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Juan 14,15-21 – el Espíritu de la verdad

El Espíritu de la verdad

…el Espíritu de la verdad, a quien el mundo no puede recibir, porque no le ve ni le conoce. Pero ustedes le conocen, porque mora con ustedes.

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Juan 14,15-21 el Espíritu de la verdad

Juan – Capítulo 14

Reflexión: Juan 14,15-21

Al elegirnos el Señor nos ha sacado del mundo y mediante el bautizo nos ha dado el Espíritu Santo, al que conocemos y oímos porque vive en nosotros. Este Espíritu Divino es el que nos fortalece, nos hace distintos y nos defiende del mundo, guiándonos por la verdad. El Señor no nos ha dejado solos en el mundo, sino que por el contrario, nos ha unido a Él y uniéndonos a Él nos ha unido al Padre.

De este modo, el que cumple con los mandamientos del Señor, permanece de manera misteriosa y real unido a Dios. Y es esta unidad la que habrá de conducirnos finalmente a la vida eterna. Porque al aceptar y cumplir Sus mandatos, al hacer Su Voluntad, nos hacemos uno con Él, de tal modo que ninguna fuerza de este mundo podrá contra nosotros. Es un asunto de fe que habrá de manifestarse en nuestras vidas como fuente inagotable de amor a Dios y al prójimo.

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Juan 14,21-26 – El que tiene mis mandamientos

El que tiene mis mandamientos

El que tiene mis mandamientos y los guarda, ése es el que me ama; y el que me ame, será amado de mi Padre; y yo le amaré y me manifestaré a él.

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Juan 14,21-26 El que tiene mis mandamientos

Juan – Capítulo 14

Reflexión: Juan 14,21-26

¿Quieres ser reconocido como cristianos? ¿Quieres ser contado entre los santos? ¡Guarda los mandamientos de la Ley del Señor! Al igual que la fe, el amor no se manifiesta de otro modo que con obras. Por eso Jesucristo nos pide tener, guardar, obedecer Sus mandamientos para ser amados por el Padre y por Él. No hay otra forma de manifestar amor por Dios que amando a los hermanos, amando al prójimo. Por lo tanto el mandato es a amarnos los unos a los otros. Y el amor no se reduce a manifestaciones líricas, por más hermosas que estas puedan ser, es preciso mostrarlo con la vida misma.

La mejor definición del amor la encontramos en la Primera Carta a los Corintios, Capítulo 13, que se lee –a modo de oración- en todos los matrimonios religiosos católicos. Estos versículos tan hermosos, tan profundos, con imágenes y palabras como solo podían haber sido seleccionadas por el Espíritu Santo, teniendo capacidad para transformar al mundo, no lo harán si nosotros mismos no las ponemos en práctica en nuestra vida cotidiana. Pasa con frecuencia que a los más evidentes, a los que tenemos más cerca, los damos por descontados y es posiblemente donde primero y sobre todo debemos manifestar nuestro amor.

Tengamos en cuenta que el cristianismo -y por lo tanto la fe-, no es nada más que el ejercicio del amor; el amor puesto en práctica. Este es el único mandamiento de Dios: amarlo por sobre todas las cosas y al prójimo como a nosotros mismos. No hay más que estudiar ni aprender. Estaremos de acuerdo en que, teóricamente al menos, ser cristiano es lo más sencillo del mundo. Solo basta un twitt para comunicar la esencia de la doctrina de Cristo y no se necesitan estudios superiores, ni títulos, ni doctorados y mucho menos riqueza o poder para comprenderla.

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