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su enemigo fue y sembró cizaña – Mateo 13,24-30

su enemigo fue y sembró cizaña

«El reino de los cielos se parece a un hombre que sembró buena semilla en su campo; pero, mientras la gente dormía, su enemigo fue y sembró cizaña en medio del trigo y se marchó.”

Sábado de la 16ta Semana del T. Ordinario | 27 de Julio del 2019 | Por Miguel Damiani

Lecturas de la Fecha:

Reflexión sobre las lecturas

su enemigo fue y sembró cizaña

¡Qué hermosa parábola nos presenta hoy el Señor! Nos habla de lo más preciado, de aquello que anhelamos alcanzar. ¡Está en verdad tan a la mano! Dios nos ha dotado de todas las cualidades y capacidades necesarias para alcanzarlo. Lo tenemos en germen, como una semilla.

Pero es preciso que crezca en nosotros. Depende de dos factores: por un lado y en forma primordial, de la Gracia de Dios. Y por otro, en consecuencia, que seamos capaces de pedirlo incansablemente. Debemos pedir perseverantemente, en nuestras oraciones, esta Gracia a Dios.

Tenemos la semilla, pero esta debe crecer y dar fruto. Ello es Gracia de Dios que podemos obtener por medio de nuestra perseverante oración. Es necesaria nuestra voluntad, manifiesta en nuestra oración y la participación de Dios con Su Gracia.

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Mateo 13,36-43 así será al fin del mundo

Así será al fin del mundo

…así será al fin del mundo. El Hijo del hombre enviará a sus ángeles, que recogerán de su Reino todos los escándalos y a los obradores de iniquidad, y los arrojarán en el horno de fuego

mateo-13-40
Mateo 13,36-43 así será al fin del mundo

Mateo – Capítulo 13 – parábolas

Reflexión: Mateo 13,36-43

Llegará el día final. Esto es inexorable. Lo sabemos desde que tenemos conciencia. La vida es un paso efímero por este mundo. Todos nacemos, vivimos y finalmente tenemos que morir, sin importar de quien se trate.

De la muerte nadie escapa. Esto es algo que a veces preferimos eludir, sin que por ello logremos apartarla de nuestra realidad. Tarde o temprano llega ese día; todo nos lo recuerda y es vano el esfuerzo por ignorarla.

Aun reconociendo racionalmente esta realidad, cantamos, bailamos, hablamos fuerte, cerramos los ojos, nos distraemos o miramos a otro lado con tal de no ver ni tener presente este destino final.

Todos son distractivos, paliativos que a sabiendas, utilizamos con fruición con tal de no recordar aquel momento. Tenemos miedo al dolor y al sufrimiento. Queremos evitarlo a cualquier precio.

De allí que acojamos con avidez lo primero que se nos ofrece para eludir sufrimiento, dolor y muerte. No queremos ver ni saber nada con ello. Esta respuesta aprensiva nos lleva a encerrarnos en nosotros mismos, como el avestruz, que esconde la cabeza para escapar de la asechanza del enemigo.

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