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Juan 5,1-3.5-16 – al instante el hombre quedó curado

Al instante el hombre quedó curado

Jesús le dice: «Levántate, toma tu camilla y anda.» Y al instante el hombre quedó curado, tomó su camilla y se puso a andar. Pero era sábado aquel día.

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Juan 5,1-3.5-16 al instante el hombre quedó curado

Juan – Capítulo 05

Reflexión: Juan 5,1-3.5-16

Esta es una historia realmente increíble, que constituye una radiografía de nuestro usual proceder. Nos fijamos demasiado en las apariencias; somos adeptos a detenernos a juzgar formalidades y a condenar situaciones e incluso a personas por detalles sin importancia. Nos resistimos a ir al fondo de las cosas.

Tal vez sea nuestro temor a tener que reconocer cosas que no quisiéramos, aspectos que podrían constituir una condena a lo que hacemos, que incluso pudieran exigirnos un cambio, al que no estamos dispuestos. La comodidad, nuestra propia comodidad, no la queremos perder por nada en el mundo.

Por eso no estamos dispuestos a tolerar nada que, aun cuando solos sea intuitivamente, amenace nuestra estabilidad. ¿De qué otro modo podemos entender a estos judíos que se escandalizan al ver a este enfermo cargando su camilla siendo sábado. ¡En eso se fijaron y no en su asombrosa curación!

Esta historia nos recuerda a aquellos pasajes anecdóticos por los que todos hemos pasado alguna vez en los que nos desvivimos por demostrar lo que acabamos de descubrir o la destreza que acabamos de adquirir y quien nos observa nos llama la atención por nuestro peinado o el hueco que tenemos en el calcetín derecho.

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Mateo 9,32-38 – los trabajadores son pocos

Y dijo a sus discípulos: «La cosecha es abundante, pero los trabajadores son pocos. Rueguen, pues, al dueño de la cosecha que envíe trabajadores a recoger su cosecha. »

Texto del evangelio Mt 9,32-38 – los trabajadores son pocos

32. Apenas se fueron los ciegos, le trajeron a uno que tenía un demonio y no podía hablar.
33. Jesús echó al demonio, y el mudo empezó a hablar. La gente quedó maravillada y todos decían: «Jamás se ha visto cosa igual en Israel.»
34. En cambio, los fariseos comentaban: «Este echa a los demonios con la ayuda del príncipe de los demonios.»
35. Jesús recorría todas las ciudades y pueblos; enseñaba en sus sinagogas, proclamaba la Buena Nueva del Reino y curaba todas las dolencias y enfermedades.
36. Al contemplar aquel gran gentío, Jesús sintió compasión, porque estaban decaídos y desanimados, como ovejas sin pastor.
37. Y dijo a sus discípulos: «La cosecha es abundante, pero los trabajadores son pocos.
38. Rueguen, pues, al dueño de la cosecha que envíe trabajadores a recoger su cosecha.».

Reflexión: Mt 9,32-38

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Mateo 9,32-38 los trabajadores son pocos

Hemos de confesar que las palabras del Señor nos transmiten optimismo. A pesar de los atentados terroristas que a diario se producen en el mundo, especialmente en Oriente. A pesar de la ola de delincuencia que sacude nuestros países y la tremenda corrupción en la que nos encontramos sumidos, todavía hay lugar para el optimismo.

Al menos esto es lo que creemos percibir en las palabras el Señor. Él nos dice que la cosecha es abundante, pero se pierde por falta de brazos. Qué otra cosa puede querer decirnos el Señor, sino que hay abundancia de bondad, de buenos deseos. Esta es numerosa, pero se pierde por falta de operarios.

¿No es esta una visión sumamente optimista y esperanzadora de la humanidad? No es que no haya bondad y buena voluntad; no es que no haya amor, es que no hay quien lo coseche. Esta es una forma de ver las cosas que, confesamos, nos cuesta entender.

Y dijo a sus discípulos: «La cosecha es abundante, pero los trabajadores son pocos. Rueguen, pues, al dueño de la cosecha que envíe trabajadores a recoger su cosecha. »

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