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Mateo 5,38-42 – no le vuelvas la espalda

no le vuelvas la espalda

“…al que te obligue a andar una milla vete con él dos. A quien te pida da, y al que desee que le prestes algo no le vuelvas la espalda.”

Lunes de la 11ra Semana del T. Ordinario | 18 de Junio del 2018 | Por Miguel Damiani

Lecturas de la Fecha:

Reflexión sobre las lecturas

no le vuelvas la espalda

¡Qué difícil resulta poner en práctica estos mandatos de Jesús! Debemos confesar que con mucha frecuencia enmendamos nuestro proceder porque nos pillamos contrademandando. Muy rápidamente alcanzamos nuestro límite y devolvemos el ataque.

La vida matrimonial, mientras más tiempo dura, es el escenario permanente para poner en juego y acrisolar las virtudes. Sus exigencias no tienen límites. Cuando crees haberlo soportado todo, surge una nueva demanda que lejos de reconocer tu sacrificio anterior prácticamente lo desconoce para exigirte en un nivel superior.

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Mateo 5,38-42 no resistan al mal

No resistan al mal

Pues yo les digo: no resistan al mal; antes bien, al que te abofetee en la mejilla derecha ofrécele también la otra

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Mateo 5,38-42 no resistan al mal

Mateo – Capítulo 05

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Mateo 5,38-42 – A quien te pida da

Texto del evangelio Mt 5,38-42 – A quien te pida da

38. «Han oído que se dijo: Ojo por ojo y diente por diente.
39. Pues yo les digo: no resistan al mal; antes bien, al que te abofetee en la mejilla derecha ofrécele también la otra:
40. al que quiera pleitear contigo para quitarte la túnica déjale también el manto;
41. y al que te obligue a andar una milla vete con él dos.
42. A quien te pida da, y al que desee que le prestes algo no le vuelvas la espalda.

Reflexión: Mt 5,38-42

No resistir al mal, es un reto que parece imposible de cumplir e incluso descabellado. ¿Cómo se nos puede pedir que no resistamos al mal? ¿Qué quiere decir? Es que debemos dejarnos arrastrar? ¿Es que no debemos oponernos y luchar? ¡Qué difícil nos resulta comprender esta exigencia! Pongámosla en contexto. Salgo a la calle y cuando estoy pasando por el callejón aquel que conduce al parque, de la oscuridad salen dos individuos que me han estado esperando, que me han tendido una celada; uno de ellos me derriba de una trompada, mientras el otro me patea en el suelo, rompiéndome la boca y los dietes. Asustado y desprevenido no atino a gritar y entre improperios me obligan a entregarles la billetera con todo lo que tengo. Luego salen corriendo y se pierden entre las sombras de la noche, dejándome medio aturdido, adolorido, sangrando por la boca y sin un par de dientes. ¿Qué hago? Pongo la denuncia en la Comisaría. Se la hora y el lugar, pero no pude ver quienes fueron. A los pocos días la policía me presenta dos sospechosos y me piden que acuse a alguno de ellos, pues los tienen cercados y falta que alguien los reconozca para retirarlos de circulación. Aunque es posible que estos sean yo nunca logre verlos en realidad. ¿Haría bien acusándolos? ¿Hace bien hoy Donald Trump exacerbando los ánimos contra los musulmanes y emigrantes por la matanza de 50 jóvenes en una discoteca en Orlando? ¿A qué nos lleva la violencia verbal, xenofóbica o religiosa? ¡Es vengándonos que vamos a lograr erradicar la violencia, el odio y el desprecio por la vida? ¿No es toda esta violencia consecuencia de algo más profundo que viene afectando a nuestra sociedad? ¿Cómo es posible que un sicótico pueda tener a su alcance el tipo de armamento empleado para estos crímenes? ¿Quién y por qué le dio licencia? ¿Con qué justificación puede cualquiera portar armas en los Estados Unidos? ¿Son las armas la solución a los problemas que aquejan a nuestras sociedades? ¿Es la matanza, la persecución, la represión la xenofobia, el gheto o el apparteid la solución a la ola de violencia? ¿No tendríamos que preguntarnos en primer lugar por qué hay violencia? ¿Quién provee las armas? ¿Por qué? ¿Para qué? ¿Qué tiene que suceder para poner fin a esta ola de violencia? ¿Le pondremos fin persiguiendo, deportando o ejecutando a todos los sospechosos? ¿Quién sindicará a los sospechosos, con qué criterios? …al que te obligue a andar una milla vete con él dos. A quien te pida da, y al que desee que le prestes algo no le vuelvas la espalda.

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