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Lucas 16,19-31 – ni aunque resucite un muerto

ni aunque resucite un muerto

“Tienen a Moisés y a los profetas; que los escuchen”. El rico contestó: “No, padre Abraham. Pero si un muerto va a verlos, se arrepentirán”. Abraham le dijo: Si no escuchan a Moisés y a los profetas, no harán caso ni aunque resucite un muerto.”

Jueves de la 2da Semana de Cuaresma | 01 Marzo 2018 | Por Miguel Damiani

Lecturas de la Fecha:

  • Jeremías 17,5-10
  • Salmo 1
  • Lucas 16,19-31

Reflexión sobre las lecturas

ni aunque resucite un muerto

Somos demasiado testarudos e incrédulos. ¿Qué nos impide creer? ¿Cuál es el principal obstáculo? Parece que es la soberbia. Creemos tener todas las respuestas o el suficiente juicio para razonar y hacer lo que conviene en cada situación. La verdad es que no es cierto.

Erramos; nos equivocamos, y sin embargo nos falta humildad para reconocerlo. A tal extremo llega nuestro orgullo y vanidad, que somos capaces de seguir con nuestro error con tal de no humillarnos reconociendo nuestro error.

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Juan 8,51-59 – guarda mi Palabra

Guarda mi Palabra

En verdad, en verdad les digo: si alguno guarda mi Palabra, no verá la muerte jamás.

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Juan 8,51-59 guarda mi Palabra

Juan – Capítulo 08

Reflexión: Juan 8,51-59

Jesús nos revela varias cosas importantes en este dialogo que sostiene con los judíos. Estos lo han sometido a un interrogatorio, esforzándose no por entenderlo en realidad, sino por descalificarlo. Ellos ya tienen una idea formada, unos prejuicios arraigados, unos conceptos que no están dispuestos a cambiar, y simplemente quieren asegurarse que Jesucristo no encaja en ellos.

Qué peligrosa resulta esta actitud en la que muchas veces caemos. Tenemos una idea formada de todo y nos aferramos a ella. No estamos dispuestos a cambiarla porque se desmoronaría todo aquello en lo que creemos y confiamos, aquello que justifica y da razón y sentido a lo que hacemos. No estamos dispuestos a cambiar. No nos damos tan fácilmente.

Y, sin embargo, bien valdría la pena detenernos un momento a reflexionar si en realidad aquello que sostenemos es tan sólido y rígido, si tiene verdaderos cimientos o si hemos edificado sobre arena. ¿De dónde provienen nuestras creencias? ¿Cuándo y dónde las forjamos? Es cierto, ellas deben constituir el fundamento y la razón de nuestras acciones y aspiraciones. Nos explicamos en función de ellas.

Cabría preguntarnos ¿hasta qué punto son nuestras o hasta qué punto nos han sido impuestas por nuestro entorno histórico, social, cultural o económico? Seamos sinceros, muchas veces la explicación que encontramos por toda justificación a nuestros actos es: todos lo hacen. Es decir que seguimos un patrón de comportamiento, procurando ajustarnos a ciertos modelos exitosos, entendiendo que si así lo hacemos no tendremos pierde, como aquellos a los que seguimos parecieran no tenerlo.

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Lucas 13,22-30 – entrar por la puerta estrecha

Traten de entrar por la puerta estrecha, porque les aseguro que muchos querrán entrar y no lo conseguirán.

Texto del evangelio Lc 13,22-30 – entrar por la puerta estrecha

22. Jesús iba enseñando por las ciudades y pueblos, mientras se dirigía a Jerusalén.
23. Una persona le preguntó: «Señor, ¿es verdad que son pocos los que se salvan?». El respondió:
24. «Traten de entrar por la puerta estrecha, porque les aseguro que muchos querrán entrar y no lo conseguirán.
25. En cuanto el dueño de casa se levante y cierre la puerta, ustedes, desde afuera, se pondrán a golpear la puerta, diciendo: «Señor, ábrenos». Y él les responderá: «No sé de dónde son ustedes».
26. Entonces comenzarán a decir: «Hemos comido y bebido contigo, y tú enseñaste en nuestras plazas».
27. Pero él les dirá: «No sé de dónde son ustedes; ¡apártense de mí todos los que hacen el mal!».
28. Allí habrá llantos y rechinar de dientes, cuando vean a Abraham, a Isaac, a Jacob y a todos los profetas en el Reino de Dios, y ustedes sean arrojados afuera.
29. Y vendrán muchos de Oriente y de Occidente, del Norte y del Sur, a ocupar su lugar en el banquete del Reino de Dios.
30. Hay algunos que son los últimos y serán los primeros, y hay otros que son los primeros y serán los últimos».

