo. Todos nacemos, vivimos y finalmente tenemos que morir, sin importar de quien se trate.

De la muerte nadie escapa. Esto es algo que a veces preferimos eludir, sin que por ello logremos apartarla de nuestra realidad. Tarde o temprano llega ese día; todo nos lo recuerda y es vano el esfuerzo por ignorarla.

Aun reconociendo racionalmente esta realidad, cantamos, bailamos, hablamos fuerte, cerramos los ojos, nos distraemos o miramos a otro lado con tal de no ver ni tener presente este destino final.

Todos son distractivos, paliativos que a sabiendas, utilizamos con fruición con tal de no recordar aquel momento. Tenemos miedo al dolor y al sufrimiento. Queremos evitarlo a cualquier precio.

De allí que acojamos con avidez lo primero que se nos ofrece para eludir sufrimiento, dolor y muerte. No queremos ver ni saber nada con ello. Esta respuesta aprensiva nos lleva a encerrarnos en nosotros mismos, como el avestruz, que esconde la cabeza para escapar de la asechanza del enemigo.

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