¿Quién es Jesucristo para ti? – Mateo 16,13-19

¿Quién es Jesucristo para ti?

¿Quién es Jesucristo para ti? ¿Es el Mesías, el Hijo de Dios vivo? ¿Es el Camino, la Verdad y la Vida? ¿Qué importancia tiene Jesucristo en cuanto haces en tu vida? ¿Qué lugar ocupa?

Viernes de la 6ta Semana del T. Ordinario | 22 de Febrero del 2019 | Por Miguel Damiani

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Reflexión sobre las lecturas

¿Quién es Jesucristo para ti?

Si hay una pregunta que debemos responder en nuestra vida es ¿Quién es Jesucristo para ti? No hay interrogante, por más misteriosa o sencilla que nos parezca, más importante que esta. No; te estás equivocando si argumentas que eso solo será para los cristianos.

Independientemente de tu edad, cultura, sexo, ideología, formación o cualquier otro rasgo cuyo reconocimiento podría servir para distinguirte de otro ser humano de este planeta, debes dar respuesta a la interrogante planteada. ¿A quién? ¡A ti mismo!

Podrías decir: bueno, qué más da, quien sabrá si lo hice o no. Pues no seas necio. Eso no importa. Lo que importa es que tú sinceramente te esfuerces con todo tu ser y toda tu capacidad en dar respuesta a esta pregunta. ¿Por qué? Porque te acaba de ser planteada. Solamente por eso y te engañas si crees que podrás seguir viviendo sin responderla.

¿Quién es Jesucristo para ti?

Todos tenemos que responderla, tarde o temprano. A ti posiblemente ya te tocó alguna vez antes, no importa. ¡Ahora debes responderla nuevamente! No digas ya lo hice. En vez de ello, aplícate a responderla como nunca antes lo habías hecho. Pon toda tu cabeza y corazón en ello.

Te adelanto que hay una sola respuesta correcta. No da lo mismo, ni depende de tú capacidad o de dónde has nacido, ni de ninguna cosa por el estilo. Si tu respuesta no es la correcta, es decir la de Pedro, está equivocada.

Te explico. Haz de cuenta que mañana tienes que hacer un viaje de vida o muerte. Tienes una cita en París a las 8 de la mañana con el mejor médico del mundo, él único que puede curar el mal que te aqueja. Tienes que tomar el avión de las 4 de la mañana, sino no lo lograrás.

¿Quién es Jesucristo para ti? ¿Es el Mesías, el Hijo de Dios vivo? ¿Es el Camino, la Verdad y la Vida? ¿Qué importancia tiene Jesucristo en cuanto haces en tu vida? ¿Qué lugar ocupa?

Llegas a las justas al mostrador para embarcarte y la empleada te pregunta a dónde viajas y tú le dices a París. A lo que te responde, pero ya no tenemos vuelos hasta mañana. ¡No puede ser! ¡Mi vuelo sale a las 4:00! Cierto, señor, pero ya son las 5:00 ¡No puede ser! Miras tu reloj y efectivamente compruebas que está una hora atrasado.

¿Qué paso? Ya no importa. Perdiste tu cita y ya no podrás volverla a gestionarla hasta sabe Dios cuando: uno o tal vez dos años, como tuviste que esperar para la cita que acabas de perder. No da lo mismo, porque –dada la gravedad de tu caso- es posible que ya no vivas para entonces.

Esto mismo es lo que ocurre con nosotros si no damos la única respuesta posible y correcta a la pregunta: ¿Quién es Jesucristo para ti? Porque de esta respuesta dependerá lo que harás el resto de tu vida y con ello la salvación de tu alma.

¿Quién es Jesucristo para ti? ¿Es el Mesías, el Hijo de Dios vivo? ¿Es el Camino, la Verdad y la Vida? ¿Qué importancia tiene Jesucristo en cuanto haces en tu vida? ¿Qué lugar ocupa?

¿Qué me importa el alma? ¡Si no creo es eso! Malas respuestas. ¡No llegarás a tu cita! ¡Así es! De la respuesta que des a esta pregunta dependerá que alcances el único cupo reservado a tu salvación. ¿Es que los cupos son limitados? No, pero las coordenadas son precisas.

Es como cuando practicamos tiro al blanco. Para darle en el centro hay que disparar con precisión, usando los instrumentos adecuados, cuidando desviaciones, viento, movimientos involuntarios, imperfecciones y concentración.