Lc 13,22-30

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Lucas 13,22-30 entrar por la puerta estrecha

El Camino que conduce a la Vida Eterna es estrecho y pocos transitan por él, porque exige carácter y decisión. Contrariamente a lo que piensan, sobre todo los adolescentes, no se trata de hacer lo que hacen todos. Lo que interesa es la aprobación de Dios.

Siendo así, debemos darnos un tiempo para seleccionar y priorizar. No habrá tiempo mejor invertido que aquél que dediquemos al Reino. Decidamos en oración lo que debemos hacer y pidamos reiteradamente que se haga la Voluntad de Dios.

Nosotros debemos marchar contra la corriente. No es en el placer, la complacencia y la comodidad que habremos de encontrar a Dios. El Camino que lleva a la Vida Eterna es el del amor. Para amar hay que estar dispuesto a servir. Y, servir casi siempre exige sacrificio y desprendimiento.

Traten de entrar por la puerta estrecha, porque les aseguro que muchos querrán entrar y no lo conseguirán.

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Lucas 16,19-31 – aunque resucite alguno de entre los muertos

Pero Abraham respondió: «Si no escuchan a Moisés y a los Profetas, aunque resucite alguno de entre los muertos, tampoco se convencerán»».

Texto del evangelio Lc 16,19-31 – aunque resucite alguno de entre los muertos

19. Había un hombre rico que se vestía de púrpura y lino finísimo y cada día hacía espléndidos banquetes.
20. A su puerta, cubierto de llagas, yacía un pobre llamado Lázaro,
21. que ansiaba saciarse con lo que caía de la mesa del rico; y hasta los perros iban a lamer sus llagas.
22. El pobre murió y fue llevado por los ángeles al seno de Abraham. El rico también murió y fue sepultado.
23. En la morada de los muertos, en medio de los tormentos, levantó los ojos y vio de lejos a Abraham, y a Lázaro junto a él.
24. Entonces exclamó: «Padre Abraham, ten piedad de mí y envía a Lázaro para que moje la punta de su dedo en el agua y refresque mi lengua, porque estas llamas me atormentan».
25. «Hijo mío, respondió Abraham, recuerda que has recibido tus bienes en vida y Lázaro, en cambio, recibió males; ahora él encuentra aquí su consuelo, y tú, el tormento.
26. Además, entre ustedes y nosotros se abre un gran abismo. De manera que los que quieren pasar de aquí hasta allí no pueden hacerlo, y tampoco se puede pasar de allí hasta aquí».
27. El rico contestó: «Te ruego entonces, padre, que envíes a Lázaro a la casa de mi padre,
28. porque tengo cinco hermanos: que él los prevenga, no sea que ellos también caigan en este lugar de tormento».
29. Abraham respondió: «Tienen a Moisés y a los Profetas; que los escuchen».
30. «No, padre Abraham, insistió el rico. Pero si alguno de los muertos va a verlos, se arrepentirán».
31. Pero Abraham respondió: «Si no escuchan a Moisés y a los Profetas, aunque resucite alguno de entre los muertos, tampoco se convencerán»».

Reflexión: Lc 16,19-31

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Lucas 16,19-31 aunque resucite alguno de entre los muertos

La situación que nos presenta hoy el Evangelio, es lamentable. Es una situación ya consumada, en la que no queda ya nada más por hacer. No hay forma de revertirla, porque el tiempo ya pasó. La vida es una oportunidad que podemos tomarla o dejarla.

El caso en el que hoy reflexionamos, es de un hombre rico que, cegado por la abundancia y los placeres que pudo alcanzar en vida, no vio más allá de sus narices. Así, aunque conocía a Lázaro, el pobre que mendigaba a su puerta, jamás fue capaz de echarle una mano.

Es la actitud de indiferencia que mantuvo toda su vida frente al dolor y sufrimiento ajenos, la que al final de su vida sale a relucir, como una deuda impaga, que lo habrá de condenar por siempre. Todo tiene su tiempo y su momento. El rico tuvo su oportunidad y contó con los recursos necesarios para obrar de otro modo, pero se dejó cegar.

Pero Abraham respondió: «Si no escuchan a Moisés y a los Profetas, aunque resucite alguno de entre los muertos, tampoco se convencerán»».

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