recogen en cestos los buenos – Mateo 13,47-53

agosto 2, 2018

recogen en cestos los buenos

“También es semejante el Reino de los Cielos a una red que se echa en el mar y recoge peces de todas clases; y cuando está llena, la sacan a la orilla, se sientan, y recogen en cestos los buenos y tiran los malos.”

Jueves de la 17ma Semana de T. Ordinario | 02 Agosto del 2018 | Por Miguel Damiani

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Reflexión sobre las lecturas

recogen en cestos los buenos

El Señor nos habla de una selección. No hay vuelta que darle. Todos tenemos el mismo tiempo, la misma oportunidad. Todo tiene un comienzo y un fin. El fin llegará de todos modos, queramos o no. Todo está que empezamos, y ya tenemos más cerca el fin.

Es ese lapso que hay entre el comienzo y el fin el determinante, porque de eso depende nuestra vida futura. ¿En qué lado estaremos? ¿Iremos al fuego eterno o nos recogen en cestos los buenos y entraremos al Reino de los cielos para vivir eternamente con nuestro Padre.

recogen en cestos los buenos

No nos gusta este lenguaje. Detestamos la figura de la selección. Nos parece injusta. La rechazamos. Pero por más que nos aferremos a este rechazo, no es nada más que un capricho infantil, como el de aquel niño que ante el peligro cierra los ojos. Ello no cambia la realidad.

Las palabras son claras y no hay forma de cambiar su significado. Estaremos en cestos los buenos o en otro lado. Si por nosotros fuera, haríamos lo imposible por estar en el lado correcto. ¿No es eso lógico? ¿No es lo sensato? ¿Por qué caer entre los descartados?

¿Es que no podemos cambiar nuestra suerte? ¿Es que ya estamos condenados de ante mano? ¿Quién nos ha condenado? El Señor nos está avisando con tiempo lo que va a ocurrir. Eso sí, será inexorable. Pero que estemos en uno u otro lado, depende de nosotros.

“También es semejante el Reino de los Cielos a una red que se echa en el mar y recoge peces de todas clases; y cuando está llena, la sacan a la orilla, se sientan, y recogen en cestos los buenos y tiran los malos.”

¿Lo inteligente no sería averiguar qué es lo que tenemos que hacer para ser contados entre los elegidos? ¿Es eso posible? El Señor nos dice que sí. ¿Qué debemos hacer? Amar a Dios por sobre todas las cosas y al prójimo como a nosotros mismos. ¿Eso es todo?

¡Eso es todo! Pues manos a la obra. ¿Qué esperamos para empezar a cumplir este mandato? ¿Es que es imposible? ¿Es que nos incomoda? ¿Es que es tan difícil? ¿Es que no podemos hacerlo? ¿Por qué? Tenemos la Bendición de haber visto el tesoro escondido. ¿No vale la pena?

Imaginemos la lotería más grande del mundo…Ahora pensemos que la hemos ganado. ¿No valdría la pena esforzarnos por hacer todo lo que esté a nuestro alcance para recibirla, si esta demorara por ejemplo un año en hacerse efectiva?

¿Y si nos dicen que tenemos que viajar a Nueva York para cobrarla y que tenemos que estar allí el 4 de julio del 2019? ¿No salvaríamos todo obstáculo con tal de estar allí? ¿Y si nos ponen otras condiciones, como vestir traje de gala, no lo haríamos?

¿Qué cosas seríamos capaces de hacer por recibir este tesoro? ¿Cuánto más estaríamos dispuestos a hacer por ganar la Vida Eterna? Jesucristo ha venido a decirnos que eso es posible, que Dios nos ha creado para ello, pero nosotros tenemos que manifestar inconfundiblemente nuestra aceptación.

No basta que pensemos que es una excelente noticia, sino que debemos manifestarlo así a todo el mundo. Debe notarse que estamos contentos, alegres y que aceptamos de buen agrado esta propuesta. Es más, debemos dar muestras externas de adhesión al Plan que Dios nos propone.

¡Sí, porque Dios tiene un Plan para que nosotros accedamos a esta Vida Eterna! ¡Hay unas condiciones! ¿Cuál es? Que hagamos Su Voluntad. Que hagamos lo que Él quiere. ¿Pero qué es lo que quiere? Nada malo. Por el contrario, algo totalmente bueno. Que nos amemos los unos a los otros.

