salieron al encuentro del novio – Mateo 25,1-13

agosto 31, 2018

salieron al encuentro del novio

“Entonces el Reino de los Cielos será semejante a diez vírgenes, que, con su lámpara en la mano, salieron al encuentro del novio. Cinco de ellas eran necias, y cinco prudentes.”

Viernes de la 21ra Semana de Tiempo Ordinario | 31 de Agosto del 2018 | Por Miguel Damiani

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Reflexión sobre las lecturas

salieron al encuentro del novio

Nuevamente el Señor nos recuerda que debemos estar preparados, porque el Novio llegará en cualquier momento, cuando menos lo esperemos. Nosotros debemos estar listos, pues, como ocurre con una novia, este será el momento culminante y más esperado de la vida.

Este encuentro esponsal nos llevará a la plenitud, es decir a la completa realización personal o, si queremos, a la felicidad completa. Podríamos decir que toda nuestra vida tiene como objeto este fin. No hubo ni habrá nada que se le compare.

salieron al encuentro del novio

Si hemos sido preparados para este encuentro, si estamos de acuerdo en que es lo más grande y definitivo que puede ocurrir en la vida de todo ser humano, ¿cómo no esperarlo siempre listos? Un descuido en este propósito sería no solo fatal, sino inconcebible.

El asunto entonces está en si creemos que esto es ciertamente así. Es decir, si estamos de acuerdo en que no ha habido ni habrá nada más importante en nuestras vidas que el encuentro definitivo con Dios. Este llegará de todos modos al final de nuestras vidas.

Todos sabemos por experiencia cotidiana que tenemos que morir. Que llegará un momento en que todas nuestras facultades, incluso el alma, abandonarán este cuerpo que nos reviste y entonces nuestro espíritu irá a presentarse a Dios.

Este momento llega inexorablemente, pues constituye una ley natural de la que nadie puede escapar. Lo que pasará entonces, lo sabemos porque nos ha sido revelado por Jesucristo en diversos pasajes de los evangelios, como el que hoy día estamos reflexionando.

Nuestra vida entera es un prepararnos para ese encuentro. No tanto para la hora de la muerte, como para lo que vendrá después. No nos concentremos tanto, entonces, en aquella hora fatal, que de todos modos ocurrirá y con seguridad que en un momento y de un modo imposible de anticipar.

Para quien puede aquilatar lo que vendrá, cómo llegue la hora de la muerte y en qué circunstancias nos encuentre, será lo de menos, si estamos siempre listos con nuestra mejor gala para asistir a la boda, con todo el ajuar necesario.

¡Cómo no estarlo, si desde el día mismo en que tomamos conciencia de la vida, empezamos a prepararnos! No hacerlo, tal como dice esta Escritura, es de necios. No debe haber momento en la vida que no pensemos en ello.

Repetimos, no se trata de pensar en la hora precisa de la muerte, ni en las circunstancias, sino en lo que vendrá, seguros, como debemos estar, que la hora y la forma son más bien anecdóticas. Lo importante es lo que vendrá, que nos permite estar ansiosos, alegres y llenos de esperanza.

Hemos sido creados por Dios para vivir eternamente con Él, en Plenitud. ¡Eso es lo que realmente importa! ¡Eso es lo que queremos, lo que soñamos y anhelamos! Nuestro paso por este mundo, con todo lo bello y hermoso que tiene, no es nada más que eso. Un paso efímero, que anticipa lo que vendrá.

Centremos nuestro corazón, nuestra alma y nuestro entendimiento en Dios. Convenzámonos que con todo lo bueno y malo que podamos encontrar en este mundo, nada durará para siempre, en cambio aquello, la Gloria de Dios, de la cual estamos invitados a participar, será eterna.

No perdamos esta perspectiva. Aferrémonos a ella con fe y ya vengan tempestades, tentaciones y ataques de todo tipo, resistamos con firmeza, permaneciendo en unión con Jesucristo y Su Iglesia, y alcanzaremos Sus promesas.

Empecemos orando cada día y no abandonemos esta actitud penitente y piadosa hasta que el sueño nos devuelva al merecido descanso. En cada una de nuestras acciones no dejemos de pensar en la mayor Gloria de Dios, por quien vivimos y en quien somos y nos movemos.

Alimentémonos del cuerpo y la sangre de Cristo, que tiene poder para transformarnos y conducirnos a la perfección y la santidad, que es la forma por excelencia de mantenernos siempre listos y preparados para el encuentro definitivo. Recordemos que para el que cree, solo Dios basta.

Oración:

Padre Santo, ayúdanos a vivir siempre unidos a Ti, en Comunión con Tu Hijo Jesucristo, verdadera comida y verdadera bebida, que nos alimenta, prepara y conduce a la Vida Eterna. Te lo pedimos por Jesucristo nuestro Señor, que contigo vive y reina, en unidad del Espíritu Santo y es Dios, por los siglos de los siglos…Amén.

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