Salió el sembrador a sembrar

Salió el sembrador a sembrar – Mateo 13,1-9

Salió el sembrador a sembrar

«Invadió el temor a todos sus vecinos, y en toda la montaña de Judea se comentaban todas estas cosas; todos los que las oían las grababan en su corazón…”

Miércoles 16ta del T. Ordinario | 24 de Julio del 2019 | Por Miguel Damiani

Lecturas de la Fecha:

  • Éxodo 16,1-5.9-15
  • Salmo 77,18-19.23-24.25-26.27-28
  • Mateo 13,1-9

Reflexión sobre las lecturas

Salió el sembrador a sembrar

La historia que nos propone hoy el Señor constituye un verdadero reto a nuestra fe y a nuestra disposición de trabajar por el Reino, poniendo ascetismo, firmeza y constancia en el Camino, de tal modo que no nos dejemos doblegar por las dificultades.

Todo ha sido previsto por el Señor, incluso las contrariedades que a veces tenemos que enfrentar, para que redoblemos nuestra confianza en Su Providencia y no nos desanimemos cuando el viento parece soplar en contra, ni cuando nos encontremos en el más desolador de los desiertos.

La vida es un constante batallar por alcanzar aquello que nos hemos propuesto. Lo importante no son las vicisitudes, contratiempos e imprevistos que tendremos que afrontar, sino la forma en que lo hagamos, manteniéndonos siempre firmes en nuestro propósito inicial.

Salió el sembrador a sembrar

Discernir la razón de nuestra existencia

Claro está, lo primero que tendríamos que detenernos a discernir es la razón de nuestra existencia. Establecer con la mayor certeza que nos es posible si aquello que hemos decidido que será el Centro reúne los requisitos para merecer todos nuestros esfuerzos.

No podemos andar como veletas optando primero por esto y luego por aquello. La madurez y el éxito lo alcanzan en este mundo quienes precozmente saben distinguir una meta trascendente de una variable y encaminarse a ella con perseverancia aun a costa de sacrificios.

Lo podemos ver objetivamente en los grandes deportistas y mucho menos evidente en los intelectuales, investigadores y estudiosos que orientan su vida en la búsqueda de una respuesta o un conocimiento que satisfaga sus aspiraciones y su capacidad.

Hemos sido creados para la plenitud

Quien con sinceridad y humildad busca la respuesta o el conocimiento que lo lleve a la plenitud, poco a poco irá descubriendo que este se le va haciendo más esquivo, hasta comprobar que este solo puede encontrarse en Dios.

No existe mayor sabiduría, mayor luz, mayor belleza, mayor paz, mayor quietud, mayor satisfacción, mayor éxtasis, mayor consolación que la que se puede alcanzar por el solo atisbo de Dios, no digamos ya de su visión plena, porque esta es inalcanzable para todo mortal, sin la directa intervención de Dios.

Sabemos que muchos santos han alcanzado a percibir muy cercanamente a Dios, incluso a oírlo y verlo. Esta es Gracia que Dios concede a algunas almas escogidas, que han sido fraguadas en la oración constante, el sacrificio y la perseverancia en una vida cristiana, aun a pesar de la adversidad.

Hay que pasar por la fragua

Para servir a Dios, para alcanzar y cumplir Su Voluntad para nuestras vidas, es preciso pasar por el desierto, confiando plenamente en Él. Necesitamos disponernos de tal modo a darlo todo, hasta llegar a entregar nuestras propias vidas para florecer un día.

Es preciso que el grano muera para que de fruto. Esta debe ser la idea que guíe nuestro discernimiento, al momento de decidir el propósito de nuestras existencias. Hemos sido creados por Dios y nuestra alma no descansará hasta volver a Él.

¿Qué significa este “volver a Él” de manera concreta y palpable en cada uno de nosotros? ¿Cómo hemos de alcanzarlo? Israel tuvo que pasar 40 años por el desierto antes de alcanzar la tierra prometida. Es cierto también que aún en el desierto Dios nunca los abandonó.

¿Qué sentido tiene nuestra vida?

Todo tiene su momento. Nosotros no sabemos cómo el Señor nos va preparando para alcanzar el propósito superior al que hemos sido llamados, sin embargo debemos estar siempre dispuestos a atravesar cuanta dificultad se nos presente para finalmente llegar a Él.

Preguntémonos hoy ¿cuál es el sentido que le estamos dando a nuestra vida? ¿Tenemos ordenadas nuestras prioridades de tal manera que cuanto hacemos nos conduzca al propósito para el cual hemos sido creados? ¿O más bien huimos ante la primera dificultad?

¿Qué hemos de hacer frente al panorama que el Señor abre ante nuestros ojos? ¿Acobardarnos? ¿Enaltecernos? ¿Ruborizarnos? Humillarnos y orar. Orar incansablemente para que sea Él quien guíe nuestros pasos y la fuerza del Espíritu Santo la que haga posible lo que nos ha sido revelado.

Oración:

Padre Santo, danos Tu Gracia para perseverar en la oración y no dejarnos intimidar, ni desorientar, ni angustiar por las dificultades y sacrificios que habrán de ser necesarios para alcanzar el propósito de nuestra existencia. Danos, eso sí, la sabiduría para discernir Tú Voluntad y acatarla cada segundo de nuestras vidas. Te lo pedimos por Jesucristo nuestro Señor, que contigo vive y reina, en unidad del Espíritu Santo, por los siglos de los siglos…Amén.

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