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Juan 10,22-30 – Yo y el Padre somos uno

Yo y el Padre somos uno

El Padre, que me las ha dado, es más grande que todos, y nadie puede arrebatar nada de la mano del Padre. Yo y el Padre somos uno.

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Juan 10,22-30 Yo y el Padre somos uno

Juan – Capítulo 10

Reflexión: Juan 10,22-30

Jesucristo ha venido a salvarnos. Todo lo que hace es únicamente para que le creamos. Para suscitar nuestra fe. ¿Por qué es importante créele? Porque nos está pidiendo que le sigamos, lo que implica un cambio de vida. ¿Pero cómo habremos de hacerlo si no le creemos? Vivir según la premura que exigen los tiempos demanda fe. De otro modo ¿por qué inquietarnos? ¿por qué dejar la comodidad? ¿por qué sacrificarnos?

Y es que el seguimiento de Cristo exige caminar cuesta arriba, cargando con todo lo que somos y atrayendo a nuestros hermanos. El que cree, se esfuerza por vivir hoy plenamente, es decir, como si fuera su último día. Pero, cuidado ahí, que más de uno interpretamos estas palabras como complacernos y gozar de todo. No es eso a lo que nos llama el Señor, lo que no quiere decir que debamos rechazar la alegría o el placer. Nada más equívoco.

Nosotros somos portadores de una Buena Nueva, de una Buena Noticia, de hecho, de la mejor noticia que alguien podría haber recibido. ¿Cómo vamos a darla con cara compungida, triste o amargada? ¡Jamás! Esta noticia es de tal magnitud, que no podemos esperar transmitirla, que no escatimaremos esfuerzos por llevarla inmediatamente, empezando por quienes tenemos más cerca, pero siguiendo con toda la humanidad.

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Juan 3,31-36 – El que cree en el Hijo tiene vida eterna

Texto del evangelio Jn 3,31-36 – El que cree en el Hijo tiene vida eterna

31. El que viene de arriba está por encima de todos: el que es de la tierra, es de la tierra y habla de la tierra. El que viene del cielo,
32. da testimonio de lo que ha visto y oído, y su testimonio nadie lo acepta.
33. El que acepta su testimonio certifica que Dios es veraz.
34. Porque aquel a quien Dios ha enviado habla las palabras de Dios, porque da el Espíritu sin medida.
35. El Padre ama al Hijo y ha puesto todo en su mano.
36. El que cree en el Hijo tiene vida eterna; el que rehúsa creer en el Hijo, no verá la vida, sino que la cólera de Dios permanece sobre él.»

Reflexión: Jn 3,31-36

Así de claro y directo, como para que no quede duda alguna. Es preciso creer en Jesucristo para alcanzar la Vida Eterna. Esto no podrá querer decir jamás que el Señor condene a quienes no han tenido oportunidad de conocerle y no solo como quien alguna vez escucho de Él, sino en el grado de profundidad requerido para contar con los elementos de juicio necesarios para optar por Él. De allí se deriva precisamente nuestra responsabilidad de evangelizar, tal como el mismo Jesucristo nos manda. Veamos que nos se trata de una sugerencia o de algo que sería deseable, sino de un mandato. A muchos nos causa incomodidad esta palabra. No queremos aceptar que Jesucristo nos mande, por lo que consideramos como una intromisión, una imposición a nuestro libre albedrío. Este no es nada más que un recurso engañoso de nuestra propia cosecha, inspirado por el mal espíritu para hacernos desistir de nuestra Misión, sembrando dudas y conflictos donde no los hay. Y es que, si creemos en Dios, no puede haber dudas. Lo que pasa es que no llegamos a creer y por lo tanto nuestro juicio es errado. ¿Cómo? Muy simple. Si creemos en Dios, ese Dios que intuimos y que jamás llegaremos a abarcar, por el intelecto sabremos que es Infinito, Omnipotente, Omnipresente, pura Sabiduría y Verdad, entre otras cosas, por lo tanto, hemos de reconocer que Él lo puede todo y lo sabe todo. Detengámonos aquí un momento; si lo sabe todo, quiere decir que ve el mundo desde una perspectiva muy distinta a la nuestra, que abarca todos los tiempos y todas las “dimensiones” que pueden converger en ellos en cualquier momento, lo que debe llevarnos a admitir que definitivamente sabe infinitamente más que cualquiera de nosotros. Premunido de ese conocimiento, ¿no es lógico que hagamos caso a lo que nos dice? ¿no es lógico que obedezcamos Su Voluntad? ¿Si Él dice que hagamos esto o aquello, no debía ser lo que hagamos? ¿No debíamos obedecerle? ¿No es lo más lógico y sensato? Si no lo hacemos tiene que ser únicamente porque no le creemos, porque no confiamos en Él. El que cree en el Hijo tiene vida eterna; el que rehúsa creer en el Hijo, no verá la vida, sino que la cólera de Dios permanece sobre él.

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