Podrás decir: Pero eso lo logra uno practicando. Pues empecemos a hacerlo. Si es la primera vez, aborda con diligencia la tarea. No trates de salir de ella de cualquier manera, pues perderás una preciosísima oportunidad; tal vez la última o la única que tengas en tu vida.

Tu eres Pedro y sobre esta piedra edificaré mi iglesia

Si ya antes tuviste oportunidad de responder, pregúntate: ¿qué tan cerca estuviste del blanco? ¿Que cómo sabes cuál es el blanco? Ya te dije antes que solo hay una respuesta correcta y esa es la que da Pedro. No lo decimos nosotros, sino el mismo Jesucristo.

“Tú eres el Mesías, el Hijo de Dios vivo”. ¿Tú eres capaz de decirlo? ¿No lo sientes? ¿No lo crees? Pues estás a punto de errar el tiro; a punto de perder tú cita. Tu respuesta debe ser la misma de Pedro. Si no puedes darla con convicción, tienes que hacer algunos ajustes y mediciones antes de disparar.

¿Es que no crees en Dios? Si ese es tu argumento, estás perdido. ¿Desde cuándo no crees? ¿Por qué? ¿Qué pasó? ¿Serías capaz de revisar esta convicción que aprendiste a proclamar en forma automática? Te repito que solo hay una respuesta posible y no es esa.

¿Quién es Jesucristo para ti? ¿Es el Mesías, el Hijo de Dios vivo? ¿Es el Camino, la Verdad y la Vida? ¿Qué importancia tiene Jesucristo en cuanto haces en tu vida? ¿Qué lugar ocupa?

Si decides negarte a responderla o a dar, sin más, cualquier otra respuesta que no sea la de Pedro, es decir, la correcta, tú, por tus propios medios habrás renunciado a la salvación de tu alma y con ello a la plenitud y la vida eterna.

¿Por qué? Tú tendrás tus razones: soberbia, orgullo, desdén, desidia, necedad, ambición, egoísmo, etc. Ya tendrás tiempo para explicarlo en el futuro, pero tal vez entonces no tengas tiempo para enmendarlo, como hoy y ahora lo tienes.

Si respondes correctamente, tienes todo el tiempo de vida que te quede por delante para ir construyendo tu vida en coherencia con esta respuesta. A esto llamamos proceso de conversión o camino de perfección o santificación al que todos estamos llamados.

¿Quién es Jesucristo para ti? ¿Es el Mesías, el Hijo de Dios vivo? ¿Es el Camino, la Verdad y la Vida? ¿Qué importancia tiene Jesucristo en cuanto haces en tu vida? ¿Qué lugar ocupa?

Para lograrlo, tenemos que proponernos alcanzarlo. Pero no podremos hacerlo si no tenemos bien claro a dónde queremos llegar, cuál es el blanco, cuál el premio mayor y cuál el único Camino para alcanzarlo.

Nada más importa. Concentrémonos en hacer de nuestra vida la argumentación que sostiene nuestra respuesta: “Tú eres el Mesías, el Hijo de Dios vivo”. Todo cuanto hagamos o dejemos de hacer encontrará explicación en esta convicción, que no es otra cosa que una confesión de fe.

Por experiencia podemos anticipar que, todo lo que debemos hacer es acogerla, y luego, ponernos en manos del Señor. ¿Cómo? Orando, pidiendo que nos de la luz que nos permita ver cada vez más claramente el Camino por donde Su Palabra nos conduce.

Tan importante es nuestra elección de esta respuesta como la única posible, como el depositar nuestra confianza en Él a través de la oración, única fuerza capaz de darnos la perseverancia que necesitamos para llegar a la meta. Una y otra son indispensables.

Es preciso elegir el Camino para llegar a la Meta. Pero no lo haremos sin la ayuda del Espíritu Santo de Dios, que el Señor nos dejó para que nos guíe y conduzca hasta la Verdad completa.

Oración:

Padre Santo, que nos has permitido conocer que Jesucristo es el Mesías, el Hijo de Dios vivo, danos la perseverancia para seguirlo cada segundo en nuestra vida cotidiana. Te lo pedimos por Jesucristo nuestro Señor, que contigo vive y reina, en unidad del Espíritu Santo, por los siglos de los siglos…Amén.

Tu eres mi pastor, nada me falta

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