prender fuego

prender fuego – Lucas 12,49-53

prender fuego

“He venido a prender fuego en el mundo, ¡y ojalá estuviera ya ardiendo! Tengo que pasar por un bautismo, ¡y qué angustia hasta que se cumpla! ¿Piensan que he venido a traer al mundo paz? No, sino división.”

Jueves 4to de la 29nasemana del Tiempo Ordinario| 22 de Octubre del 2020 | Por Miguel Damiani

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Reflexión sobre las lecturas

prender fuego

El Señor prosigue acercándonos al centro del Evangelio, al centro de su prédica. Se trata del misterio del amor, la palabra más trillada y manoseada en nuestro tiempo. Posiblemente la más repetida y sin embargo la menos comprendida.

Lo más importante y trascendente es lo que viene. Y no son palabras nada más. Es el sacrificio vivo para el cual Cristo se ha hecho uno más entre nosotros. Se trata de mostrarnos el Camino con su propia vida, con su proceder. Este es el Bautismo que le espera.

No se corre, porque sabe que esto tiene que pasar para salvarnos. Este es el trago que ha de beber, sin el cual Su obra no estará completa. Ejemplo de amor, de virtud, de santidad, de perfección. Jesucristo, el Hijo de Dios vivo, vino para eso.

prender fuego

Prender fuego al mundo

El extremo del amor. Prender fuego al mundo. Danos tu Gracia Señor para aproximarnos a este misterio. Es que el fuego de tu amor es completamente distinto al fuego con que arrasan los villanos las ciudades y los pueblos. El fuego de Tu amor quema por dentro.

Pero como aquel fuego poco a poco va creciendo inexorable hasta abarcarlo todo. Y mientras crece habrá quienes tratarán de apagarlo. Le echarán agua, cavarán fosas, lo cercarán. Le tenderán celadas y finalmente tendrán que huir para no quemarse, porque no podrán apagarlo jamás.

No importa donde vayan, de este fuego no tendrán escapatoria. Con las brasas de la paz y el amor irán cayendo uno por uno, hasta que la falta de resistencia termine de conquistarnos, uno por uno. ¿Qué clase de misterio es este en que la víctima finalmente termina ganando?

Es perdiendo que se gana

Eso es lo que Tú nos has mostrado desde la cruz y hemos quedado perplejos al verlo. Nos cuesta entenderlo y mucho más aplicarlo a cada una de las situaciones que debemos enfrentar en nuestras vidas. ¡Es perdiendo que se gana! La cruz es el símbolo. La cruz es la antorcha que nunca se apaga. ¿Cómo tener el coraje para enfrentarlo?

Solo la fe en Ti y Tu Infinita Gracia nos pueden llevar a comprenderlo y luego practicarlo. Ese es el amor. El amor Divino. El Amor Celestial, del que Tú, Cristo Santo, eres la evidencia. Danos Tú luz para entenderlo. Debemos encender esta llama primero entre nosotros, en nuestro círculo más cercanos, en nuestras familias.

Todo debe arder. Todo se debe consumir y quemar en esta hoguera santa. Debemos ser brasas encendidas. Debemos amar hasta el extremo. Entendiendo que amar es estar dispuesto a dar la vida por los que amamos. Como lo hizo Jesucristo.

Este fuego no podrá apagarse

Qué distinto es este fuego, esta ofensiva, que la de los enemigos del hombre. Lo vemos a lo largo de la historia pero fundamentalmente en el tiempo presente. El incendio que se iba propagando por el mundo, lo quieren apagar con la imposición totalitaria de un Nuevo Orden Mundial, la quema de los templos y la persecución a los cristianos.

Un Nuevo Orden que se vale de una falsa pandemia (porque fue creada artificialmente y mal manejada a propósito) para confinar a la humanidad entera, paralizando las actividades económicas y productivas. Un Nuevo Orden que desde luego no ha sido decretado por los pobres y desfavorecidos, ni para ellos, como con un falso paternalismo tratan de hacernos creer.

Los pobres y menos favorecidos han sido los primeros sorprendidos y perjudicados. Porque son ellos los que han perdido fuentes de trabajo e ingresos. Son ellos precisamente los que menos posibilidades tienen de paliar la descomunal crisis generada.

Ni el pánico lo apagará

Y es a ellos a los que se perjudica suspendiendo todos sus derechos con el cínico afán de protegerlos. Cínico por los procedimientos anticientíficos impuestos bajo el nombre de protocolos. Ni el confinamiento, ni los medicamentos, ni los barbijos han servido para curarlos, sino más bien para agravar la situación.

