su enemigo fue y sembró cizaña

su enemigo fue y sembró cizaña – Mateo 13,24-30

su enemigo fue y sembró cizaña

«El reino de los cielos se parece a un hombre que sembró buena semilla en su campo; pero, mientras la gente dormía, su enemigo fue y sembró cizaña en medio del trigo y se marchó.”

Sábado de la 16ta Semana del T. Ordinario | 27 de Julio del 2019 | Por Miguel Damiani

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Reflexión sobre las lecturas

su enemigo fue y sembró cizaña

¡Qué hermosa parábola nos presenta hoy el Señor! Nos habla de lo más preciado, de aquello que anhelamos alcanzar. ¡Está en verdad tan a la mano! Dios nos ha dotado de todas las cualidades y capacidades necesarias para alcanzarlo. Lo tenemos en germen, como una semilla.

Pero es preciso que crezca en nosotros. Depende de dos factores: por un lado y en forma primordial, de la Gracia de Dios. Y por otro, en consecuencia, que seamos capaces de pedirlo incansablemente. Debemos pedir perseverantemente, en nuestras oraciones, esta Gracia a Dios.

Tenemos la semilla, pero esta debe crecer y dar fruto. Ello es Gracia de Dios que podemos obtener por medio de nuestra perseverante oración. Es necesaria nuestra voluntad, manifiesta en nuestra oración y la participación de Dios con Su Gracia.

su enemigo fue y sembró cizaña

¿En quién podemos confiar?

Desde luego, no será en nosotros, porque somos contingentes y falibles. No se trata de dejarlo todo a nuestras fuerzas y capacidades. Si así lo hacemos, estaremos actuando de modo soberbio, irresponsable e incluso blasfemo, si nos decimos cristianos, porque estaremos evidenciando falta de fe.

Si prestamos atención al Señor y creemos en Él, tal como confesamos en el Credo, lo primero que debemos hacer es ponernos en Sus manos y pedir incesantemente, incansablemente Su Gracia, porque alcanzar lo que nos propone será posible sólo con su intervención.

Sabemos que puede parecer una paradoja e incluso una contradicción, pero si nos detenemos a pensarlo y meditarlo, veremos que es de una lógica extraordinaria, como todo lo que proviene de la sabiduría de Dios.

No podemos dormirnos

La exigencia es a tal extremo, que incluso mientras dormimos el Señor espera que oremos, porque es en ese momento de relajo, de distensión, de inconsciencia, cuando el ladrón, el maligno aprovecha para atacarnos.

La parábola es muy clara. Aquello que con tanto amor Dios puso en nuestros corazones al crearnos, el maligno quiere destrozarlo, envenenarlo, torcerlo, en el momento que somos más vulnerables, ya sea que este dormidos físicamente o espiritualmente.

De allí tanta distracción en el mundo moderno. Todo el tiempo estamos asediados por la bulla, por la distracción, por la disipación, por los placeres, por los aparatos electrónicos, y por cuanto hemos creado para mantenernos permanentemente ocupados y alejados de Dios.

¿Hay algo malo en la tecnología?

No, nada es malo por sí mismo. El problema está cuando hacemos mal uso de las cosas. Peor aún, cuando nos esclavizamos a ellas. Pues entonces vamos contra la Voluntad de Dios, que nos ha creado libres, para que libremente escojamos lo mejor.

Cuando nos hacemos esclavos de las comodidades, del poder, de la riqueza, en resumen, cuando nos hacemos esclavos del dinero, estamos renunciando a la libertad de escoger aquello para lo cual fuimos creados, que está por encima de cuanto nos rodea.

Hemos sido creados para alcanzar la plenitud y vivir eternamente, pero no podremos alcanzar esta meta si no somos capaces de levantar la cabeza y mirar por sobre nuestras miserias y limitaciones más allá de todos cuanto nos esclaviza y ata al mundo.

¿Cómo mantenernos en la dirección correcta?

Primero, dejar brotar la semilla que nos ha sido plantada en el corazón. No permitir por nada de este mundo que esta semilla sea corrompida. Es difícil, pero hay que estar siempre en guardia cuidando este tesoro.

Todos lo tenemos, pero podemos observarlo especialmente en los niños, puros e ingenuos, siempre dispuestos a decir la verdad y a expresar sus sentimientos con franqueza, antes que sean contaminados por los anti valores de este mundo moderno.

Segundo y no menos importante, por el contrario, imprescindible, orar constantemente para que el Señor envíe Su Espíritu Santo sobre nosotros para guiarnos, fortalecernos y llevarnos a la verdad. Sin Su asistencia la tarea será imposible. Pero con Dios, no habrá nada que se interponga.

Oración:

Padre Santo, no permitas que el maligno nos enrede con sus mentiras. Que no penetre ni envenene nuestras almas con pretensiones, anhelos y propósitos erróneos. Te lo pedimos por Jesucristo nuestro Señor, que contigo vive y reina, en unidad del Espíritu Santo y es Dios, por los siglos de los siglos…Amén.

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