¿Podemos o no podemos hacerlo? ¿Tanto nos cuesta? ¿Es tan difícil amar? ¿Por cuánto tiempo? Solo mientras dura la pesca, porque una vez “pescados” vendrá la selección y los que amamos seremos escogidos para vivir eternamente, en tanto los otros irán al fuego eterno.

¿Es que puede ser tan malo no amar? ¡Sí! Es que la vida es una sucesión de acontecimientos a los que debemos estar dispuestos a responder con amor. ¿Qué pasa con el que no ama? La falta de amor no es inocua para el ser humano. El que no ama hace daño.

Veamos situaciones concretas. Por falta de amor no provees alimentos a tus seres queridos, lo gastas todo en bebidas alcohólicas; estos enferman y mueren. Por falta de amor no aceptas al niño concebido como resultado de tus egoístas deseos sexuales e induces a tu mujer al aborto, que es un asesinato.

Por falta de amor incitas a la violencia para quedarte con una propiedad, con un dinero que no te corresponde o con la mujer de tu prójimo. Por falta de amor te apoderas de la propiedad de tus padres o hermanos y los dejas en la pobreza y la ruina.

Por falta de amor engañas, mientes y haces trampa, con tal de parecer lo que no eres, para lograr un dinero, o una situación social o económica que no te corresponde. Lo vemos todos los días entre nuestros políticos.

Amar, por toda esta vida, como Dios manda, como Dios lo ha planeado, es lo que más conviene al mundo y a nuestras propias vidas, pero exige perseverar en la virtud siempre. Puede parecernos imposible, sin embargo no lo es. ¿Por qué?

Porque contamos con la ayuda del Espíritu Santo. Nosotros solo tenemos que tomar la decisión de hacerlo. Solo tenemos que querer alcanzar este tesoro escondido. El Señor nos ayudará a alcanzar este cometido. El Espíritu Santo nos guiará hasta la Verdad Completa.

Digámoslo de una buena vez. Este Camino es imposible para los hombres. ¡Es imposible! Pero lo que es imposible para nosotros es posible para Dios. Entonces ¿qué debemos hacer? Invocar Su ayuda, la cual Él nos tiene ofrecida.

“También es semejante el Reino de los Cielos a una red que se echa en el mar y recoge peces de todas clases; y cuando está llena, la sacan a la orilla, se sientan, y recogen en cestos los buenos y tiran los malos.”

Decidamos seguirlo y pongámonos es Sus manos. ¡Eso es todo lo que tenemos que hacer! ¡Con Él a nuestro lado, seremos invencibles! ¡Todo lo podremos con Él! Oremos y acudamos frecuentemente a la Eucaristía, que Jesucristo se ha quedado en ella como nuestro mejor alimento.

Quien come su cuerpo y bebe su sangre ¡tiene vida eterna! ¿Qué esperamos? ¡Eso es lo que tenemos que hacer! ¡No hay más! ¡Ir a dar al fuego eterno, depende de nosotros! ¡Será lo que escojamos! ¡De nada sirve que cerremos fuertemente los ojos!

Tampoco sirve que te guste o no, que pienses que tu no lo harías así, que no te parece. Como ahora está tan de moda el relativismo infantil y caprichoso. ¡Tú no eres Dios y Dios no hace lo que a ti te gusta, te parece o apetece! ¡No seas petulante!

Dios actúa como ha dispuesto. Y, si realmente te interesa, Sus Planes están detallados en la Biblia y especialmente en el Nuevo Testamento. Primero los profetas y finalmente Jesucristo nos los ha revelado. Las cartas están sobre la mesa. ¡Eres libre! ¡Escoge responsablemente!

Oración:

Padre Santo, no permitas que caigamos en la necedad del relativismo o de pretender decirte lo que debes hacer o debes dejar de hacer. Danos humildad, obediencia y perseverancia. Te lo pedimos por Jesucristo nuestro Señor, que contigo vive y reina, en unidad del Espíritu Santo y es Dios, por los siglos de los siglos…Amén.

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