El pánico generado, la suspensión de servicios hospitalarios, el tratamiento inadecuado, la prohibición y persecución a remedios novedosos y efectivos, junto con una prensa amarilla al servicio de los grandes poderes mundialistas, no han hecho nada más que agravar la crisis entre los más pobres e indefensos.

En esta coyuntura los gobiernos populistas han aprovechado para despilfarrar los ahorros de las naciones incrementando su deuda y la corrupción. Ahora son los estados los únicos que tienen dinero para despilfarrar, contratando ejércitos de servidores destinados a controlar el “manejo” de la crisis.

Los planes globalistas

Paulatinamente se va imponiendo un gobierno mundialista en el que dejarán de existir los estados, como los conocemos. Ya se vienen adoptando medidas globales. No habrá fronteras y todos viviremos –es un decir-, de la caridad del estado benefactor. Tal como ya lo hacen Cuba y Venezuela. Un espejo que asusta.

Por si faltara algún matiz, en medio de la Pandemia y sin haber manifestado oposición significativa alguna a todo este manejo, que para muchos se nos antoja perverso y demoníaco, se nos anuncia una sola Religión fundada en la Gran Fraternidad Universal.

¿Cómo no habremos de estar confundidos los católicos? Se hace difícil mantener este fuego cuando de cada esquina parecen echarnos agua o tierra para apagarlo. Cuando encima son los nuestros los que pretenden apagarlo. ¿Qué es lo fundamental cristiano? Aquello que debe prevalecer por encima y a pesar de todo.

La respuesta cristiana a la crisis

Esta es la respuesta que ahora más que nunca hemos de buscar. El Señor nos la da: es el amor. Es la respuesta a todo agravio, porque solo esta alimentará este fuego que quieren apagar. El amor es el combustible inextinguible que debe arder en esta crisis. ¿Cómo?

¿Cómo hacer que esta llama de amor sea la respuesta a los agravios que venimos sufriendo? ¿Cómo responder cristianamente a esta crisis? ¿Qué haría Jesús? Cuando fue niño sus padres tuvieron que huir a Egipto para salvarlo de los enemigos que querían aniquilarlo.

Cuando fue mayor huyó de quienes querían hacerlo Rey y también de quienes querían desbarrancarlo. Pero cuando llegó el momento, cuando llegó la hora de entregar Su Vida, no tuvo ningún reparo en hacerlo.

Que se haga la Voluntad de Dios

Esto quiere decir que tenemos que saber ponernos a buen recaudo en aquellos momentos en los que es posible que no sea la Voluntad de Dios que entreguemos nuestras vidas. ¿Cómo sabremos cuando será el momento? Cuando llegue nuestra hora de cumplir Su Voluntad entregando nuestras vidas, Él nos lo hará saber.

En cualquier caso, hemos de estar dispuestos siempre. Mientras tanto vivamos como Cristo, haciendo el bien. Es solo así que daremos testimonio de Él y que toda nuestra vida tendrá sentido, siendo su epílogo la inexorable muerte, que llegará en el momento preciso.

¿Cómo responder con amor las hostilidades de esta “pandemia”? Ocupándonos amorosamente de quienes tenemos a nuestro lado. Eso en primer lugar. Dando prioridad a las obras de caridad. Es ahora cuando más nos necesitan nuestros hermanos.

Denunciar una situación que ofende y agrede

Pero ¿cómo evitar denunciar la mentira y el engaño? ¿Cómo no denunciar a aquel cuyo proceder profundiza el daño? ¿Cómo no desacatar lo que sabemos que no es correcto? ¿Cómo no defendernos de quien busca nuestra perdición y la de nuestros hermanos?

No siempre podemos desoír o actuar con indiferencia. Mucho menos cuando está amenazada la integridad física, moral o espiritual de nuestros hermanos. No se trata solo de salvarnos, sino de evitar el daño a otros.

¿Cómo hacerlo sin enfrentarnos? ¿Sin denunciar? Es en este contexto que se publica la Encíclica Fratelli Tutti. ¿Cuál es su significado? ¿Cómo ayuda a responder las dificultades que afrontamos? ¿Cuál es el propósito de esta encíclica?

Oración:

Padre Bueno, te pedimos que nos permitas entender que es a Tu Voluntad a la que debemos ajustarnos, porque Tú sabes mejor nosotros lo que nos conviene, lo que está bien, lo que nos permitirá dar los frutos esperados en esta vida, que servirán como cimiente de la Eterna. Te lo pedimos por Jesucristo nuestro Señor, que contigo vive y reina, en unidad del Espíritu Santo, por los siglos de los siglos…Amén.

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